Opinión

La ignorancia de Irene Montero es tan grande como su soberbia

Irene Montero parece no entender lo que es la Administración Pública y ha rechazado entregar al Congreso de los Diputados el currículum que justificaría la contratación como jefa de Gabinete adjunta de la imputada María Teresa Arévalo, quien, según denunció la ex responsable de Cumplimiento Normativo de Podemos Mónica Carmona, ejerce como niñera de su hija pequeña.

Ante las preguntas del PP: («¿Cuál es la experiencia laboral y política y la formación académica de María Teresa Arévalo? ¿Por qué se consideró idónea para desempeñar su labor? ¿Cuáles son las funciones concretas que desempeña?»), Montero se remite a la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, que «determina que el personal eventual realiza funciones expresamente calificadas como de confianza o asesoramiento especial, y su nombramiento y cese son libres». Vamos a ver, alma cándida, que la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público determine que las funciones del personal eventual sean de asesoramiento especial o de confianza no significa, en ningún caso, que alguien que cobra un sueldo público no esté sujeto a las normas que fija la Ley del Estatuto Básico del Empleado, que en ningún caso permite -faltaría más- que una jefa de Gabinete adjunta pueda dedicarse al cuidado de los hijos de la ministra en lugar de a las labores inherentes al cargo que ocupa. Es de cajón.

Dice Irene Montero que como el nombramiento de Teresa Arévalo es libre para el desempeño de una función de confianza, no tiene que aportar su currículum. Otra exhibición portentosa de ignorancia, porque el Estatuto Básico del Empleado obliga al cumplimiento de los principios de igualdad, mérito y capacidad. El primero, el de igualdad, no significa que la ministra de Igualdad pueda hacer lo que le venga en gana, y los de mérito y capacidad significan que el nombramiento de un cargo en la Administración pública tiene que estar sujeto a unos mínimos niveles de cualificación profesional, entre los que no se incluye el saber cuidar a los hijos de la ministra. O sea, que Irene Montero, además de dar muestras de un desahogo propio de una soberbia con ínfulas, se retrata como una ignorante en toda regla.