Residuos de petróleo

Bautizan como ‘petroplástico’ una nueva fuente de contaminación que viaja 8.000 kilómetros por el mar

Un organización descubre la conexión entre un vertido brasileño de 2019 y la basura aparecida en Florida

El estudio revela cómo los plásticos transportan contaminación petrolera durante 240 días de deriva

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

En mayo de 2020, una llamativa cantidad de botellas de plástico y vidrio comenzó a llegar a Palm Beach con un aspecto inquietante y nada atractivo al estar todas ellas recubiertas por una película negra y aceitosa que las envolvía casi por completo.

Se trataba de residuos de petróleo adheridos a estos desechos que despertaron la curiosidad del grupo Friends of Palm Beach, una organización que durante años había limpiado estas costas sin ver nada igual. Sin derrames reportados en la zona, las etiquetas en portugués, español e inglés de aquellas botellas sugerían un origen lejano que nadie imaginaba hasta dónde llegaría.

Durante cuatro meses, el misterio se hizo más inquietante. Los voluntarios recogían trozos de caucho impregnados en crudo, contenedores cubiertos de residuos negros y fragmentos plásticos que parecían contar una historia oceánica imposible.

El grupo decidió compartir sus hallazgos en redes sociales, un gesto casual que terminaría desencadenando una investigación científica nunca vista antes. Las interacciones revelaron que existía una conexión transoceánica que desafiaba lo que se conocía hasta entonces sobre la contaminación marina.

Un viaje de 8.500 kilómetros

Bryan James, investigador de la Universidad de Northeastern, vio aquellas publicaciones y reconoció inmediatamente las similitudes con otro caso que había estudiado: el derrame de petróleo que afectó las costas brasileñas en 2019. Junto con Christopher Reddy, oceanógrafo químico del prestigioso Woods Hole Oceanographic Institution, plantearon una hipótesis que parecía audaz: esos residuos de petróleo habían cruzado todo el Atlántico montados sobre desechos flotantes.

El petróleo normalmente no sobrevive más de 300 kilómetros en el océano. La luz solar y los microbios lo degradan rápidamente, convirtiéndolo en compuestos menos dañinos que se disuelven en el agua.

Pero cuando estos residuos se adhieren a superficies protectoras como botellas cerradas, vidrio o grandes bloques de caucho, la historia cambia radicalmente. El crudo encuentra un refugio que le permite esquivar los procesos naturales de descomposición.

Residuos de petróleo en un trozo de plástico. (Foto: Diane Buhler, Amigos de Palm Beach).

Ciencia forense oceánica

Los investigadores desplegaron un arsenal tecnológico para rastrear el origen de aquella contaminación. Primero utilizaron modelos de corrientes oceánicas que trazaron el recorrido de las botellas hacia atrás en el tiempo, identificando posibles puntos de partida en el Golfo de México, América Central y Brasil.

Los cálculos revelaron que los residuos de petróleo podrían haber derivado durante aproximadamente 240 días, un período perfectamente compatible con el tiempo transcurrido entre el derrame brasileño de 2019 y la llegada a Florida.

Pero la prueba definitiva llegó con el análisis químico. Las huellas dactilares moleculares de los residuos de petróleo extraídos de las botellas de Florida coincidían exactamente con las muestras recogidas durante el derrame de Brasil. Algunos presentaban incluso evidencias de refinado, confirmando que no se trataba de simple crudo natural, sino de productos petroleros procesados.

El viaje del «petroplástico»: un recorrido de 8.500 kilómetros. (Fuente: Environmental Science & Technology).

El fenómeno del petroplástico

El estudio, publicado en Environmental Science & Technology por investigadores de la Institución Oceanográfica Woods Hole ( WHOI) y la Universidad Northeastern, en colaboración con científicos comunitarios de Friends of Palm Beachintroduce, introduejron un concepto inquietante: el petroplástico.

El trabajo describe el petroplástico como una forma de contaminación híbrida donde los residuos de petróleo y la basura plástica se combinan para crear un problema ambiental multiplicado. «Este trabajo demuestra un efecto contaminante aditivo», explica Reddy, subrayando que la contaminación plástica no sólo daña por sí misma, sino que alimenta el alcance y la persistencia de otros contaminantes.

La red de corrientes oceánicas se convierte así en una autopista transnacional para la contaminación de petroplástico. Lo que entra al agua en las costas de Brasil no se queda allí: puede reaparecer meses después en Florida, disfrazado de basura ordinaria de playa. Los modelos computacionales sugieren que estos residuos de petróleo también deberían haber llegado a otros países caribeños, aunque hasta ahora no hay registros confirmados.

Vigilancia sin fronteras

La investigación sobre este nuevo fenómeno de contaminación de  petroplástico comenzó gracias a la dedicación de un grupo comunitario que durante años había documentado meticulosamente los desechos que llegaban a sus playas. «Sin el conocimiento a largo plazo de Friends of Palm Beach sobre los residuos marinos locales, este descubrimiento seguiría perdido en el mar», reconoce James, el autor principal del estudio.

El hallazgo obliga a replantear cómo se monitorean los derrames petroleros. Ya no basta con vigilar las costas donde ocurre inicialmente la contaminación: los residuos de petróleo pueden aparecer a miles de kilómetros de distancia, meses después, transportados por la creciente masa de plásticos que contamina los océanos. El problema es global, y las soluciones también deben serlo.