Situación límite en Andalucía: activan medidas cinegéticas en 141 municipios para proteger sus cultivos de la plaga de conejos silvestres
Oír de una nueva plaga de conejos es moneda corriente en España. Y le ha tocado otra vez a Andalucía, donde el avance de las poblaciones sobre terrenos cultivados ha generado pérdidas que se acumulan temporada tras temporada. La presión del sector agrícola llevó a la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente a plantearse medidas que van más allá de los controles habituales.
La resolución, publicada en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía el pasado 2 de junio de 2026, da respuesta a esa presión con un paquete de actuaciones diseñadas para reducir localmente las poblaciones del animal en las áreas más afectadas. Lo que establece es un marco cinegético de carácter excepcional que amplía las posibilidades de actuación más allá de lo normal.
Una nueva plaga de conejos fuerza medidas cinegéticas en 141 municipios de cuatro provincias andaluzas
La resolución afecta a 141 municipios distribuidos entre cuatro provincias: Sevilla (59), Granada (36), Jaén (34) y Málaga (12). En todos ellos, la Dirección General de Política Forestal y Biodiversidad ha constatado poblaciones localmente elevadas de conejo silvestre con capacidad de causar daño sobre los cultivos.
El cereal, la vid, el olivar y las hortalizas son los cultivos más expuestos en las fases más delicadas del ciclo vegetativo.
Y cabe remarcar que la medida no está abierta a cualquier cazador. Solo pueden acogerse los titulares de cotos cinegéticos cuyos planes técnicos incluyan de forma expresa el control de daños por conejo silvestre y cuyos terrenos estén comprendidos en la resolución.
La Junta puede suspender las medidas si los daños cesan antes de que finalice la temporada.
Hurones, escopetas y cetrería: las herramientas autorizadas para actuar frente a esta plaga de conejos
La resolución habilita cuatro vías de actuación sobre la plaga de conejos. Se detalla a continuación cada una de ellas:
- Captura en vivo con hurón y redes: autorizada durante toda la temporada 2026-2027, sin restricción de días.
- Armas de fuego: del 30 de noviembre de 2026 al 28 de febrero de 2027, los jueves, sábados y domingos, con un máximo de cinco cazadores por cada 250 hectáreas.
- Cetrería: del 30 de noviembre de 2026 al 28 de febrero de 2027, con rapaces adecuadas y sin restricción de días.
- Perros: del 30 de noviembre de 2026 al 31 de enero de 2027, con un límite de tres perros por cazador.
En determinados municipios de Granada, Jaén y Sevilla, la resolución prohíbe el uso de armas de fuego y perros: solo se autoriza la captura con hurón y redes. Las restricciones afectan también a los términos con presencia de humedales protegidos, donde los métodos de control más invasivos quedan vetados por su impacto potencial sobre otras especies.
Un problema sin solución fácil que enfrenta a agricultores y ecologistas
La sobrepoblación de conejo silvestre plantea en España un dilema sin salida clara. Recordemos que la especie es un eslabón fundamental de la cadena trófica ibérica. Sin ella, el lince ibérico y el águila imperial perderían su principal fuente de alimento. Ese valor ecológico complica cualquier estrategia de reducción que no tenga en cuenta el conjunto del ecosistema.
En el lado opuesto, los agricultores afectados llevan años denunciando que la ausencia de predadores naturales en las zonas agrícolas ha disparado las densidades hasta niveles que hacen inviable la producción.
Otras comunidades autónomas han recurrido en el pasado a resoluciones similares con resultados desiguales. Por ejemplo, en algunos casos, los controles cinegéticos estabilizaron las poblaciones; en otros, los efectos fueron temporales y la densidad se recuperó en una o dos temporadas.
La resolución de la Junta no cierra el debate, sino que lo traslada al campo. Serán los resultados sobre el terreno los que determinen si las medidas adoptadas son suficientes o si la situación exigirá ir más lejos en el futuro.
Ciclos de abundancia y ruina frente a los conejos: los antecedentes de una crisis crónica en Andalucía
Que el conejo silvestre ponga en jaque al campo andaluz no es, ni mucho menos, un fenómeno nuevo. De hecho, la relación de la península ibérica con este lagomorfo es tan estrecha que los propios romanos adaptaron el término Hispania basándose, entre otras teorías, en la ingente cantidad de conejos que poblaban estas tierras.
Dicho esto, la actual crisis en Andalucía no es un hecho aislado, sino el último capítulo de un desequilibrio ambiental y agrícola que se viene gestando desde mediados del siglo pasado.
Para entender cómo se ha llegado a la saturación de los 141 municipios actuales, es necesario revisar los antecedentes de este tira y afloja histórico:
- El colapso sanitario del siglo XX: en la década de 1950, la introducción de la mixomatosis diezmó de forma salvaje las poblaciones de conejo en toda España. A finales de los 80, la Enfermedad Hemorrágica Vírica (RHD) le dio el golpe de gracia. El conejo casi desapareció de los montes andaluces, llevando al lince ibérico y al águila imperial al borde de la extinción por falta de alimento.
- La paradoja de los años 2000: mientras el conejo seguía sin levantar cabeza en las zonas de sierra y espacios protegidos, las grandes extensiones agrícolas de la campiña andaluza (especialmente en el valle del Guadalquivir) empezaron a vivir el efecto contrario. La transformación de los cultivos, la proliferación de infraestructuras (como taludes de carreteras y vías de tren que sirven de madrigueras perfectas) y la escasez de depredadores crearon un hábitat ideal para su multiplicación.
- Decretos de emergencia en cadena: lo que hoy vemos en 2026 es la continuación de una estrategia institucional que comenzó a estandarizarse hace más de quince años. Recordemos que desde 2009, la Junta de Andalucía se ha visto obligada a declarar de forma casi ininterrumpida la «Emergencia Cinegética Temporal» en diversas provincias.
Campaña tras campaña, puntos calientes de Sevilla, Jaén y Córdoba han repetido en estos listados, demostrando que el problema ha dejado de ser una anomalía estacional para convertirse en una crisis estructural.