Los 27 pisos del bachiller Iceta, devenido en multimillonario
El nuevo magnate del ladrillo hispano, multimillonario descubierto en su nocturnidad y conocido como un tal Iceta, también apodado como el bailongo del Llobregat, es otro que las pía respecto a la igualdad y el reparto de la riqueza desde que su esbelto corpachón cabía en un vaquero para jovenzuelos.
Cuando se echa un vistazo a sus peroratas de socialista avaro, colindante entre Pablo Iglesias (el bueno) y Lluis Companys, y se comparan con sus hechos, es fácil colegir que se trata de un truhán, más que abreva a dos carrillos de la política y que fuera de dicha actividad, no tendría donde caerse muerto.
Ahora es, nada más y nada menos, para un sujeto que sólo puede presentar credenciales de bachillerato, embajador de España ante la Unesco (la ONU que entiende del patrimonio histórico y la cultura en el mundo) y antes fue ministro de Cultura (sic) y Deporte (todavía más sic), además de protegido de Sánchez.
Como buen socialista (o lo que realmente sea), por un lado, camina el discurso oficial respecto a los pobres, que lo son gracias a la avaricia de los ricos; por otro, tendrá que explicar de dónde presume para tanto patrimonio como destaca. Diez millones de euros, por lo bajo, no es una cantidad de la que pueda presumir un 90 por ciento de los españoles, incluyendo a aquellos contribuyentes que tienen carreras universitarias, negocios y que saben hacer algo. Como buen socialista, huye ante las preguntas de la prensa que le urgen a dar una explicación. Huye como el rabo entre las piernas, se mete en su coche oficial que pagan los españoles y, ¡hala!, a descarrilarse de risa de los contribuyentes.
Luego están sus enjuagues como el gran Koldo y el todavía más grande Ábalos. Su marido, dicen que piloto de aviación profesional, encontró trabajo en la famosa Plus Ultra tras las gestiones pertinentes del indómito Koldo, quien ahora ha decidido poner contra la pared a su antiguo coleguita.
Si Zapatero tuvo en el hipercorruto Raúl Morodo en la embajada de Caracas, no se conoce si gratis o por cuenta de otros; su poncio para la vergüenza, Pedro Sánchez, ha encontrado en el bailaor inmarcesible a su hombre en París.
Y ahí siguen los dos. En otro país, un poco más serio, estarían ambos mondando castañas en la puñetera rúa. Porque esto es, sinceramente, para bajarte la bragueta y volverla a subir sin más.
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