Pesca

Un niño de 14 años va con su amigo a pescar al río Ebro y captura un monstruoso pez invasor de 2,15 metros y 65 kg de peso

Pez invasor
Recreación con IA de joven Leo pescando en el Ebro. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El pez invasor más temido del Ebro ha vuelto a dar de qué hablar. Contrario a lo que se creería, esta vez el protagonista no fue un pescador veterano con décadas de experiencia, sino un adolescente que se había acercado al río con su amigo, el equipo justo y la misma ilusión que cualquier chaval de su edad.

Todo ocurrió a la altura de Logroño, donde la jornada arrancó como una tarde más de pesca hasta que la caña empezó a doblar de una manera que no admitía dudas: al otro lado del sedal había algo descomunal. Lo que siguió fue una pelea de más de veinte minutos que puso a prueba la resistencia de un joven con más fuerza de voluntad que experiencia en los brazos.

La historia de Leo: con catorce años ha pescado un monstruoso pez invasor de 215 centímetros en el Ebro

Leo, el flamante protagonista de este artículo, tiene catorce años y había ido a pescar al río Ebro a su paso por Logroño con su amigo.

Lo que sacó del agua fue un siluro (Silurus glanis) de 215 centímetros y 65 kilos de peso, una captura que enseguida empezó a circular por redes sociales y que convirtió al joven en protagonista de uno de los vídeos de pesca más comentados de la semana. La captura, con un equipo básico y unas chanclas en los pies, tardó más de veinte minutos en completarse.

El siluro que enganchó Leo es el pez invasor más grande que habita los ríos españoles. Llegó al Ebro en 1974, cuando un pescador alemán introdujo alevines en el embalse de Mequinenza (Zaragoza) con el propósito de fomentar la pesca deportiva.

Desde luego, nadie calculó entonces la velocidad con que la especie se extendería. Hoy coloniza el Ebro, el Júcar, el Segura y otros cauces principales, y sus ejemplares superan con holgura los dos metros en muchos tramos.

Toda una hazaña: veinte minutos de pelea y una caña a punto de romperse

El vídeo que recogió la captura (resubido por el medio riojano NueveCuatroUno) permite ver la magnitud del esfuerzo. Leo, en chanclas y con la caña doblada hasta límites improbables, escucha a su acompañante animándole desde la orilla: «Leo, que puedes batir el récord, ánimo, piensa en la gloria».

En algún momento dice que no puede más; su amigo le ofrece agarrar la caña para darle un respiro, pero Leo insiste en aguantar solo. El forcejeo se prolonga entre gritos y el sonido del agua revuelta.

La pelea dura más de veinte minutos. El siluro se mete entre la vegetación y hay que maniobrar para sacarlo. Después parece recuperar fuerzas (en el vídeo se escucha: «Se está dopando»).

Cuando por fin el ejemplar aparece junto a la orilla, la reacción del acompañante es inmediata: «Es gigante. Es gigante. Está ahí». Leo se metió al agua para sacarlo y, cuando lo tuvo en tierra, rompió a llorar.

Al medir el animal, los números lo decían todo: 215 centímetros de longitud y 65 kilos de peso.

Lo que hay que saber del siluro, el pez invasor que domina el Ebro

El siluro puede alcanzar los 200 kilogramos y más de tres metros de longitud en sus ejemplares más maduros. El récord en España es un ejemplar de 281 centímetros capturado también en el Ebro.

Su dieta parece no tener límites, debido a que come peces, anfibios, crustáceos, aves acuáticas y pequeños mamíferos. En el Ebro se han documentado casos de siluros engullendo patos y palomas que se acercan a beber al río.

En lo jurídico, el Real Decreto 630/2013 lo incluye en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. Su presencia ha desplazado a especies autóctonas como el barbo, el cachuelo o la madrilla, que no pueden competir con un depredador de ese tamaño.

Su erradicación resulta prácticamente imposible. ¿Por qué? Pues, la profundidad de los embalses donde vive y su capacidad de adaptación limitan cualquier intento de control.

El ejemplar que Leo devolvió al río ese día pesaba lo mismo que un hombre adulto y aún le quedaban décadas de crecimiento por delante.

Lo último en Naturaleza

Últimas noticias