Solo quienes nacieron antes de 1989 recordarán estos 5 sabores de helado y la psicología explica por qué
Durante los años 80 y 90 los carteles de helados de Frigo, Camy, Miko o Avidesa eran los protagonistas del verano
La psicología lleva años estudiando cómo determinados aromas y sabores están conectados con la memoria emocional
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Llega el verano y los supermercados cambian parte de sus estantes por uno de los productos más deseados cuando suben las temperaturas: los helados. Ese alimento que apetece después de comer, para merendar o incluso de postre en la cena, se ha convertido en uno de los grandes símbolos de esta época del año, especialmente durante la infancia.
Cuando echamos la vista atrás y tratamos de imaginarnos pasando un verano de hace décadas, probablemente una de las primeras imágenes que aparezcan en nuestra mente sea la de un ‘flash’ frío o ese helado que tanto refrescaba en las tardes de calor. Sin embargo, si hay algo capaz de transportarnos todavía más lejos es recordar directamente su sabor o incluso su olor.
La psicología lleva años estudiando cómo determinados aromas y sabores están conectados con la memoria emocional. De hecho, oler o probar algo parecido a lo que consumíamos de niños puede hacer que nuestro cerebro nos devuelva instantáneamente a momentos muy concretos: la casa de los abuelos, las vacaciones o esas tardes eternas en las que lo único importante era evitar que el helado se derritiese antes de terminarlo.
Los helados que desaparecieron para siempre
Durante los años 80 y 90 los carteles de helados de Frigo, Camy, Miko o Avidesa eran los protagonistas del verano. Muchos de aquellos productos desaparecieron con el tiempo, pero siguen muy presentes en la memoria de quienes crecieron en aquella época.
Entre los más recordados estaba el Twister Choc, que prometía un efecto de remolino desmontable; o el mítico Frigodedo, compañero inseparable del Frigopie y famoso por su forma de mano señalando.

También triunfó el Winner Taco, un pequeño taco helado con caramelo y cobertura de chocolate con cacahuete que se adelantó años a la popularidad d la comida mexicana en España. En el terreno futbolero destacó el Camygol, una bola helada inspirada en el fútbol que muchos recuerdan por el riesgo constante de quedarse pegado al hielo.
Las marcas Miko y Camy dominaron buena parte de la infancia de los 90 con productos como el Mikoboy, el Mikopete o el Mikobruja, famosos por incluir chicles o premios en el palo. El Mikito, con formato parecido a un tubo de pasta de dientes, era tan divertido como difícil de comer.
Otros clásicos inolvidables fueron:
- Boomy, con varios sabores de frutas heladas.
- Kriko, recubierto de perlitas de caramelo.
- Cool Bits, pequeñas “gominolas” heladas que se comían con la mano.
- Patapalo, recordado por los premios escondidos en el palo.
- Los primeros Pirulos, de fresa y lima limón.
- El original Fantasmiko, mucho antes de los mini Fantasmikos.
Además, Camy dejó una larga lista de helados desaparecidos como:
- Muamua, con forma de labios.
- Happy, lleno de colores y sabores mezclados.
- Rey León, inspirado en la película de Disney.
- TipTop y el Crunch helado.

La psicología explica por qué seguimos recordándolos
La explicación de esta nostalgia está en la memoria emocional. Diversos estudios psicológicos señalan que los olores y sabores activan regiones cerebrales relacionadas con las emociones y los recuerdos autobiográficos.
Por eso, décadas después, basta con escuchar nombres como Frigo Pie, Mikolápiz o Colajet para que muchas personas recuerden automáticamente piscinas, bicicletas, tardes en casa de los abuelos o vacaciones interminables.
En realidad, muchas veces no echamos de menos únicamente aquellos helados, sino la época de nuestra vida a la que estaban ligados.