Alimentos y nutrición

La era del hambre oculta: la razón por la que los alimentos ya no nos nutren igual que antes

Hoy producimos más alimentos por hectárea que nunca

Todavía existen en el mundo 673 millones de personas que pasan hambre

Una dieta variada puede compensar la pérdida de calidad nutricional de los alimentos

En las últimas décadas, el campo ha experimentado una transformación sin precedentes que ha llevado la producción agrícola a una nueva dimensión. Gracias a la selección genética de especies, a los avances tecnológicos y a las nuevas técnicas de cultivo, hoy producimos más alimentos por hectárea que en ningún otro momento de la historia.

A pesar de este hecho innegable, en 2024, último año del que se tienen datos completos, todavía pasaban hambre en el mundo unos 673 millones de personas, según Naciones Unidas. La buena noticia es que se percibe una clara mejora de la situación desde el pico histórico registrado en el año 2009, cuando existían más de 1.000 millones de hambrientos a nivel global.

Sin embargo, el hambre continúa aumentando en zonas concretas de África y Asia Occidental, sobre todo en los países afectados por crisis alimentarias prolongadas. «La proporción de la población que se enfrenta al hambre en África superó el 20% en 2024 —afectando a 307 millones de personas—, mientras que en Asia occidental se estima que el 12,7% de la población —más de 39 millones de personas— habría sufrido hambre en 2024», lamenta la ONU.

Hambre oculta

Menos visible que este gran problema del hambre mundial es otro desafío que afecta tanto a los países empobrecidos como a los más desarrollados: la conocida como hambre oculta. Este término se utiliza para describir una alimentación suficiente en calorías, pero pobre en calidad nutricional.

Se produce cuando la dieta es desequilibrada o cuando los alimentos que consumimos contienen cantidades insuficientes de micronutrientes esenciales —como vitaminas y minerales— necesarios para el correcto funcionamiento del organismo.

El resultado es una carencia que no siempre se manifiesta en forma de desnutrición evidente, pero que puede tener consecuencias profundas y duraderas sobre la salud, el desarrollo cognitivo y la resistencia a las enfermedades.

Pérdida de calidad nutricional

Uno de los estudios clásicos más citados en relación con esta pérdida de calidad nutricional de los alimentos es el realizado en el año 2004 por los investigadores estadounidenses Donald Davis, Melvin Epp y Hugh Riordan y publicado en el Journal of the American College of Nutrition.

En este trabajo se compararon los datos de composición de 43 cultivos hortícolas de los EEUU entre 1950 y 1999, utilizando tablas oficiales del Departamento de Agricultura. Los resultados mostraron descensos significativos en nutrientes como los siguientes:

Rendimientos sin calidad

Además de ese estudio de largo alcance, espacios especializados como Wikifarmer —plataforma de divulgación agrícola basada en conocimiento científico y experiencia de campo— explican cómo esta tendencia encaja en un fenómeno bien observado en agronomía: a medida que los rendimientos suben, la concentración de vitaminas y minerales tiende a bajar.

Es como si estos micronutrientes se distribuyeran por una mayor biomasa total de cultivo, un proceso que la literatura científica denomina efecto de dilución de nutrientes. En términos simples: cuando se producen más toneladas por hectárea, esos mismos micronutrientes quedan más repartidos por kilo de producto y su concentración relativa baja.

Selección genética

Esta relación inversa entre rendimientos agrícolas y densidad de micronutrientes se ha comprobado en multitud de ocasiones. Una de las principales causas es la selección genética de especies enfocada a aumentar el rendimiento, el tamaño y la velocidad de crecimiento de los cultivos.

«Quizás la evidencia más clara del equilibrio entre rendimiento y nutrientes proviene de los cereales básicos, como el trigo. Durante la Revolución Verde de la década de 1960, los agricultores introdujeron variedades de trigo semienanas que produjeron rendimientos de grano drásticamente mayores», detallan en Wikifarmer.

Minerales esenciales

Como contrapartida, «el grano de trigo desde la década de 1960 en adelante muestra niveles decrecientes de minerales esenciales como zinc, hierro, cobre, magnesio y calcio», recalca el portal especializado.

De hecho, «las cepas de trigo de mayor rendimiento tienen consistentemente las concentraciones más bajas de minerales y proteínas en el grano: un ejemplo clásico del efecto de dilución», añade la misma fuente.

Todo ello no significa que debamos alarmarnos. Wikifarmer deja claro que este efecto de dilución de nutrientes no es tan grave como para entrar en pánico o idealizar tiempos pasados. Pero sí que debe servirnos para tomar conciencia del problema y actuar en consecuencia.

Medidas

Entre estas primeras medidas, destaca la necesidad de repensar cómo producimos los alimentos. Avanzar hacia sistemas agrícolas más diversos y menos dependientes del monocultivo —con rotaciones, suelos vivos y una gestión más equilibrada de nutrientes— puede contribuir a mejorar la calidad nutricional de los cultivos.

No se trata de producir menos, sino de producir mejor, incorporando criterios de calidad nutricional junto al rendimiento. En este sentido, la agricultura local, regenerativa, ecológica y bien gestionada puede desempeñar un papel clave, al priorizar suelos sanos y variedades adaptadas frente a una lógica puramente productivista.

Dieta variada

Desde el punto de vista de la dieta, la evidencia científica apunta a una idea sencilla pero poderosa: cuanto más variada sea nuestra alimentación en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y semillas, menor será el riesgo de carencias específicas de micronutrientes.

En definitiva, priorizar alimentos frescos y de temporada, reducir la dependencia de productos ultraprocesados y recuperar una relación más consciente con lo que comemos son acciones que no resolverán por sí solas todos los problemas, pero sí pueden ayudarnos a nutrirnos mejor en un contexto en el que la abundancia ya no garantiza calidad.