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Carta de Beatriz Zimmermann: «Olivia me decía que mi problema era que la quería demasiado y sonreía»

La madre dice: "Espero que las leyes se pongan más duras protegiendo a los niños"

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Beatriz Zimmerman, madre de Anna y Olivia, niñas presuntamente asesinadas por su padre en Tenerife, ha enviado a la opinión pública una carta para su difusión. En ella pide un endurecimiento de la legislación acerca de la violencia ejercida sobre menores. También asegura echar de menos el «día a día… los gestos de peinarlas» y quiere que su muerte no sea en vano y que al menos «sirva para crear mayor conciencia sobre el amor que entregamos a nuestros hijos, en valorarlo y cuando estamos con ellos no tener la cabeza en otros asuntos sino en ellos. Nos necesitan y nos adoran».

Comienza Beatriz escribiendo «con todo el dolor de mi alma, les quiero escribir una carta de agradecimiento» y se dirige a toda la opinión pública: «A todos ustedes que han estado en corazones y rezos con ellas y conmigo acompañando todos los días desde que desaparecieron, ofreciendo todo el amor y ayuda para que tuviera un final feliz. Desgraciadamente no fue así, sufriendo en dolor el acto más monstruoso que una persona puede cometer: matar a sus propios e inocentes hijos».

La madre de las pequeñas expresa también un deseo: «Que la muerte de Anna y Olivia no haya sido en vano. Y que aunque ahora sintamos el mayor odio, desesperanza y dolor, no sea para traer más sufrimiento al mundo sino lo contrario. Que trascienda en amor para los niños en forma de protección, educación y respeto».

La carta sigue así: «Gracias a ellas, muchos padres miran ahora a sus hijos de otra manera y valoran mucho más el amor y los momentos diarios de las cosas simples. Ese maravilloso día a día que tanto echo de menos. Lo que yo daría por peinarles el pelo… Ese simple acto ahora mismo es lo que más desearía…».

Beatriz extrae una lección positiva de la desgracia que ha sufrido su familia: «Gracias a ellas se conoce el significado de la violencia vicaria. Espero que las leyes se pongan más duras protegiendo a los niños. Ellos no tienen porque cargar con esa mochila, y si el amor se acaba lo más importante es el bienestar de los hijos».

Su carta reclama de nuevo la protección a la infancia: «Si hay maltrato en los progenitores hay que ser muy tajantes porque los niños no pueden estar creciendo viendo violencia. Los niños son el futuro y es muy importante que crezcan observando un ambiente de respeto, paz, amor y tranquilidad…».

La madre se despide de ellas escribiendo quizás las líneas más emotivas durante estos casi 50 días de sufrimiento: «Ellas son ahora dos ángeles que han venido al mundo enseñando una gran lección a costa de su vida… Y yo… siendo su madre, voy a luchar en contra de estas injusticias y el bienestar de los niños. Por ellas y por todos los niños. Anna y Olivia estaban llenas de amor, todos los días yo les decía a cada momento que las amaba muchísimo…».

Las dos niñas.
Las dos niñas.

También Beatriz Zimmermann recuerda con emoción algunas palabras que le decía a la mayor, Olivia: «A Olivia le decía: Oli, tengo un problema, ella me respondía; si mami, ya lo sé… Que me quieres demasiado. Y ella sonreía».

Beatriz recuerda en su carta que «los niños son nuestra responsabilidad y a mí como madre me duele en el alma no poderles haber salvado la vida. Ojalá yo hubiera estado en ese momento junto a ellas de la mano y morir juntas… Pero eso no pudo ser porque Tomás quería que sufriera buscándolas sin descanso y de por vida. Esa fue la razón de dejarme a mí con vida… Y por supuesto, el no quedar como el mayor asesino de la historia. Aquí la justicia salió a la luz».

La madre de las pequeñas tiene palabras de agradecimiento a todos los que trabajan en la búsqueda de las menores: «Gracias a toda la energía enviada en este caso tan desgarrador, gracias a todo el amor que pusieron, sucedió el milagro de encontrar a Olivia. Y que la verdad se conociera», y recuerda que «cuando me dijeron la noticia se me vino el mundo encima, al menos ahora puedo llorar su pérdida y sentirlas a mi lado a cada momento; sentirlas cuando me despierto, cuando desayuno, todo el día, hasta que me acuesto…».

Pide a la opinión pública que «la muerte de las niñas sirva para crear mayor consciencia sobre el amor que entregamos a nuestros hijos, en valorarlo y cuando estamos con ellos no tener la cabeza en otros asuntos sino en ellos. Nos necesitan y nos adoran».

Beatriz asegura en su carta que «Olivia y Anna, ahora los angelitos de los niños, piden que les den todo el amor a sus hijos, dedicación, respeto, y que se les inculquen valores para un mundo mejor» y se despide con un nuevo  «Gracias de todo corazón; Beatriz; mamá de Olivia y Anna. Los angelitos».

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