Broncano & Motos, lucha a muerte
La batalla televisiva del curso tiene su aquel. No se trata ni siquiera quién de ambos televisivos tiene más dígitos, porque en el fondo tiene su vertiente política innegable. Veamos. Pablo Motos y su Hormiguero viene marcando tendencia catódica, irresistible desde un canal privado (Antena3TV), con posiciones críticas por evidentes ante las derivas sanchistas que no resisten una pasada por la inteligencia y por la decencia.
Moncloa nunca ha ocultado su ira contra el comunicador de Atresmedia; fiel a su estilo, el poder constituido en torno a Pedro Sánchez decidió hace meses que el conductor reconvertido en aprendiz de sátrapa un comunicador de televisión no le iba a hacer jirones.
Como no puede mandar a las brigadas del amanecer el camino más corto para tratar de laminar a Motos es utilizar el dinero público (gran morterada de millones) para desde la televisión teóricamente de todos (¡qué verguenza ética!) montar una trinchera paralela para restar audiencia y si se pudiera prestigio al imbatible líder de El Hormiguero.
No es la primera vez que el leviatán sanchista hace lo propio. Está rodeado de matones políticos ya desde los tiempos de Iván Redondo y Miguel Ángel Oliver; ahora la teórica víctima de la crítica al jefe del Gobierno tiene que ser el rubicundo dirigente de la dupla hormiguera.
Antes, digo, ya se intentaron operaciones similares, con José Miguel Contreras y Miguel Barroso al fondo, y el fracaso fue estrepitoso, eso sí, dejando millones del contribuyente en el basurero. Tengo para mí que el tan Broncano («Cuántas veces follas». «Cuánto dinero tienes en la cuenta corriente») se va a pegar una oblea xacobea de dimensiones cósmicas. La gente en España, en su gran mayoría, distingue el grano de la paja y en este asunto está claro en qué estante se sitúa Broncano y percibe con nitidez cuál es el sitial de Motos.
Los 30 kilos de dinero depositados por el contribuyente no están para aventuras equinocciales de Sánchez ni sus deudos en forma de cuates. Si fracasara el intento de poner sordina a Pablo no sólo habría que denunciarlo en los medios, sino que habría que ir directamente a los tribunales.
Corrupción no es sólo la utilización por parte de Begoña de los medios de la Universidad Complutenses; malversar también es corrupción y de las gordas.
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