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Agricultura

Suena raro, pero les salió perfecto: un experimento con abejas convierte un desierto de sal en una ‘mina de oro’ agrícola

  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

La agricultura está afectando negativamente a las abejas, por lo que resulta curioso que este polinizador pueda ser la salvación del sector primario. Las salinas de Nevada son un buen ejemplo de ello.

Este territorio de Estados Unidos es una muestra de lo que no es rentable en agricultura. Suelo blanco, agrietado, cargado de sal, temperaturas extremas y escasez de agua crónica. Sin embargo, Mundo Agropecuario ha informado de que los expertos han encontrado una solución para reconvertir el campo.

Introdujeron millones de abejas alcalinas nativas para salvar la producción de semillas de alfalfa. La idea parecía una locura, pero consiguió transformar un desierto estéril en una auténtica mina de oro agrícola.

Las abejas cambian el suelo agrícola de las salinas de Nevada

La flor de la alfalfa tiene un sistema de polinización muy particular. Sus pétalos funcionan como una trampa mecánica que necesita la presión adecuada para liberar el polen.

El problema es que las abejas melíferas, habituales en la agricultura mundial, no se adaptaron bien a este mecanismo. Muchas aprendieron a evitar la sacudida de la flor, reduciendo drásticamente la polinización.

La buena noticia es que aprovecharon estudios realizados en años setenta, para encontrar una especie que sí ayudara a recuperar el suelo: la abeja alcanina, una variedad nativa adaptada a suelos salinos y condiciones extremas.

A diferencia de la abeja melífera, no produce miel ni vive en colmenas. Cada hembra excava su propio túnel en el suelo, crea cámaras subterráneas y cría allí a sus larvas. Estos insectos prosperan en terrenos con alta salinidad, humedad controlada y estabilidad del suelo, exactamente las condiciones de las salinas de Nevada.

Por qué la agricultura en Nevada era una misión imposible sin las abejas alcalinas

La agricultura en las salinas de Nevada siempre fue una misión casi imposible. Los antiguos lagos dejaron depósitos minerales que, con el paso de los años, alcalinizaron el suelo hasta niveles incompatibles con la mayoría de los cultivos.

Ni la irrigación, ni la corrección del terreno, ni las tecnologías más costosas lograron revertir la situación. Sólo las abejas alcalinas han funcionado.

El clima árido, el calor intenso y la falta de agua terminaron por empujar a muchos productores a abandonar sus tierras. Cosecha tras cosecha, el desierto salado parecía rechazar cualquier intento de agricultura convencional.

Sólo la alfalfa logró resistir. Sus raíces le permitían buscar humedad en capas inferiores del suelo, manteniendo cierto equilibrio hídrico. Aunque el heno era rentable, el verdadero tesoro estaba en las semillas de alfalfa, mucho más valiosas en el mercado.

El experimento de los agricultores de alfalfa que cambia el uso del suelo

Los agricultores se plantearon esta técnica revolucionaria cuando se vieron al borde de la quiebra. Existen otros experimentos para recuperar el suelo con conejos, pero el uso de abejas alcalinas es una gran novedad.

Bajo la superficie, las abejas excavaron túneles y construyeron una auténtica ciudad subterránea. Tres semanas después, los campos de alfalfa mostraban flores llenas de insectos con lo que activaron el mecanismo de polinización.

Cada abeja alcalina puede polinizar entre 200 y 300 flores al día, frente a las 50 o 75 de las abejas melíferas. Además, soportan mejor el calor extremo y trabajaban durante más horas.