Opinión

Carta al presidente Quim Torra

Señor presidente: le escribo estas letras a propuesta de este diario. Lo cierto es que no se me habría ocurrido hacerlo, pero me ha parecido una buena propuesta.

Ha llegado usted para desbloquear la situación tan lamentable que llevaba cinco meses en una escalada de sinsentido. Y como demócrata, le felicito por semejante tarea y responsabilidad. No debe ser fácil asumir semejantes riesgos estando el panorama como está. Ahora que cualquier cuestión se tergiversa, se exagera, se distorsiona y por cualquier motivo –o sin él- pueden destrozarle la vida a uno y a quienes le quieren. Ya simplemente por el hecho de haber asumido este riesgo, le doy mi enhorabuena.

Soy también consciente de que en su discurso asumió muchos compromisos. Del mismo modo sé que los asume con auténtica convicción y que no son palabras efímeras. Del mismo modo, desde la CUP, ERC, ANC, Omium, JuntsxCAT, y sobre todo el pueblo, se encargarán de mirar uno a uno los pasos que el gobierno que dirigirá irá dando. Y eso, sinceramente, también me tranquiliza. Porque una república se construye desde todos los prismas, desde todas las instancias y desde todas las ideologías democráticas. De lo contrario, no sería una república.

Su discurso, tanto el del sábado como el posterior del lunes a mí, personalmente, me gustó. Por las propuestas rotundas para poner la política al servicio de la ciudadanía, por su deseo de crear un lugar mejor para que todas las personas que allí habitan puedan desarrollar sus vidas disfrutando de derechos, libertades, prosperidad y garantías sociales. Su compromiso para retomar aquellas leyes, que fueron aprobadas por el Parlamento soberano, y tumbadas después de manera inaudita por el Tribunal Constitucional, me inspiran confianza.

Sin embargo, Señor Torra, también es honesto por mi parte decirle que tendré que confiar en sus hechos y en el cumplimiento de sus compromisos. Tiene ahí usted un acto que podríamos considerar casi de fe. De confianza, puesto que cuenta con buenas referencias dadas por aquellos que le conocen, que han trabajado con usted y que desde el ámbito personal me confirman que se trata de un buen hombre.

Deseo que el tiempo demuestre que usted ha hecho un ejercicio literario que le ha dado un susto, que le ha jugado una mala pasada por parte de quienes no son capaces de ver más allá del odio y que se dejan manipular. Y que todo quede ahí. Sus disculpas ya lo evidencian y nos pueden servir de pista.

No me he sentido ofendida como española, también lo digo porque es cierto. He entendido al leer el artículo que tanto gritó Arrimadas, que usted trataba de hacer una caricatura de un determinado tipo de persona, siguiendo la inspiración de ese libro que usted mismo citaba al comienzo de la pieza (y que Arrimadas omitió), y efectivamente, si yo hubiera estado en ese avión que usted describe, me habría dado vergüenza contemplar que alguien se ofendiera por escuchar el catalán. Ahora bien: también comprendo que algunos no sean capaces de comprender que cuando una actitud así nos parece bestial, sin más, en realidad lo que defendemos es una actitud cívica y de respeto, mucho más profunda. Y que por eso nos parecen bestias las actitudes que atentan contra idiomas, culturas, nacionalidades y sentimientos. Sí, entiendo que los bestias son ellos. Pero resulta que tienen la capacidad de darle la vuelta para que los bestias seamos nosotros, los que señalamos a Jiménez Losantos, por ejemplo. No deseo que persigan a Losantos, como no deseo que encarcelen a Valtonyc ni a nadie por expresar sus opiniones. Pensar es libre, equivocarse también. Lo que nos afectan son los hechos y ahí es donde se demostrará todo.

Yo misma a veces he sido excesivamente irónica y, en algún que otro caso, he descubierto que no se entendió nada más allá que la literalidad, poniéndome en un verdadero apuro.

Tiene usted la oportunidad de demostrar ahora con hechos, a través de las políticas que defienda, si aquello era una licencia literaria para poner de manifiesto la falta de sensibilidad de un determinado tipo de personas, que nada tienen que ver conmigo –dicho sea de paso-, y que estaremos de acuerdo en que en algún punto se le escapó algún que otro matiz. Porque no somos los españoles los que robamos, sino los que nos roban también a nosotros, son los que nos gobiernan. Una sutil diferencia la de equiparar al pueblo con quienes dicen representarnos, que en definitiva, viene a ser lo mismo que usted, Señor Torra, y yo, como republicanos, queremos combatir: la falta de libertades, de democracia y de justicia independiente que tienen la misma raíz, esto es: un régimen que no terminó.

El el propio M.Rajoy, hoy presidente de España, escribió hace algunos años, textos que garantizaban la superioridad genética de unas clases sociales respecto a otras. De su puño y letra. Tuvo la oportunidad de demostrar con hechos que en su caso era también una licencia literaria, que era una ironía. Pero con sus políticas lo ha dejado claro: esas que permiten tener a más de 3 millones de niños bajo el umbral de la pobreza; a los pensionistas desolados; a los jóvenes sin futuro. Y, en definitiva, a un país desinformado, empobrecido y aniquilado por el odio. Sin embargo esos artículos, junto con los datos reales fruto de su responsabilidad, no llegarán a Juncker de la mano de Arrimadas.

Tiene usted espejos en los que asomarse. Está a tiempo de demostrar que será usted quien defienda la universalización de la sanidad pública, al contrario que hicieron los de Ciudadanos (eso sin duda, es racismo y clasismo) La renta básica para todos, la libertad de expresión y en definitiva, los valores republicanos.