Destruyendo la democracia
Tal vez porque la sucesión de mangancias es vertiginosa, no se ha hablado lo suficiente de la decisión de la Mesa del Congreso de los Diputados de prohibir la votación de la moción de Junts para instar al presidente del Gobierno a convocar elecciones generales de manera inmediata. La Mesa de la Cámara Baja, en manos de quienes perdieron las elecciones de 2023, se negó de manera dictatorial a dar vía libre a una iniciativa parlamentaria que hubiera retratado a Pedro Sánchez por la sencilla razón de que 178 diputados (PP, Vox, Junts y UPN) habrían votado «sí».
Es decir, que la Mesa del Congreso controlada por los perdedores del 23-J impidió que quien ganó de calle las generales, es decir, el PP, sus socios y los catalanes pudieran sacarle los colores al marido de la tetraprocesada porque se habrían anotado tres diputados más del umbral de la mayoría absoluta. La excusa de malos pagadores del autócrata y sus socios comunistas, independentistas y etarras es que la prerrogativa de la convocatoria reside única exclusivamente en el presidente del Gobierno, artículo 115 de la Constitución, circunstancia que nadie discute y que, por supuesto, no se ponía en entredicho en la moción. Hasta ahí podíamos llegar. Cree el ladrón que todos son de su condición. Aquí el único que incumple despóticamente la ley de leyes es él haciendo buena la advertencia del padre del liberalismo, John Locke: «La tiranía es el ejercicio del poder más allá del Derecho».
No, señores mentirosos socialcomunistas, se trataba simple y llanamente de someter a votación una moción que expresa lisa y llanamente el sentir mayoritario de los ciudadanos españoles. Siete de cada 10 piden elecciones, tal y como atestiguan todas las encuestas, por la parálisis de un Gobierno que lleva tres ejercicios sin Presupuestos y por la sucesión de escándalos nivel dios que asolan a Pedro Sánchez, que tiene imputados, procesados, condenados —Koldo y Ábalos ya lo están en la sentencia que se conocerá la semana venidera— o encarcelados a su mujer, a su hermano, a Zapatero y a media cúpula del PSOE.
Lo que perpetró la Mesa del Congreso no sólo fue un atentado contra la libertad de expresión y el ejercicio de los derechos parlamentarios sino algo cualitativa y cuantitativamente más grave: el cierre del Parlamento. La misma asquerosa jugarreta, por cierto, que consumó Fujimori cuando protagonizó su autogolpe en 1992, idéntica a la de Maduro en 2017 cuando disolvió la Asamblea Nacional y creó una nueva y algo parecido a las costumbres de Putin y Erdogan, que tienen las cámaras como meras figuras decorativas.
Lo que perpetró la Mesa de Consejo fue algo más grave cualitativa y cuantitativamente: el cierre del Parlamento
Pedro Sánchez ya es un veterano experto en eso de chapar cámaras legislativas. Les recuerdo que en la pandemia también echó el candado al Parlamento, algo por cierto que no se atrevió a hacer Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial cuando la Luftwaffe regaba de bombas Londres a diario. Más que nada, porque al británico más grande de todos los tiempos sus propios diputados conservadores lo habrían corrido a gorrazos con una moción de censura que hubiera dado con sus huesos en Chartwell, su casa de campo al sureste de Londres, o en Blenheim, el esplendoroso palacio familiar donde nació. En Reino Unido no se andan con bromas con la democracia más antigua y sólida del planeta. Nuestro autócrata es como Churchill pero al revés: también declaró dos estados de alarma posteriormente declarados ilegales por el Tribunal Constitucional.
Lo que aconteció el martes en la Carrera de San Jerónimo pasará a los anales de la ignominia democrática. Sólo los autócratas con ínfulas de dictador puro y duro son capaces de hacer cosas así. A Meloni, a Starmer o a Merz jamás se les ocurriría cercenar por sus santos bemoles el bendito ejercicio de control al Gobierno sin el cual, por cierto, la democracia es una filfa o mero papel mojado. Sin cambios en el poder, controles y contrapesos un régimen de libertades es física y metafísicamente imposible. Le llamen como le llamen: a la Alemania del Este le llamaban República Democrática Alemana y era una satrapía al servicio de la URSS que asesinaba disidentes como el que liquida moscas.
Pedro Sánchez está descojonando nuestra democracia hasta niveles similares a los que nos llevaron a la tragedia hace 90 años. Les recuerdo que lleva tres años vulnerando una obligatoriedad constitucional: la de presentar Presupuestos. Las cuentas públicas son el instrumento esencial de la función de gobierno, sin ellos la parálisis está servida. El yerno del proxeneta Sabiniano Gómez no los presentó en 2023, 2024 y 2025 y lo mismo sucederá este ejercicio. Conclusión: se habrá pasado toda una legislatura sin ellos. Este dato serviría por sí solo a cualquier constitucionalista para dictaminar que en España vivimos en cualquier cosa pero no en una democracia plena. Esto es una democracia vigilada o recortada camino de algo muchísimo peor.
