El Gobierno que no honra a los muertos sólo merece desprecio
Un Gobierno que no es capaz de rendir homenaje a los muertos no merece respeto, porque quien se niega a honrar la memoria de sus víctimas se llena de deshonra. Es lo que le ocurre al Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez, insensible al sufrimiento de las familias de decenas de miles de fallecidos. Suele el jefe del Ejecutivo comparar la pandemia de coronavirus con una guerra. Pues bien, no hay nación que no guarde tributo a sus caídos, porque no sólo es una señal de respeto, sino de dignidad. Las razones porque las que el Ejecutivo se resiste a decretar luto oficial en España por los muertos del coronavirus son inexplicables, salvo que el Gobierno entienda que el duelo es una muestra de reconocimiento de culpa. Se equivocaría si así fuera, porque una cosa es la probada incompetencia en la gestión de la tragedia y otra, bien distinta, perder la poca dignidad que le queda por cálculos de rentabilidad política.
Es, simplemente, nauseabundo que el Gobierno haya optado por el olvido, como si hubiera que pasar de puntillas por encima de millares de vidas. Resulta inexplicable que Pedro Sánchez decretara luto oficial por el fallecimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba y no lo haga en las actuales circunstancias. El pasado 10 de mayo de 2019 el Gobierno publicó un Real Decreto tras hacerse oficial la defunción del histórico dirigente del PSOE, que establecía un luto oficial en todo el Estado durante 28 horas. Se publicó en el BOE al día siguiente y durante su duración, la bandera nacional ondeó a media asta en «todos los edificios públicos y buques de la Armada». ¿Cómo es posible que ahora, con casi veinte mil muertos reconocidos de manera oficial, el socialcomunismo no encuentre motivos para rendir tributo a las víctimas?
El alcalde socialista de Villarreal, José Benlloch, afirmó recientemente ante el Pleno municipal que el PSOE había enviado una circular para que los pueblos gobernados por el socialismo «no mostrasen duelo en estos momentos», porque eso sería «una rendición». El argumento es de una abyección moral insoportable.
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