Trabajadores del Parador de Teruel confirman a OKDIARIO la juerga de Ábalos: «Sí, destrozaron la habitación»
OKDIARIO ha podido acceder al interior del establecimiento y localizar la suite
Ábalos llevó una furgoneta llena de «señoritas» al parador de Teruel y destrozó la suite principal
«Es mejor que no preguntéis». Con esta frase lapidaria descendían por las escaleras las trabajadoras de limpieza del Parador Nacional de Teruel tras acceder a la suite donde el entonces ministro José Luis Ábalos había pasado la noche hace aproximadamente cinco años, en plena pandemia. OKDIARIO ha podido confirmar, tras una exhaustiva investigación sobre el terreno, que los rumores sobre los destrozos causados por Ábalos y sus acompañantes en el establecimiento turístico no sólo son ciertos, sino que siguen vivos en la memoria del personal del parador.
«No diremos nada. Pero tampoco se habló mucho. Pero sí que sí que estuvo», confiesa un empleado cuando nuestro equipo pregunta directamente por la visita del ex ministro. Es el principio del resquebrajamiento de un silencio que ha durado años y que ahora, quizás alentado por la sucesión de escándalos que salpican al otro hombre fuerte del Gobierno, comienza a romperse.
OKDIARIO ha podido acceder al interior del establecimiento y localizar la suite donde presuntamente ocurrieron los hechos. «Ésta sería la suite. Según nos comentan fuentes internas del parador, la mañana siguiente las trabajadoras de limpieza bajaban diciendo ‘Es mejor que no preguntéis’», narra nuestro reportero mientras recorre los pasillos del histórico edificio.
Pero quizás la revelación más comprometedora para el ex ministro surge cuando uno de los empleados confirma que Ábalos y su comitiva «habrían estado acompañados de novias que no son novias», una expresión que, en el contexto, deja poco margen a la interpretación.
Esta frase estaría «dando a entender que serían prostitutas» las mujeres que acompañaron a Ábalos durante su estancia en Teruel, un extremo que, de confirmarse, añadiría un nuevo nivel de gravedad a los hechos ocurridos en el parador.
El hermetismo inicial da paso a testimonios que, aunque medidos, resultan reveladores. «Normalmente se reserva una habitación. No sabes cuántas personas habrá», explica otro trabajador, antes de añadir un detalle significativo: «Por ejemplo, conoce muy bien a las máquinas de registros y todas tenemos que ir una a una. Pero antes no te podías meter cinco en la suite solamente».
La afirmación, aparentemente técnica, encierra una acusación velada: el entonces ministro y sus acompañantes habrían burlado los sistemas de control del establecimiento para permitir el acceso a la habitación de más personas de las oficialmente registradas.
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