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Mundial 2026: cuartos de final

Última oportunidad para los supervivientes de la generación de oro de Bélgica

La mejor camada de la historia de Bélgica, más allá del tercer puesto en 2018, no ha respondido a las expectativas

Courtois, De Bruyne, Lukaku, Witsel y Meunier están ante su última reválida

El fútbol belga sufrió una fuerte transformación a principios de siglo, cuando se dio de bruces

«Cuidado con Bélgica». ¿Quién no ha escuchado esa frase cada vez que el calendario se posaba en un nuevo Mundial? Bélgica ha ido de tapada desde 2014 hasta 2022, aunque de más a menos con el paso de los Mundiales. Anduvo siempre como alternativa, pero nunca terminó de romper el cascarón más allá del tercer puesto en Rusia 2018. Cuatro años antes desfallecieron en cuartos de final y cuatro después ni siquiera superó la fase de grupos.

Aunque le valió para liderar el ranking FIFA desde finales de 2018 hasta el primer trimestre del 2022. Algo es algo. En cualquier caso, poco premio para tantas expectativas. El Mundial de Qatar 2022 fue un punto y aparte, cuando De Bruyne alzó la voz. «Somos demasiado viejos». Se entendía, más si cabe con la destitución de Roberto Martínez, que había acabado una era en Bélgica. El técnico era una institución en el país flamenco.

Suyo fue el impulso para que la ciudad deportiva de Tubize se modernizara y suya fue la profesionalización de datos y metodología unificada desde las categorías inferiores. Fue el entrenador que más veces dirigió y ganó con Bélgica y el que más lejos llegó en un Mundial, ese mencionado tercer puesto en Rusia 2018. Sin embargo, en Qatar se acabó todo y se fueron ocho años en los que Bélgica no aprovechó del todo su generación de oro.

Sin tocar metal se fueron los Hazard, Kompany, Mertens, Alderweireld, Fellaini, Vertonghen, Carrasco… Hoy día queda un puñado de supervivientes, los últimos de Bélgica. Se cuentan con los dedos de una mano. Courtois, Meunier, Witsel, De Bruyne y Lukaku. Tienen ante España la última oportunidad para seguir buscando el trofeo que ansían. De menos a más en el torneo, Bélgica ya está ha cuajado la segunda mejor actuación de su historia en un Mundial.

Un modelo multicultural impulsado a base de fracasos

Las derrotas son oportunidades para mejorar. Lo segundo es directamente proporcional a lo primero. A más duro sea el fiasco, más radical y de raíz será el cambio. Bélgica se dio de bruces con la realidad en el Mundial de 1998 y la Eurocopa del 2000. No superaron la primera fase en ningún torneo, con la rémora de que fueron país anfitrión de aquella Eurocopa. Un drama. Michel Sablon, integrante de los cuerpos técnicos desde 1986 hasta 1994, fue nombrado director deportivo en 2001 para planificar el nuevo proyecto.

Modificó el sistema del 4-4-2 defensivo al 4-3-3 ofensivo y lo implantó en las categorías inferiores, así los jugadores que llegaran a la absoluta tendrían innata la forma de juego. Este nuevo esquema también se implementó en la base de los clubes belgas. Ahí crecieron los Courtois, Lukaku, De Bruyne, Tielemans, Kompany… Bajo el radar de los grandes clubes europeos. También ajustó el método de aprendizaje, reduciendo los entrenamientos a partidos de cinco contra cinco para fomentar duelos individuales entre futbolistas.

Y alcanzó un acuerdo con la Universidad de Lovaina para que grabaran miles de partidos de categorías inferiores que facilitarían el posterior estudio. Bélgica abrió sus puertas a la multiculturalidad, pues más del 35% de los habitantes son de origen extranjero. El peaje a pagar fue alto. No se clasificaron para las Eurocopas de 2004, 2008 y 2012.

Tampoco para los Mundiales de 2006 y 2010. Hasta que el plan maduró y desembocó en el mencionado mejor equipo de su historia. Aunque sin el premio al que por expectativas aspiraban. Este viernes tienen la reválida los supervivientes de la generación de oro, que comparten oportunidad con la nueva camada. Los últimos de Bélgica, contra España y contra el paso del tiempo.