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La desaparición de Ai, conocida internacionalmente como un chimpancé superdotado, supone el cierre de una de las líneas de investigación más influyentes sobre cognición animal del último medio siglo. Desde su llegada a Japón a finales de los años 70, su vida estuvo ligada a estudios científicos que exploraron memoria, percepción y aprendizaje en primates no humanos.
El caso de este animal no solo fue relevante por sus resultados experimentales, sino también por el método aplicado y la continuidad del proyecto en el tiempo. A lo largo de más de cuatro décadas, Ai se convirtió en una referencia académica y mediática, asociada a investigaciones que buscaron comprender cómo los chimpancés procesan la información.
La historia de Ai, un chimpancé superdotado que marcó para siempre la investigación científica
Ai murió a los 49 años en el Instituto de Investigación de Primates de la Universidad de Kioto como consecuencia de un fallo multiorgánico vinculado a la vejez. Nacida en África occidental a mediados de los años setenta, fue trasladada a Japón en 1977, antes de que la compraventa internacional de primates quedara restringida por convenios internacionales.
Poco después de su llegada, se convirtió en el primer sujeto del conocido Proyecto Ai, un programa diseñado para estudiar la mente del chimpancé mediante interfaces informáticas. A diferencia de otros trabajos previos, el objetivo no era enseñar lenguaje humano, sino analizar cómo estos animales perciben colores, números y formas.
Con el tiempo, Ai pasó a ser identificada como un chimpancé superdotado por su capacidad para resolver tareas complejas de manera sistemática.
¿Cuáles eran las capacidades que destacaron a este chimpancé superdotado?
Entre los logros más documentados de Ai figura el reconocimiento de más de 100 caracteres chinos, además del alfabeto inglés. También fue capaz de identificar los números arábigos del cero al nueve y distinguir al menos 11 colores diferentes, según explicó el primatólogo Tetsuro Matsuzawa en diversos trabajos académicos.
Uno de los experimentos más citados consistía en la presentación de un carácter chino asociado a un color en una pantalla de ordenador. Junto a él aparecían dos cuadrados de distinto tono, y Ai seleccionaba de forma correcta el que correspondía al símbolo mostrado.
En otra prueba, al observar una manzana real, elegía figuras geométricas en una pantalla (un rectángulo, un círculo y un punto) para construir una representación digital del objeto.
Estos resultados situaron al chimpancé como un referente en estudios sobre memoria visual y asociación simbólica. Sus respuestas no eran fruto del azar, sino de un aprendizaje estable que se mantuvo durante años de experimentación continua.
El legado que dejó Ai en los estudios de evolución de la mente humana
Los datos obtenidos gracias a Ai permitieron establecer un marco experimental sólido para analizar similitudes y diferencias entre la cognición humana y la de otros primates.
El Centro para los Orígenes Evolutivos del Comportamiento Humano señaló que sus estudios ofrecieron una base clave para reflexionar sobre la evolución de la mente humana desde una perspectiva comparada.
Numerosos artículos científicos, incluidos trabajos publicados en revistas como Animal Cognition y el Japanese Journal of Animal Psychology, citaron los experimentos realizados con este chimpancé.
Su caso fue utilizado para demostrar que los chimpancés pueden manejar símbolos abstractos y estructuras numéricas de forma más compleja de lo que se asumía anteriormente en la zoología clásica.
Además del ámbito académico, su historia trascendió a los medios de comunicación internacionales, donde fue presentada como un ejemplo singular dentro de la investigación con primates, siempre ligada al rigor científico del instituto japonés.
Lo que Ai nos dejó: descendencia, arte y vida en cautividad
En el año 2000, Ai dio a luz a Ayumu, un chimpancé que también despertó interés científico por sus habilidades de memoria. La convivencia entre madre e hijo fue integrada en el diseño experimental para analizar la transferencia de conocimientos sin alterar el vínculo natural. Este enfoque permitió seguir el desarrollo cognitivo del joven primate en un entorno controlado.
Fuera de las pruebas, el chimpancé superdotado mostró interés por el dibujo y la pintura. Utilizaba rotuladores y pinceles sin necesidad de incentivos alimentarios, generando obras que más tarde fueron utilizadas con fines simbólicos, como regalos institucionales. Algunas de sus creaciones llegaron a transformarse en objetos conmemorativos vinculados a la universidad.
Con su muerte, concluye una etapa clave de la investigación en primates en Japón. Así, la figura de este animal tan especial quedará asociada a décadas de datos científicos que continúan influyendo en la zoología, la psicología comparada y el estudio del origen evolutivo de la cognición.
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