¡Claro que importan los currículum!
Con este tema de los currículum se ha abierto un melón que interesaba calar más a los crédulos ciudadanos que a los falsarios políticos; pero éstos, una vez abierto, se han lanzado como posesos a utilizarlo contra los contrarios en un indecente ejercicio de cinismo. A ese ejercicio de indulgente tolerancia propia e intransigente culpabilización ajena es a lo que nos tienen acostumbrados, lo que ocurre es que con la dimisión, voluntaria o impuesta, de Noelia Núñez se ha marcado un camino que en el PSOE no les apetece transitar.
Muchos medios, y entre otros este periódico, han hecho oportuna referencia a todos aquellos que se pusieron estupendos a la hora de reflejar formación y experiencia en sus currículos. Y para contrarrestar esa exposición, los creadores de contenido del sociopopulismo progre han prescrito a sus terminales el mensaje de restar importancia a las titulaciones, incluso a la experiencia de gestión, sabiendo que la mayoría de sus votantes se van a conformar con que sus políticos aparenten ser de extracción popular y tengan la sensibilidad de izquierdas.
Pero deberíamos desenmascarar esa patraña y afear enérgicamente la mayor y la menor. En primer lugar, porque la elaboración de esos currículos falsos refleja de partida un déficit ético: son mentiras que nada tienen de piadosas y que las colocan con la única intención de beneficiarse a sí mismos.
Pero hay algo peor, y es que contribuyen a ocultar la triste realidad de nuestra clase política: que está insuficientemente formada y tiene importantes carencias intelectuales y escasa experiencia práctica.
Hay que hablar claro: Noelia, por su edad y por su experiencia y méritos, no debería haber sido diputada, al menos, no todavía. Y ese error no es solo suyo, sino de quien la puso en unas listas cerradas que los votantes no pueden expurgar. ¿Qué sirve para impulsar su carrera política? Eso no es excusa, aquí hay que llegar ya impulsado; no se debe olvidar que la política debiera ejercerse en beneficio de los ciudadanos y no de los propios políticos.
Pero lo de la diputada pepera es un síntoma leve de una enfermedad que provoca un cuadro clínico mucho más grave. Da alipori repasar la plantilla de ministros y altos cargos que ha producido el sanchismo; hay que pellizcarse para creerse quienes se han sentado en el Consejo de ministros. Claro que la nómina de dudosos se inicia con el propio presidente Sánchez que empezó a regir nuestro destino aportando una muy limitada formación, una nula experiencia de gestión y, eso sí, un inflamado y populista discurso de regeneración que nos vuelve a colocar cada vez que le salta un escándalo.
En definitiva, que un altísimo porcentaje de los políticos y de los cargos públicos no tienen currículum para hacer lo que se supone que deberían hacer. Quizá ese es el peaje que tenemos que pagar en los regímenes democráticos: lo bueno que tiene la política, respecto a que está abierta a todos, es también lo malo, y cualquiera puede acercarse a ejercerla sin preparación técnica, sin principios éticos y sin espíritu de servicio.
Obviamente que esta inadecuación la pagamos todos, a la corta y a la larga. Primero con una gestión defectuosa por parte de quien no está preparado para hacerla mejor; solamente de las personas inteligentes y formadas puedes esperar actuaciones inteligentes y apropiadas. Y después con la aparición de las prácticas corruptas por parte de muchos que devuelven el favor a quien les ha colocado donde no merecen.
Así que por supuesto que es importante el currículum (habilidades, capacitación técnica y experiencia), como lo son los principios y el afán de servicio público. Y si no les requerimos ese mínimo, al menos habrá que exigirles que traigan satisfechas sus aspiraciones económicas. Los americanos decían que no se debería elegir a alguien que no haya demostrado antes su valía haciéndose millonario. Nosotros, que no somos calvinistas, no tenemos que aspirar a tanto, pero no deberíamos consentir que quienes llegan a la política sin tener un duro salgan de ella forradísimos. ¡Y sin dejar la superioridad moral!
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