La falacia del gobierno de coalición
Hace unos días, Alberto Núñez Feijóo se desmarcaba de la dirección de su partido para abogar porque “el PSOE y el PP hablen para parar el acuerdo o preacuerdo con Podemos” y se cree un “gobierno a través de un pacto de partidos constitucionalistas”. Llama la atención la candidez del planteamiento del presidente de la Xunta al definir, con esa simpleza, el marco real y verdadero alcance del proyecto que está cuajando entre socialistas y comunistas, auspiciado por el independentismo. Si Feijóo tuviese el talento artístico de Poussin, Rubens o Picasso, se animaría a dibujar su particular versión de El rapto de las sabinas, representando a Sánchez en brazos de Rómulo-Iglesias mientras los sabinos -Lamban, Page, Díaz y Fernández Vara- se afanan por evitar el ultraje. Enternecedor.
El presidente del Partido Popular gallego tiene la suficiente experiencia política como para comprender que Sánchez es indivisible del propio Sánchez y que su proyecto personal se ha construido en tierra común del republicanismo federal, el neocomunismo y el independentismo. Es un error garrafal dibujar a Sánchez como un accidente de sí mismo o como una víctima de las circunstancias. No es posible plantear un pacto constitucional con alguien que se ha situado intencionadamente al margen de los consensos democráticos. El problema de España hace tiempo que se llama Pedro Sánchez.
Tampoco estuvo del todo atinado José María Aznar al plantear un pacto PP-PSOE sin Pedro Sánchez, como si aún existiese un Partido Socialista Obrero Español al margen del sanchismo o como algo más que una mera franquicia del socialismo catalán. No me imagino a Pedro Sánchez, como hiciera Adolfo Suárez en su discurso de dimisión, asegurando que ha llegado “al convencimiento de que, hoy y en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la presidencia del Gobierno”. No comparten ni la estatura política, ni la misma idea de España.
El gobierno que se nos viene encima no es una ocurrencia coyuntural, se trata del fruto de alianzas estratégicas tejidas durante décadas y detonadas por la ambición de Pedro Sánchez. El Partido Popular deberá encabezar con rotundidad la alternativa a ese gobierno suicida y guerracivilista. La moderación como coartada ha quedado obsoleta, sobrepasada por la realidad.
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