El indulto a los golpistas es otro golpe de Estado
La información que hoy publica OKDIARIO revela con toda su crudeza el pacto ignominioso que el Gobierno socialcomunista y los golpistas catalanes sellaron hace tiempo: desde hace meses, la Policía tiene orden de controlar y sofocar a los CDR para ir preparando los indultos. En suma, el Ministerio del Interior, consciente de que las violentas guerrillas urbanas del separatismo no aceptarían el apaño entre Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, ordenó desactivar o neutralizar a los Comités de Defensa de la República, los mismos que ahora se están movilizando en las redes sociales y llamando al «conflicto armado» para lograr por la violencia la independencia de Cataluña. La Policía también se ha incautado de documentos de los CDR que prueban la reactivación de un golpe separatista.
Lo que pretende Pedro Sánchez, no nos engañemos, no deja de ser un golpe institucional -sin consecuencias penales, claro está-, porque plegarse a las exigencias de quienes se levantaron contra la Constitución para asegurarse el poder representa un desafío en toda regla al orden constitucional y al ordenamiento jurídico. Un golpe a la democracia de una gravedad sin precedentes, porque el perdón del Gobierno a los golpistas no implica la renuncia del independentismo a seguir violentando la ley. Es más, -la respuesta de los CDR así lo demuestra- implica que el separatismo va a utilizar el indulto para rearmarse en su objetivo de subvertir la ley.
El relato de Sánchez para justificar los indultos está inflado de retórica hueca -humanidad, reconciliación-, pero lo cierto es que el brazo armado del separatismo no está para juegos florales y se muestra dispuesto a incendiar las calles de Cataluña, tras acusar a Oriol Junqueras y ERC de rendirse al Estado. En este clima, Sánchez pretende convencer a los españoles de que hay que ser magnánimos y otorgarles el perdón a quienes subvirtieron el orden constitucional. Con la amenaza del separatismo más violento de lograr la independencia por la fuerza, el presidente del Gobierno insiste en que hay que ser generosos y pasar página.
El problema para Sánchez es que los españoles tienen claro que el indulto es el precio que el jefe del Ejecutivo tiene que pagar, a costa de la dignidad de España y de los españoles, para seguir instalado en el poder. Es tan obsceno, tan chusco y tan ignominioso que lo único que va a conseguir es que millones de españoles visualicen con toda nitidez que estamos ante un truhan, un mercenario. Y que el independentismo radical vuelva a incendiar las calles. Por mucho que Marlaska lleve meses preparando el día después. Y es que, bien mirado, el indulto a los golpistas no deja ser otro golpe de Estado.
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