China desafía las leyes naturales y lograr criar peces y mejillones en uno de los peores desiertos del planeta
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En el extremo occidental de China se extiende una de las áreas más hostiles del continente asiático y parte de los peores desiertos del planeta. Durante siglos, la parte del planeta que estamos por descubrir fue considerada como un territorio improductivo, con lluvias casi inexistentes, suelos salinos y temperaturas que oscilan bruscamente entre el día y la noche.
Sin embargo, en los últimos años este paisaje se ha convertido en el escenario de un ambicioso desarrollo científico. La iniciativa, impulsada desde la región autónoma de Xinjiang, plantea un uso alternativo de los recursos disponibles bajo la superficie.
¿Cuál es uno de los peores desiertos del planeta y por qué China desafió las leyes naturales allí?
El desierto Taklamakán ocupa cerca de 337.000 kilómetros cuadrados y es conocido por su clima extremo: precipitaciones anuales inferiores a los 100 milímetros, temperaturas que superan los 50 grados y suelos salino-alcalinos sin nutrientes agrícolas.
A pesar de ello, estudios geológicos revelaron la presencia de grandes reservas de agua subterránea con una composición química similar a la del agua marina. Este hallazgo permitió replantear el uso del territorio.
La estrategia se basa en extraer esa agua subterránea y combinarla con aportes procedentes del deshielo de las montañas Tianhan. El resultado es una mezcla que, tras ser estabilizada térmica y químicamente, sirve como base para recrear condiciones marinas en pleno desierto, un planteamiento inédito dentro de los peores desiertos del planeta.
Ingeniería y control ambiental lejos del mar
Los sistemas acuáticos instalados en Xinjiang no funcionan como embalses tradicionales. Se trata de estanques sellados con membranas impermeables que aíslan completamente el agua del suelo desértico. Algunos alcanzan los 10.000 metros cuadrados y operan como unidades biológicas cerradas, con recirculación permanente.
Sensores digitales monitorizan en tiempo real parámetros clave como salinidad, oxígeno disuelto, temperatura y pH. Gracias a este control, el agua se mantiene de forma estable entre 20 y 30 grados, incluso cuando el exterior registra temperaturas extremas.
Más del 90% del agua se reutiliza tras procesos de filtrado físico, sedimentación y depuración biológica, un aspecto clave para Taklamakan, donde el recurso hídrico es limitado.
¿Cómo han logrado criar peces y mejillones en uno de los peores desiertos del planeta?
Más allá de la tecnología mecánica, el sistema se apoya en una compleja comunidad biológica. En los filtros se desarrollan cientos de especies de microorganismos que descomponen residuos orgánicos y transforman compuestos potencialmente tóxicos en sustancias neutras. Esta biología invisible estabiliza el ecosistema y reduce la incidencia de enfermedades.
Gracias a este entorno controlado, especies como meros, mújoles, camarones, ostras y mejillones perleros alcanzan tamaño comercial en pocos meses. Los datos oficiales indican tasas de supervivencia cercanas al 99%, cifras superiores a las de la acuicultura convencional en mar abierto.
Este rendimiento ha dado lugar a una nueva categoría comercial conocida como «mariscos del desierto», desarrollada en uno de los peores desiertos del planeta.
La importancia del sistema acuático de Taklamakan para China
La escala del proyecto ha situado a Xinjiang como el principal centro acuícola del noroeste de China. En 2024, la región alcanzó una producción cercana a las 196.500 toneladas de productos acuáticos, consolidando un modelo que combina automatización, eficiencia hídrica y control biológico.
Esta transformación ha generado empleo local y nuevas oportunidades económicas en zonas antes consideradas sin valor productivo.
Cabe aclarar que el sistema no se limita a la acuicultura. El agua tratada que sale de los estanques se reutiliza en ensayos agrícolas sobre suelos altamente salinos, especialmente en cultivos experimentales de arroz tolerante a la sal, conocido como «arroz marino».
De este modo, el circuito se completa: el desierto produce vida acuática, depura el agua y la reintegra en nuevas pruebas agrícolas, ampliando los límites de lo posible incluso en los peores desiertos del planeta.
Lejos de modificar el clima o la naturaleza del Taklamakán, el proyecto demuestra cómo la ingeniería y la ciencia aplicada pueden crear sistemas funcionales en entornos extremos.
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