Apuntes de campaña (I)
Imposible abarcar la actualidad, pero van estos apuntes, a modo de crónica con ilustraciones, para ir glosando lo que está ocurriendo desde que se convocaron las elecciones.
I.- Están muy ofendiditos en los terminales del régimen por los temores que expresó Díaz Ayuso, y que otros muchos comparten, de que se organice un fraude alrededor del voto por correo. Empecemos por decir que en ese proceso ya se han constatado previamente irregularidades graves y consecuentes; sin ir más lejos, la admisión como sistema de identificación (desde 2023) del carné de conducir en el móvil, sin el código QR que genera la aplicación miDGT para permitir a los agentes validar su autenticidad.
En cualquier caso, nadie debiera ser tan incrédulo respecto de las trapacerías que pueden llegar a hacer en este Gobierno si se tiene en cuenta solamente las que ya han hecho; y, a la vez, sí dar un poco más de crédito a quienes las predicen, porque normalmente han ido acertando. Como ejemplo, amigo Lucas, reconocer que Ayuso incluso se quedó corta cuando habló de la persecución política de la que estaba siendo objeto, y se la crucificó mediáticamente por ello, cuando al final por ese motivo el Tribunal Supremo condenó al fiscal general de Estado.
Pero estos poetas de la progresía con finísima epidermis, que terminan siendo víctimas de esa superioridad moral que no les permite un pensamiento tan sucio como dudar de la limpieza en la gestión del voto por correo, dudo que se jugaran su vida y su hacienda, o siquiera el bigote como hizo aquel hombre del tiempo, a que el procedimiento de ese voto postal es infalible e inviolable. Porque el problema no es que ese sistema sea garantista y suficientemente seguro; el problema es que, si no lo fuera y tuviera alguna rendija, Sánchez, que ha evidenciado no tener límites para comportamientos ilegales y mucho menos amorales, sin duda colaría el fraude por esa rendija.
II.- Por el mismo lado, a los que dicen que lo del temor al voto por correo es una exageración que daña indeleblemente a nuestra democracia, no les parece que lo sea culpar a Urbagestión, y ya puestos al PP y a Vox, de la muerte de Maricarmen; y tampoco llamar asesinos a los propietarios de la empresa, y, por la misma derivada, a Ayuso y a Almeida. No se trata de buscar quién es el culpable del fallecimiento de una anciana enferma, pero, si nos ponemos a jugar al Cluedo con el lamentable deceso, las pistas conducirían a quienes la han utilizado y a quienes con sus interesados consejos la condujeron a un encastillamiento irresponsable y muy poco realista. Han hecho de todo para alimentar la polémica y nada para arreglarla; y al que más le ha aprovechado esa polémica, Maricarmen le nombró cuando la desahuciaron y le escribió una carta hace meses pidiéndole ayuda. Y, por cierto, ese ni trabaja ni duerme en la Puerta del Sol.
III.- Pero igual que en el PP no tienen que arredrarse por lo de Maricarmen, tampoco tienen que hacerlo con la huelga general. Hacen bien en decir que es política, algo que siempre son las huelgas generales, pero también harían bien en reconocer que las empobrecedoras políticas del Gobierno merecen una enérgica protesta. Harían bien, entonces, en añadirse a la misma, presentarse en la convocatoria y colgarse de la pancarta. Los organizadores, en ese jocoso supuesto, deberían estar encantados de que se unan a ellos para protestar contra las políticas económicas y de vivienda del Gobierno. En otro caso, estarían reconociendo que es una inadmisible huelga política para que la gente no vote a la oposición y que es una huelga preventiva por si esa oposición llega al poder; y todo eso en la precampaña de las elecciones, en un momento en el que ya están puestas las urnas. Es decir, estos paradigmáticos demócratas reconocerían que le dan más importancia a la manifestación que a las elecciones, y que prefieren ir a la huelga que ir a votar.
IV.- Y si para empezar hablábamos de lo que el Gobierno se atrevería a hacer con el voto postal si tiene la más mínima oportunidad, terminamos refiriendo lo que el PSOE ya se atrevió a hacer para intentar que Pedro Sánchez, y su entorno personal y familiar, no respondieran política y penalmente por los casos de corrupción que han protagonizado. No sabemos si da más miedo pensar en lo que hicieron con la juez Biedma (y que agrava lo que ya habían hecho con el coronel Balas o con los fiscales anticorrupción utilizando los brazos armados de los propios responsables de la Fiscalía y de la Guardia Civil) o constatar que no se dice ni una palabra desde Moncloa o desde el partido. ¡Qui tacet consentire videtur!
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