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Giro radical en la narrativa climática: los bosques de manglares llevan 16 años recuperando más terreno del que pierden

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un estudio publicado en Science en junio de 2026 confirma que los bosques de manglares han revertido su tendencia histórica de declive. Un grupo de investigadores de la Universidad de Tulane y otras instituciones internacionales analizaron cuatro décadas de imágenes satelitales para rastrear año a año la extensión y la densidad de estos ecosistemas costeros.

Los datos muestran que, desde 2010, las ganancias de superficie superan sistemáticamente a las pérdidas, y la pérdida neta acumulada desde 1984 se sitúa en apenas un 0,5%.

Cuatro décadas de datos: un mapa anual de cada manglar del planeta

El equipo, liderado por Zhen Zhang, investigador de la Escuela de Ciencias e Ingeniería de la Universidad de Tulane, construyó el conjunto de datos de manglares más completo hasta la fecha. Procesó imágenes del satélite Landsat con resolución de 30 metros para rastrear año a año tanto la extensión como la cobertura del dosel entre 1984 y 2023. Fueron 40 años de observaciones continuas que cubren cada metro cuadrado de manglar del planeta.

Los datos satelitales muestran dos periodos claramente diferenciados. Antes de 2010, los manglares perdieron en términos netos aproximadamente 2.900 km², una cifra que coincide con estimaciones anteriores. A partir de ese año, el balance se invirtió de forma sostenida. Las ganancias superaron a las pérdidas durante 16 años consecutivos.

La pérdida neta total desde la década de 1980 hasta 2023 es del 0,5% ± 1,4% de la superficie global, una cantidad que los investigadores califican de marginal. «Tras décadas de pérdidas, por fin estamos viendo un punto de inflexión global para los manglares», afirma Zhen Zhang.

Expansión natural y regeneración, los mecanismos detrás del giro de los últimos 16 años

El motor principal de la recuperación, para sorpresa de nadie, no es la restauración humana, sino la expansión natural hacia nuevas llanuras de marea.

Cuando los sedimentos fluviales y marinos generan nuevos sustratos en la franja costera, los manglares los colonizan de forma espontánea. Este proceso explica la mayor parte de las ganancias registradas desde 2010.

Las regiones con mayor expansión incluyen el Golfo de México (Louisiana), partes de China y Australia, y el atolón Ouvéa en Nueva Caledonia. En Estados Unidos, el aumento de las temperaturas también permite que los manglares avancen hacia latitudes más altas y amplíen su rango geográfico histórico.

El análisis distingue tres tipos de ganancia:

La expansión natural es el mecanismo dominante, lo que indica que el ecosistema aprovecha las condiciones favorables cuando las presiones humanas disminuyen.

El estudio también mide la degradación del dosel forestal, más extendida que la pérdida de área y vinculada principalmente a los ciclones tropicales. La tasa de degradación ha caído desde la década de 1980. Los manglares que se mantuvieron estables acumularon dosel de forma continua y ampliaron la proporción de bosque denso en el conjunto global.

Detener la deforestación, la prioridad para proteger el carbono de los bosques tropicales

Daniel Friess, catedrático en la Universidad de Tulane y director del Laboratorio de Manglares, concluye que «los manglares muestran ahora un incremento neto a escala global, y la tasa de degradación está disminuyendo». Para los investigadores, el patrón refleja tanto la eficacia temprana de las políticas de conservación como la resiliencia natural del ecosistema.

El estudio señala que detener la deforestación es la prioridad principal para alcanzar los objetivos globales de conservación. Los nuevos manglares que colonizan superficies antes inexistentes tardan décadas en acumular biomasa y carbono a niveles comparables a los bosques maduros.

Proteger los bosques existentes tiene, por tanto, un valor que la expansión natural no puede compensar a corto plazo. El cambio climático sigue amenazando las ganancias, como demuestra la pérdida aguda sufrida en Texas en 2021 tras una helada extrema que revirtió en días el avance de años.