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Un fondo soberano desnudo

Hans Christian Andersen publicó en el año 1837 en la ciudad danesa de Copenhague el relato El traje nuevo del emperador inspirado en una fábula medieval española de El Conde Lucanor, se trata de un cuento que nos sirve para enmarcar el anuncio pomposo de un innovador fondo soberano español que, buscando los titulares bajo alabanzas oficiales y promesas grandiosas, si lo analizamos en detalle, resulta ser algo más discreto en la realidad que lo anunciado ante los medios de comunicación.

El llamado Fondo Soberano España Crece, se ha anunciado como una nueva y pretenciosa herramienta de geoeconomía, como un mecanismo de soft power que ha sido anunciado por el presidente del Gobierno durante el XVI Foro Internacional Spain Investors Day con la asistencia de grandes compañías y fondos internacionales. Pero lo anunciado, realmente no es un fondo soberano. 

Se trata de una operación de marketing administrativo que va a contar con un capital inicial de 10.500 millones de euros de fondos públicos para prolongar las inversiones más allá del año 2026, fecha de caducidad de los fondos europeos Next Generation EU de los que se nutre.

Parece que se nos olvidan los 65.000 millones de euros en préstamos europeos a tipos de interés muy competitivos a los que ha renunciado este mismo gobierno, y que podrían haber servido en parte, para mitigar el desgaste de nuestras infraestructuras críticas, en materia de transporte de energía y ferroviario, a la vista de los dramáticos acontecimientos que estamos viviendo en la actualidad.

Un fondo soberano real es un vehículo de inversión propiedad del Estado que gestiona activos financieros a largo plazo, normalmente con origen en los excedentes o en la riqueza propia de sus recursos naturales. Surge de los superávits presupuestarios estructurales o de los ingresos por los recursos naturales como el petróleo el gas, las reservas de divisas, ingresos de los que carece nuestro país.

Los modelos de referencia clásicos son el Government Pension Fund Global de Noruega y el fondo de Abu Dabi, ambos se nutren de ingresos procedentes de sus reservas de petróleo, y a los que pude conocer profesionalmente en directo cuando les vendíamos los bonos de la Comunidad de Madrid en mi etapa de CFO durante el periodo 2011 a 2015, así como el fondo soberano de Singapur o el de China basado en tanto en sus reservas como en los amplios superávits comerciales.

El propósito principal de los fondos soberanos de verdad, es ahorrar pensando en las generaciones futuras, estabilizando la economía, diversificando los ingresos y generando rentabilidad a largo plazo mediante inversiones globales en acciones de cotizadas, bonos soberanos o de empresas sólidas, incluso adquiriendo inmuebles trofeo

Su gestión se caracteriza por un enfoque de rentabilidad financiera y una gestión independiente del ciclo político, con mandatos claros de lograr la rentabilidad y gestionar con transparencia, y no ser utilizado como una herramienta de política industrial o de intervención pública en sectores que es lo anunciado en España.

El Fondo España Crece es de otra naturaleza, se trata de un fondo de dinero público con un capital inicial de 10.500 millones de euros proveniente de los remanentes no ejecutados, que gestionaría la agencia financiera del Estado, ICO. Según lo anunciado ante los inversores, aspiraría a movilizar hasta 120.000 millones de euros de capital privado, un increíblemente optimista multiplicador superior a 10. 

El ICO gestionaría los fondos públicos como préstamos, avales o instrumentos de capital, priorizando nueve sectores para mejorar la productividad de nuestra economía: vivienda, energía, digitalización, Inteligencia Artificial, la reindustrialización, la economía circular, las infraestructuras, el agua y el saneamiento o la seguridad, para reforzar también la autonomía económica de España en un contexto geoeconómico inestable y cambiante como el actual.

Un modelo típico de un banco de inversión pública, un fondo de coinversión o un brazo ejecutor de la política industrial. Similar al UK Infrastructure Bank o a las herramientas ya existentes como SEPI, ICO o COFIDES y muy diferentes de un fondo soberano clásico.

Lo anunciado por el Gobierno es, en resumen, un nuevo fondo público, que se concibe como un mecanismo de ingeniería financiera para «reciclar» el dinero europeo y evitar tener que devolverlo reconociendo en público la incapacidad administrativa y política de cumplir con los plazos de ejecución establecidos por la UE.