Les recuerdo que Sánchez lleva tres años vulnerando una obligatoriedad constitucional: la de presentar Presupuestos
Olaf Scholz tuvo que irse a elecciones, que por cierto, perdió, al no poder aprobar los Presupuestos con sus socios liberales. Entre medias convocó una cuestión de confianza en la que también sufrió un rotundo varapalo. Consecuencia: cogió los bártulos rumbo a su casa, nadie protestó y Alemania continuó funcionando como el envidiable país que es. Allí nadie pone en cuestión esa alternancia consustancial a cualquier democracia.
No quedan ahí las salvajadas absolutistas de nuestro todavía primer ministro. En ocho años en Moncloa sólo ha convocado un Debate sobre el Estado de la Nación, costumbre no contemplada en nuestra Carta Magna que, sin embargo, todos los mandatarios habían respetado escrupulosamente salvo contiendas electorales. La instauró Felipe González al estilo del Debate sobre el Estado de la Unión estadounidense y todos la cumplieron. Pedro Sánchez sólo ha permitido celebrar uno: el de 2022. Que es un peligrosísimo embustero lo certifica más allá de toda duda razonable el hecho de que hace dos años presentó el Plan de Acción por la Democracia en el que se comprometía a que hubiera uno por año. La trola número 50.000 del personaje.
No quedan ahí los ejemplos que permiten inferir que este pollo nos lleva a Venezuela con escala previa en México, Rusia o Turquía. Su esbirra Francina Armengol mantiene paralizadas 45 proposiciones de ley remitidas por el Senado en lo que llevamos de legislatura. No ha permitido que se tramiten por el artículo 33 de sus santos ovarios. La consecuencia es tan obvia como alarmante: la Cámara Alta sólo está para que sus 266 miembros cobren un sueldo y se beneficien de las correspondientes prebendas. Moraleja: a efectos prácticos el pájaro también ha clausurado el Senado.
Tampoco es ni medio normal que tengas a tu mujer procesada por cuatro gravísimos delitos, con el pasaporte retirado, y continúes ahí en el machito como si tal cosa. ¿Se imaginan el cristo que se organizaría en los Estados Unidos si Melania no pudiera viajar por el mundo con Donald Trump porque un juez le ha prohibido salir del país porque es una presunta delincuente y hay riesgo de fuga? ¿O en Francia si viviera un trance similar Brigitte Macron?
Tampoco es ni medio normal que tengas a tu mujer procesada por cuatro delitos, con el pasaporte retirado, y continúes en el machito como si tal cosa
Igualmente anormal resulta que no permita a los españoles emitir su veredicto en las urnas cuando sus dos lugartenientes en el partido (Ábalos y Cerdán) están o han pasado por Soto del Real y cuando ha quedado demostrado fehacientemente que organizó un Watergate para asesinar civilmente a quienes investigan su elefantiásico latrocinio.
Y que nadie se llame a engaño ni se confíe: no estamos en el principio del final de la voladura de la democracia sino en el final del principio. Sánchez necesita tiempo para consumar una estrategia que le permita perpetuarse en el poder. Otra incomparable golfada es esa tan legal como ilegítima Ley de Memoria Democrática de 2022 que está permitiendo nacionalizar y otorgar el derecho a voto a los presuntos hijos y nietos del exilio. Ya tienen pasaporte español, y por consiguiente sufragio activo, 550.000 extranjeros que pueden gozar de un rol decisivo en las próximas generales alterando el lógico curso de la historia. Lo cierto y verdad es que al universo electoral, al censo, ya no lo reconoce ni la madre que lo parió. Y menos que lo va a reconocer.
El drama en términos de usos y costumbres democráticas va más allá porque los partidos de la oposición y los medios libres ponen el grito en el cielo pero bastante menos de lo que sería necesario. Al punto que muchas prácticas ilegales se han sucedido en tantas ocasiones que cualquiera diría que son ya legales al más puro estilo de ese Joseph Goebbels que aconsejaba repetir mil veces una mentira para que se convirtiera en dogma de fe. Una diabólica política de hechos consumados que hace que seamos menos libres que hace ocho años. Los venezolanos del exilio residentes en Madrid nos lo llevan avisando demasiado tiempo a sus amigos españoles cuando contemplan cómo se las gasta el sanchismo: “Bienvenidos al pasado”. Paremos a Maduro bis antes de que Maduro bis pare definitivamente el motor de la democracia.