El empleo es el combustible de la locomotora española
El día en el que el Fondo Monetario Internacional (FMI) vuelve a revisar al alza su previsión de crecimiento para España, las estadísticas del Ministerio de Empleo certifican que la reforma laboral impulsada por Fátima Báñez es uno de los principales activos de nuestra expansión. Si un empleo de calidad pondera la prosperidad de cualquier país desarrollado, los contratos indefinidos crecieron un 14% en nuestro país durante el pasado mes de septiembre. En total, 152.496 más que en el mismo periodo del año pasado. Es tan sólo la realidad parcial de un contexto abrumador, ya que el 75% de los trabajadores en España cuenta ya con un contrato indefinido. Las claves son una mayor flexibilidad del mercado y los incentivos para los empresarios. Dos medidas que han contribuido de un modo decisivo a que la institución dirigida por Christine Lagarde —y muchas más, tanto públicas como privadas— nos otorgue un crecimiento superior al 3,1% de cara a 2016.
Otro espaldarazo más a la gestión económica y financiera que durante los dos últimos años de legislatura desarrolló el Gobierno del Partido Popular. Medidas que han situado a España como la locomotora económica de la Unión Europea tras casi una década de crisis. La eficacia del trabajo de Fátima Báñez y su equipo se demuestra en que España comenzó a crear puestos de trabajo tan sólo un trimestre después de que repuntara el Producto Interior Bruto. Por tener una referencia histórica, durante la grave crisis de 1993 el sistema no creó empleo hasta seis meses después de que cambiara el ciclo económico. Un éxito de la titular de Empleo, quien heredó un mercado laboral en ruinas y lo ha transformado en un ámbito imparable. No obstante, el éxito es un estado pasajero que sólo se mantiene con perseverancia y mucho trabajo.
Al tiempo que el FMI respalda la evolución del país, alerta también de la ralentización que podríamos sufrir de cara a 2017. En ese periodo, España pasaría de un holgado 3% al escaso 2,2%. Por ello, lo más conveniente sería que aquéllos que han propiciado el avance fueran también los continuadores de unas reformas estructurales que resultan insoslayables. España tiene dos asignaturas pendientes con estrecha relación entre ellas: de un lado, el déficit público; del otro, el paro estructural. En ambos casos, perseverar en las reformas acometidas durante estos últimos cuatro años son la mejor receta para seguir mejorando las cifras y, sobre todo, la vida de los ciudadanos.
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