Hay que reformular los Mossos
Ha llegado el momento de reformular los Mossos d’Esquadra. La actuación de este cuerpo policial a lo largo del golpe de Estado independentista debe servir para actualizar su situación. A tenor del comportamiento que han exhibido durante los últimos meses, no se puede permitir que sigan siendo un cuerpo incomprensiblemente privilegiado, con salarios que duplican a los de la Policía y la Benemérita. Más si cabe cuando casi 4.000 de los 8.000 mossos mostraron una alarmante pasividad durante el referéndum ilegal del 1 de octubre. Una de las fechas clave para cumplir con el mandato legal de la Constitución ante la amenaza golpista y que, sin embargo, estuvo protagonizado por la inacción de la mitad de los agentes destinados a hacer valer la legalidad vigente, según las pesquisas de las divisiones de información de los propios Mossos —ahora bajo el control del Ministerio del Interior— del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil.
A pesar de que dicho referéndum estaba prohibido por el Tribunal Constitucional (TC) y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), se abrieron los colegios, aparecieron las urnas y, en general, se permitió un espectáculo dantesco de caos e ilegalidad debido a la laxitud de la policía autonómica comandada por el mayor depuesto Josep Lluís Trapero. El esperpento de esta jornada recorrió el mundo para escarnio y descrédito de nuestra imagen internacional. Algo que no sólo supone un menoscabo político e institucional sino que, además, incide negativamente a la hora de que los inversores apuesten por España como lugar donde asentar sus negocios. La justicia, por tanto, debe depurar todas las responsabilidades tanto de esa jornada como de los días previos. Los Mossos también permitieron con su inacción el asedio a la sede de la Consejería de Economía durante la noche del 20 de septiembre.
Un comportamiento permitido y alentado por Trapero, pero donde participaron muchos más agentes. Esa laxitud a la hora de intervenir fue en contra de nuestra Carta Magna y puso en grave riesgo a los efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, abandonados ante los insultos, golpes y provocaciones de una turba de independentistas radicales. La crisis en Cataluña, por tanto, debe suponer un antes y un después para la unificación de todos los cuerpos bajo un mismo mando. Unificación de criterios, unificación legal y unificación en cuanto a condiciones laborales, ya que se da la paradoja de que los efectivos que peores condiciones tienen han sido los únicos que han dado la talla. Mientras la mitad de los mossos destinados a esas jornadas miraban hacia otro lado hasta llegar a la connivencia con los sediciosos, Guardia Civil y Policía Nacional han mostrado, una vez más, su inquebrantable compromiso tanto con España como con sus ciudadanos. Eso jamás debería caer en saco roto.
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