Aunque España no ha contado nunca con un «fondo soberano» tradicional similar a los citados, es cierto que en el pasado existieron algunas iniciativas similares como el Fondo de Reserva de la Seguridad Social o las inversiones estatales a través de COFIDES. 

Desde una perspectiva de la geoeconomía, el Fondo España Crece emergería como una herramienta para reducir las vulnerabilidades de nuestro país en la cadena de suministro global, especialmente en sectores como la energía renovable y la tecnología, donde nuestra dependencia de las importaciones procedentes de China o Rusia son un riesgo latente cierto.

Al priorizar determinados sectores estratégicos, se podría anticipar a las tensiones comerciales, como los aranceles sobre los vehículos eléctricos chinos, fomentando la soberanía tecnológica y reduciendo la brecha con Alemania o Francia dentro de la Unión Europea. Uno de los modelos de referencia es el fondo soberano irlandés (ISIF), creado en el año 2014 con los excedentes fiscales para inversiones postcrisis. Un fondo que sirvió de modelo para manejar los fondos de recuperación sin incrementar la deuda pública, algo con sentido si nos fijamos en la actual ratio de nuestra deuda con respecto al PIB. 

Otro de los modelos a seguir, sería el fondo soberano francés BPI france, que desde el año 2013 ha invertido en startups para contrarrestar la supremacía asiática en el campo de la Inteligencia Artificial, sugiriendo que España busca un papel similar en la bioeconomía y en la vivienda sostenible.

Desde el punto de vista de la geoeconomía del comportamiento, el anuncio del Fondo España Crece aprovecha los sesgos cognitivos como el «efecto anclaje», donde la dotación inicial de 10.500 millones de euros pretende anclar las expectativas de los posibles inversores privados, incentivándolos a contribuir para alcanzar los 120.000 millones proyectados teniendo en cuenta que el ICO probablemente se ofrecerá a cubrir las pérdidas de los inversores hasta ciertos límites.

Este incentivo del Gobierno español pretende reducir la aversión al riesgo al presentar el fondo como un legado de los fondos europeos, evocando un sesgo de status quo que favorece la continuidad de las reformas en lugar de un retorno a políticas previas a la pandemia y este fondo podría enmarcar las inversiones como unas «oportunidades seguras» para el capital privado.

En términos de la economía del comportamiento, el Fondo España Crece abordaría el sesgo de confirmación en los mercados, donde los inversores tienden a moderar el impacto de los riesgos geopolíticos si el gobierno proporciona unas garantías implícitas a través de capital público a quienes inviertan en sectores estratégicos. Genera una «confusión intencionada» al usar el término «soberano» para dar una imagen de potencia inversora, cuando en realidad es una prolongación de los fondos europeos bajo el control nacional.

Un antecedente relevante es el fondo soberano de Nueva Zelanda (NZ Super Fund), que desde el año 2001 incorpora determinados principios conductuales para alinear las inversiones con valores éticos, minimizando las reacciones emocionales a las posibles pérdidas económicas a corto plazo.

El anuncio realizado en un foro de inversores, utiliza el efecto priming para preparar a los operadores clave para ver a nuestro país como un destino atractivo. Al vincularse con los fondos europeos, se aprovecha el «sesgo de autoridad» de la Unión Europea, haciendo que las decisiones parezcan más legítimas y menos arriesgadas. Un paralelismo con antecedentes es el fondo de Abu Dabi (ADIA), que desde el año 1976 ha usado marcos conductuales para diversificar sus inversiones lejos del petróleo, influenciando los comportamientos de los inversores globales.

En resumen, aunque el Gobierno lo ha querido anunciar como un novedoso «fondo soberano» y lo ha presentado como un ejercicio de la «soberanía nacional», no cumple con ninguna de las características clave de los fondos soberanos reales, ya que en estos el capital procede del excedente propio para crear un ahorro intergeneracional con inversiones globales diversificadas y tiene la rentabilidad financiera como objetivo básico. 

Sin embargo, la realidad es que nos encontramos ante un instrumento de inversión pública tradicional financiado con recursos europeos temporales procedentes de los Fondos Next Gen sin aplicar y orientado a la política industrial interna. Seguramente de haberse anunciado con una mayor sinceridad no habría sido titular de los medios de comunicación ni de la atención inicial de los inversores. Ahora toca esperar a los detalles que es donde habita el diablo administrativo.

Nuda veritas

José Luis Moreno, economista ha sido director de Economía en la Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento de Madrid. Analista económico y empresarial.