Internacional
Sáhara Occidental

Trump mueve ficha en el Magreb: sienta a Argelia, potencia gasista, en la cumbre ‘secreta’ del Sáhara en Madrid

España, organizadora del encuentro en Madrid, ha tenido el único papel de facilitar la logística como sede

El poder estratégico de Argelia, potencia gasística mundial, toma peso en cualquier ecuación regional

El secretismo busca proteger el proceso en una fase muy delicada

  • María Ruiz
  • Portadista. Especialista en 'breaking news' y noticias de nacional e internacional. Nací al periodismo en Abc, ayudé a fundar La Razón y viví en Las Provincias.

La Administración Trump ha conseguido que representantes de Marruecos, Argelia, Mauritania y el Frente Polisario se sienten en la misma mesa en Madrid para reactivar el diálogo directo sobre el Sáhara Occidental después de más de seis años sin contactos significativos. Mueve ficha de esta manera Washington en el Magreb al ver que el factor energético refuerza el peso estratégico de Argel en cualquier ecuación regional. Washington lo sabe. Bruselas también.

La administración Trump, que ha sido quien ha impulsado esta ronda, pretende buscar una solución política al conflicto que dura ya 50 años (desde la salida de España en 1975-1976).

El experto en el Magreb Ali Attar, en un artículo publicado en Afrik.com bajo el título Sahara occidental : derrière la réunion secrète de Madrid, la main de Washington sur le Maghreb passe par Alger, propone una lectura estratégica del encuentro. Más allá del hermetismo que lo rodeó, Attar sostiene que lo verdaderamente relevante no es lo que se dijo, que sigue siendo confidencial, sino cómo se está configurando el tablero regional.

Según el autor, EEUU no está improvisando. La reunión con Marruecos, Argelia y el Polisario sobre el Sáhara pilotada por el enviado de Trump Massad Boulos y por el representante estadounidense ante la ONU, Michael Waltz, se inscribe en un acto diplomático cuidadosamente preparado durante meses.

En dicho plan, el emisario norteamericano ha comenzado sistemáticamente sus giras por Argel antes de desplazarse a Rabat. Ese orden no es casual: indica que ninguna arquitectura de salida al conflicto del Sáhara Occidental puede construirse al margen de Argelia. El elemento decisivo del análisis de Attar es la centralidad de Argel no sólo como actor político, sino como potencia energética.

Recuerda que en 2025, Argelia se consolidó como uno de los principales proveedores de gas de la Unión Europea por gasoducto, a través de infraestructuras como Medgaz y Transmed, ante la progresiva desvinculación europea del gas ruso. Este factor energético refuerza el peso estratégico de Argel en cualquier ecuación regional. Washington lo sabe. Bruselas también.

La casi secreta reunión sobre el Sáhara Occidental tuvo lugar este sábado en la Embajada de EEUU en Madrid, según informó El Confidencial, y posiblemente tuviera una segunda parte el domingo. Estas no son reuniones secretas en un sentido conspirativo o clandestino, sino que se trata de negociaciones discretas y confidenciales impulsadas por EEUU, de las que España sólo ha sido facilitadora del encuentro. El hermetismo ha sido impuesto por Washington como condición para organizar el diálogo.

Concretamente, buscan establecer una agenda de trabajo para futuras negociaciones y explorar posibles avances hacia una solución tras la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU (aprobada en 2025), que por primera vez menciona la propuesta marroquí de autonomía como una base posible y «seria, creíble y realista».

Se pretende también desbloquear el estancamiento entre los dos actores  principales, Marruecos, que propone autonomía ampliada bajo soberanía marroquí, o sea su plan de 2007, actualizado recientemente, y el Frente Polisario, apoyado por Argelia, que defiende el referéndum de autodeterminación e independencia.

La Administración Trump  busca involucrar a Argelia y a Mauritania, vecino clave, ya que el conflicto con Marruecos por el Sáhara afecta la estabilidad regional del Magreb. El enviado de Trump para asuntos de África, Masad Boulos, y el representante de su país en la ONU, Michael Waltz, han coordinado la reunión en presencia de Staffan de Mistura, enviado de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental.

Quiénes participaron

España ha facilitado la logística como sede, pero no ha participado  activamente en la mesa de negociación; su papel ha sido sólo de anfitrión facilitador logístico.

Ésta ha sido la primera toma de contacto directa en mucho tiempo, por lo que se quería evitar presiones mediáticas, filtraciones o reacciones públicas que pudieran torpedear el inicio. Por ello, Washington impuso la «ley del silencio» como condición. Por eso, Rabat y Argel mantienen silencio oficial para no comprometer posiciones antes de tiempo.

Lo que ha trascendido indica que no ha habido acuerdo concreto ni avance sustancial inmediato. La reunión se prolongó más de lo previsto, incluso al lunes, sostienen algunas fuentes, pero ha terminado con comunicados muy escuetos sin anunciar resultados. Ha sido, más bien, un paso preliminar para preparar posibles rondas futuras, que algunas fuentes fechan en Washington en mayo.