Los talibanes no han formado gobierno ni han dado pistas sobre él tres semanas después retomar el poder
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Afganistán seguía esperando este sábado la formación de su nuevo gobierno casi tres semanas después del regreso al poder de los talibanes, cuya reconquista relámpago del país sigue enfrentándose a un foco de resistencia en el valle de Panshir, donde continúan los combates contra los talibanes. Este mismo sábado los talibanes aseguran que ya han tomado dicho reducto. De hecho, medios afganos informan de al menos tres personas muertas y otras tres heridas la madrugada de este sábado en Kabul como consecuencia de la celebración por parte de los talibanes de la presunta caída de la provincia de Panshir con tiroteos por la ciudad.
Tras una jornada de información confusa sobre las luchas entre los talibanes y la resistencia, con los primeros proclamando su victoria en Panshir, los seguidores del movimiento se han echado a las calles de la capital para celebrar el presunto triunfo lanzando tiros al aire, algo que uno de los portavoces de los talibanes ya les ha pedido que se abstengan de hacer, según informa la cadena de televisión TOLO News.
Los combates por el control de la provincia se han intensificado en los últimos días, especialmente en la última jornada, aunque el Frente de Resistencia Nacional de la provincia de Panshir ha rechazado la información de los talibanes, informa la agencia de noticias Pajhwok.
El anuncio de la formación del gabinete, que según prometieron los talibanes será representativo y tolerante, se esperaba inicialmente para después de la plegaria del viernes, pero un portavoz talibán indicó que el anuncio no llegaría, al menos, hasta este sábado.
El movimiento islamista radical se enfrenta al enorme desafío de pasar de ser un grupo insurgente a administrar el poder, apenas días después de la retirada definitiva de las tropas de Estados Unidos tras dos décadas de guerra.
Eso no está resultando fácil, porque precisamente ese reparto de poder está constituyendo el problema. Tantos grupos diferentes en su Estado Islámico no son fáciles de colocar. Ellos han asegurado que su objetivo era, precisamente, establecer un Estado islámico. Pero no han revelado lo que eso significa en la práctica: cuáles serían las palancas del poder y quién las manejaría. Es un enigma si utilizarán los talibanes el modelo de su gobierno de los 90, con un emir en la cúspide, ministros nombrados a dedo y sin elecciones. Se desconoce si instaurarán un sistema híbrido con partes teocráticas y partes elegidas, como en Irán. O si tendrán mínimamente en cuenta la forma de democracia constitucional existente —con todas sus imperfecciones— en Afganistán desde 2004. Lo único que parece una certeza es que el mullah Abdulghani Baradar, líder del brazo político y cofundador del grupo, se perfila como jefe del Ejecutivo talibán.
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