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El día que Argentina volvió del abismo: el riesgo país se rinde ante el ‘milagro Milei’

Desde que Javier Milei asumió la presidencia de Argentina el 10 de diciembre de 2023, el país ha experimentado una transformación económica notable, reflejada en la drástica reducción del riesgo país. Este indicador, medido por el índice EMBI de JPMorgan, que representa el sobrecosto de financiamiento externo en comparación con los bonos del Tesoro estadounidense, ha caído de manera sostenida, alcanzando hoy los 514 puntos básicos, su nivel más bajo en casi ocho años. Esta evolución no solo marca un hito en la confianza internacional hacia Argentina, sino que valida las políticas implementadas, inspiradas en los preceptos de la Escuela Austríaca de Economía.

Al inicio del mandato de Milei, el riesgo país se situaba en torno a los 1.900-2.000 puntos básicos, un reflejo de la inestabilidad heredada: inflación galopante superior al 140% anual, déficits fiscales crónicos y una deuda externa insostenible. En los primeros meses de 2024, el indicador comenzó a descender gracias a medidas inmediatas de ajuste fiscal.

Para mediados de 2024, ya había bajado a unos 1.400 puntos, impulsado por el superávit fiscal primario logrado en el primer trimestre, algo inédito en décadas. A lo largo de 2025, la tendencia se aceleró: en enero de ese año rondaba los 1.000 puntos, y para diciembre se acercaba a los 600. Hoy, en enero de 2026, la caída a 514 puntos representa una reducción de más de 1.400 puntos desde la asunción, según datos del mercado financiero.

La Argentina de Milei

Esta trayectoria descendente no es fortuita, sino el resultado de acciones políticas alineadas con la Escuela Austríaca de Economía, defendida por pensadores como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek. Esta corriente enfatiza la importancia de la libertad económica, la reducción del intervencionismo estatal y el respeto a las leyes del mercado para fomentar el ahorro, la inversión y el crecimiento sostenible. Milei, un declarado seguidor de esta escuela, implementó reformas que encarnan estos principios.

En primer lugar, la austeridad fiscal: el gobierno eliminó subsidios ineficientes y recortó el gasto público, logrando superávits mensuales. Según la Escuela Austríaca, el déficit estatal genera inflación al monetizarse la deuda, distorsionando los precios y erosionando la confianza. Al priorizar el equilibrio presupuestario, Argentina evitó el «ciclo de auge y caída» descrito por Hayek, donde el intervencionismo provoca burbujas insostenibles.

Segundo, la desregulación masiva a través de decretos y leyes como la Ley Ómnibus liberó mercados laborales, comerciales y financieros. La Escuela Austríaca argumenta que las regulaciones estatales obstaculizan el emprendimiento y la asignación eficiente de recursos. Al remover barreras, se incentivó la inversión extranjera, elevando la demanda de bonos argentinos y bajando el riesgo país.

Tercero, la lucha contra la inflación mediante una política monetaria restrictiva, inspirada en la crítica austriaca al dinero fiat y al banco central como generador de ciclos económicos. Aunque no se completó la dolarización, la estabilización del peso y la acumulación de reservas internacionales (superando los 30.000 millones de dólares) restauraron la credibilidad, alineándose con la defensa misesiana del dinero sano.

Estos logros, pese a los costos sociales iniciales, demuestran que la adhesión a principios austriacos (libertad individual, propiedad privada y no intervención) puede rescatar economías en crisis. Con el riesgo país en 514 puntos, Argentina se acerca a niveles de inversión grado, abriendo puertas a financiamiento más barato y crecimiento. Es un llamado a perseverar en esta senda liberal para un futuro próspero.

Alejandro Nimo, consejero y cónsul General de Argentina ante España.