Mascotas
Mascotas

Los veterinarios expertos coinciden: «El riesgo de tener una mascota es amarla de forma incorrecta. Los perros no son niños»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Según los últimos datos de ANFAAC, actualmente hay más de 30 millones de mascotas en España, una cifra que contrasta con los 1.345.783 niños de entre 0 y 3 años registrados por el Instituto Nacional de Estadística en abril de 2025. Actualmente, el 61% de los hogares españoles convive con animales de compañía. La cifra supone un notable incremento respecto a los cerca de ocho millones de mascotas que había hace apenas una década. Estos datos reflejan una transformación que muestra cómo están cambiando las prioridades y los estilos de vida de los hogares españoles.

El informe oficial confirma que el perro sigue siendo el animal de compañía más presente en los hogares españoles. Con 7.562.893 ejemplares registrados, los canes representan prácticamente la mitad del censo total de mascotas del país. Su presencia es tan elevada que el número de perros supera ampliamente al de niños menores de 12 años en España. Sin embargo, el dato que más llama la atención corresponde a los gatos, que ocupan la segunda posición del censo con 5,61 millones de ejemplares, aproximadamente el 37% del total. En apenas cuatro años, los hogares españoles han incorporado más de un millón de felinos, un ritmo de aumento que duplica el registrado por los perros durante ese mismo periodo.

El peligro de humanizar a las mascotas

El informe «Estado de las Mascotas 2026» refleja una tendencia cada vez más evidente: cuando se plantea la posibilidad de tener una mascota o ser padres, cuatro de cada diez adultos se decantan por la primera opción, frente al 21% que prefiere tener un hijo.

La diferencia resulta todavía más marcada entre los millennials y la generación Z. El 55% de los menores de 40 años reconoce haber organizado sus planes de vida teniendo en cuenta a una mascota, ya sea un perro o un gato. Además, más del 80% de los propietarios considera a su animal de compañía como un miembro más de la familia o incluso como un auténtico «hijo».

Entre los principales motivos aparecen distintas circunstancias personales y económicas. El 45% asegura que no se encuentra en el momento adecuado de su vida para tener hijos, mientras que un 35% considera que convivir con una mascota implica una gestión más sencilla. A ello se suma un 32% que señala el menor impacto económico y un 24% que afirma haber tomado la decisión de no tener hijos.

En este contexto, el Dr. Vittorio Saettone , veterinario y jefe de Investigación y Desarrollo de Schesir, advierte: «el riesgo de tener una mascota no reside en quererla demasiado, sino en quererla de forma incorrecta. Los perros y los gatos no son niños : tienen lenguajes específicos, momentos de socialización y necesidades nutricionales que deben comprenderse y respetarse».

Aprender a interpretar el lenguaje corporal de los animales es fundamental y requiere dejar de lado las interpretaciones humanas. Un perro o un gato no actúa para «gastarnos una broma» ni para «vengarse». Simplemente utiliza las señales que tiene a su alcance para expresar que algo le incomoda o que no se encuentra bien.

En los perros, algunas de las señales más habituales son lamerse la nariz o los labios sin una causa aparente, bostezar aunque no estén cansados, apartar la mirada, mantener la cola baja o entre las patas, erizar el pelo, jadear sin que exista calor o esfuerzo físico, temblar o quedarse inmóviles de repente, una reacción conocida como «congelación». También pueden intentar alejarse o buscar un lugar donde esconderse.

Los gatos suelen mostrar señales más discretas: orejas aplanadas u orientadas hacia los lados, pupilas dilatadas, cola que golpea el suelo de manera repetitiva. También pueden adoptar una postura encogida, erizar el pelo, emitir sonidos poco habituales o adoptar comportamientos agresivos. Dejar de utilizar el arenero o rechazar la comida, por ejemplo, puede interpretarse erróneamente como una simple «rabieta» cuando puede estar indicando que algo no va bien.

«Al igual que nosotros, los perros y los gatos tienen afinidades y antipatías que deben respetarse en lugar de imponerse. Para un gato que vive solo, la socialización intraespecífica no es un requisito como lo es para un perro: la socialización de los gatos es más flexible y depende en gran medida de su historia individual, especialmente de las experiencias de las primeras semanas de vida.

Quienes deseen ofrecer a su gato la oportunidad de socializar con otros gatos pueden hacerlo gradualmente, por ejemplo, mediante presentaciones lentas y controladas con otros animales, evitando el error común de «juntarlos y ver qué pasa», que a menudo genera más estrés que beneficio. También es importante no sustituir esta necesidad humanizando excesivamente la relación: un gato solo en casa puede llevar una vida equilibrada si el entorno es rico en estímulos, oportunidades para la exploración vertical, juegos de caza y, cuando sea posible, acceso controlado al exterior», concluye el Dr. Vittorio Saettone en una entrevista concedida a Vanity Fair.

En definitiva, comprender el lenguaje de perros y gatos permite detectar antes situaciones de estrés, miedo, incomodidad o incluso posibles problemas de salud. No se trata de atribuirles emociones humanas, sino de aprender a interpretar su lenguaje corporal y respetar sus límites.