Peste porcina

Buitres y cazadores: los mejores aliados para frenar la expansión de la peste porcina africana

España alberga el 90% de los buitres europeos que eliminan cadáveres de caza en menos de 24 horas

Un estudio científico revela cómo esta colaboración reduce el riesgo de expansión del virus

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

La colaboración entre cazadores españoles y los buitres presentes en su territorio supone una ventaja estratégica única en Europa contra la peste porcina africana (PPA).

España alberga cerca del 90% de todos los buitres del continente, y su papel como eliminadores naturales de cadáveres, junto con la correcta gestión de los subproductos de caza por parte de los cazadores, convierte al país en un territorio mejor preparado frente a esta grave amenaza sanitaria que afecta tanto a la fauna silvestre como a la ganadería porcina.

Artículo científico

Así lo demuestra el artículo científico Cómo mejorar la gestión de subproductos cinegéticos a través de las aves carroñeras, publicado por las investigadoras de Fundación Artemisan Inmaculada Navarro y Raquel Castillo en la revista Animals.

La ubicación estratégica de cadáveres en hábitats abiertos y de mayor altitud por parte de los cazadores hace que los buitres los eliminen con mayor rapidez, evitando así el consumo por parte de otras especies como el jabalí, principal especie silvestre susceptible y fuente de infección.

Urgencia tras el rebrote

Desde la detección de la peste porcina africana en Cataluña el pasado mes de noviembre, tras su erradicación en 1994, la ubicación de restos de cadáveres para su correcta y rápida eliminación se ha vuelto aún más importante para contener su expansión.

Esta acción se suma a las labores de vigilancia y control de poblaciones que ya vienen ejerciendo los cazadores en todo el territorio nacional, intensificando así las medidas preventivas ante la amenaza de esta enfermedad devastadora.

El trabajo, enmarcado en el proyecto Caza en la Ecología de Aves Carroñeras (CEAC), impulsado por Fundación Artemisan y Fundación Bergara, demuestra que factores como la densidad de vegetación y la altitud influyen de forma decisiva en la capacidad de los buitres para localizar y consumir cadáveres de ungulados silvestres. Esta evidencia científica resulta clave para reducir los riesgos sanitarios asociados a la permanencia prolongada de restos animales en el campo.

Metodología exhaustiva

El estudio se basa en el análisis de 67.510 fotografías obtenidas mediante cámaras trampa durante 30 días en ocho localizaciones diferentes, realizando tres réplicas en cada una.

Los investigadores documentaron el consumo de cadáveres por parte de dos especies de carroñeros obligados (buitre leonado y buitre negro) y cuatro carroñeros facultativos (cuervo, jabalí, zorro y perro), especies todas ellas presentes en los ecosistemas españoles donde operan habitualmente los cazadores.

Más rápidos que los jabalíes

Los jabalíes fueron detectados en el 75% de las localizaciones analizadas. Mientras que los buitres eliminaron completamente 13 cadáveres con un tiempo medio de permanencia en campo de sólo 24 horas, los jabalíes consumieron completamente cinco cadáveres, pero con un tiempo medio de más de seis días.

Esta diferencia temporal resulta crítica para prevenir la propagación de la peste porcina africana, ya que cuanto más tiempo permanece un cadáver en el campo, mayor es el riesgo de transmisión del virus.

El factor geográfico

En zonas abiertas y de mayor altitud, los buitres llegan antes y eliminan los cadáveres con mayor rapidez. En estos hábitats, los cadáveres permanecieron en el campo una media de 51 horas, frente a las 132 horas registradas en hábitats densos donde la llegada de los buitres se retrasa significativamente.

Esta diferencia demuestra la importancia de que los cazadores seleccionen adecuadamente las ubicaciones donde depositan los subproductos de caza, maximizando así la eficacia de estas aves carroñeras.

La correcta gestión por parte de los cazadores españoles implica no sólo elegir espacios abiertos y elevados, sino también conocer los patrones de comportamiento de estas aves rapaces. Los buitres leonados y negros detectan las carroñas principalmente mediante la vista desde grandes alturas, por lo que los espacios despejados facilitan enormemente su labor como eliminadores naturales de cadáveres que podrían convertirse en focos de infección.

Ventaja estratégica

La alianza entre la labor consciente de los cazadores a la hora de elegir espacios en los que depositar los restos de caza y la presencia de la mayor población de buitres de Europa convierte a España en un país mejor preparado para afrontar la amenaza de la peste porcina africana.

Esta ventaja resulta especialmente relevante en comparación con otros países europeos con altas densidades de jabalí, pero sin el apoyo de estas aves carroñeras como aliadas naturales en la gestión del ecosistema.

Los cazadores españoles, mediante su conocimiento del territorio y su colaboración activa en la vigilancia sanitaria, se han convertido en actores fundamentales de esta estrategia de contención. Su papel no se limita a la deposición estratégica de cadáveres, sino que incluye la detección temprana de animales enfermos, la comunicación con las autoridades sanitarias y el control de las poblaciones de jabalíes, principales vectores de transmisión de la enfermedad en el medio natural.

Salud integral

La gestión integrada del ecosistema que realizan cazadores y buitres de forma coordinada beneficia no sólo la salud ambiental, sino también la salud animal y humana, según afirman desde Fundación Artemisan.

Para la entidad, esta colaboración natural representa un ejemplo de cómo el conocimiento tradicional de los cazadores, respaldado por evidencia científica rigurosa, puede contribuir decisivamente a enfrentar desafíos sanitarios modernos en un contexto de creciente preocupación por las enfermedades zoonóticas y su devastador impacto económico en sectores como la ganadería porcina española.