Cuando la democracia necesita traidores, en España o Venezuela
Están la izquierda y gran parte de la derecha española inquietas por el futuro de la democracia en Venezuela. Quienes nunca quisieron acabar con Nicolás Maduro (algunos incluso se enriquecieron con él) y los que, queriendo, nunca pudieron hacerlo, exigen ahora elecciones inmediatas a Trump, el único que ha sido capaz de quitárselo de en medio a los venezolanos.
No sorprende en la izquierda. Es pura hipocresía. Exige a EEUU que respete la soberanía popular cuando hace sólo año y medio calló ante el robo de las elecciones por el régimen chavista, que ministros del Gobierno de España celebraron. Valientes demócratas ante Trump, cómplices sin vergüenza de Maduro. Ni caso.
Peor es lo de esa derecha española que parece desconocer cómo se puede acometer una transición de la dictadura a la democracia con garantías de éxito y sin enfrentamiento civil por medio. Un proceso más complejo que el de extraer al dictador y poner en su lugar a la líder de la oposición descolgada en paracaídas. Sin más, de un día para otro.
España no fue a las urnas al día siguiente de la muerte de Francisco Franco. Tardamos más de año y medio en votar de verdad por primera vez en cuarenta años. Primero hubo que desmontar el régimen.
Nuestra transición a la democracia, bajo tutela de EEUU también, fue un éxito porque el Ejército de Franco obedeció a un Rey, avalado por el dictador, que acabó traicionando los principios del régimen que había jurado respetar. Juan Carlos I pilotó el tránsito de «la ley a la ley» junto a otro jerarca del franquismo, también traidor, que pactó con el líder de la oposición comunista en el exilio engañando a las Fuerzas Armadas y que a su vez, por cierto, también tuvo que traicionar sus líneas rojas republicanas.
Trump ha prometido un cambio político real en Venezuela sin ocupación militar. Habrá que juzgarle en un tiempo prudencial. Sus antecesores anunciaron lo mismo en Irak o Afganistán desplegando botas sobre el terreno y sabemos cómo acabó. EEUU ha demostrado no ser muy eficaz promoviendo cambios de régimen. Sin embargo, tiene éxitos brillantes también: MacArthur ejerció durante casi seis años como virrey de Japón y logró transformar una monarquía medieval en una democracia próspera sin necesidad de decapitar al emperador.
Delcy Rodríguez tiene un mandato claro de Trump si no quiere acabar como Maduro. En su voluntad y desempeño está ahora ser Arias Navarro o Adolfo Suárez. De la misma forma que Gorbachov, último dictador de la URSS, cuando llegó la hora de la verdad, eligió no ser Breznev y se abstuvo de sacar los tanques para someter las protestas que terminaron poniendo fin a 70 años de comunismo soviético.
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