El Ayuntamiento de Córdoba (PP y Cs) se rinde ante el feminismo radical
Lo malo del feminismo radical es que atrae a los pusilánimes: el Ayuntamiento de Córdoba (PP y Cs) se ha visto obligado a retirar una campaña publicitaria contra la violencia de género, más propia del populismo de izquierdas, en la que en un cartel que aparenta ser dibujado por un niño se muestra un brazo en alto y un ojo llorando con el lema «De mayor no quiero ser como mi papá». Según el Ayuntamiento, la campaña se ha retirado porque «no se transmitió bien la idea». Más bien, el Ayuntamiento ha dado marcha atrás porque lo que se transmitía era un mensaje absurdo en el que se criminalizaba la figura paterna, más en la onda de ese feminismo sectario que dibuja al hombre como un maltratador en potencia.
El problema, más allá de la torpeza del cartel, es que el virus del feminismo radical parece haber inoculado en formaciones como PP y Cs, incapaces de defender una vía alternativa contra la violencia de género distinta a la de los mantra de una izquierda que maneja los zafios estereotipos del feminismo más desnortado. Que PP y Cs caigan en la trampa merece una reflexión, porque, visto lo visto, parecen haber sucumbido a la ideología de género. Bien está que el Ayuntamiento de Córdoba haya pedido disculpas a «todas las personas que se han sentido ofendidas», pero la cuestión de fondo es saber cómo es posible que el consistorio diera el visto bueno a una campaña como esa.
Si la izquierda más sectaria y demagógica logra imponer su código de valores estamos perdidos. Hacen falta principios y convicciones para desmontar la zafia estrategia del feminismo radical para plantarle cara sin miedo. La violencia de género es una lacra social que hay que exterminar, pero sin caer en los mantras de quienes pretenden trasladar la lucha de clases marxista a la lucha de género. PP y Cs deberían escribir mil veces: «De mayor, no quiero ser como el feminismo radical».
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