Edad Media

Parece una leyenda, pero fue un oficio real de la Edad Media: se ganaban la vida comiendo los pecados de los muertos

Compecados en la Edad Media
Comepecados (AI).
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Entre los oficios más extraños de la Edad Media que hoy resultarían difíciles de imaginar, hubo uno que destacó por su enorme carga simbólica y por el rechazo social que sufrían quienes lo desempeñaban: el comepecados. Su función consistía en ingerir un trozo de pan depositado sobre el pecho o el rostro de un difunto y beber vino o cerveza, convencidos de que esos alimentos habían absorbido los pecados que la persona no había llegado a confesar. Al consumirlos, el comepecados asumía espiritualmente esas faltas, permitiendo que el fallecido descansara en paz, mientras él cargaba con ese peso moral.

Esta tradición tuvo lugar principalmente en Gales y en las regiones fronterizas con Inglaterra. Existen referencias desde el siglo XVII y la práctica sobrevivió, aunque de forma cada vez más esporádica, hasta bien entrado el siglo XIX. Aunque hoy pueda parecer una simple superstición, para muchas comunidades rurales representaba una forma de aliviar el temor a una muerte sin absolución.

Comepecados, un oficio de la Edad Media

Quienes ejercían este oficio solían pertenecer a los sectores más pobres de la sociedad. Vivían aislados, en los márgenes de las aldeas, y arrastraban una reputación tan sombría como el trabajo que desempeñaban. Paradójicamente, mientras liberaban al muerto de su carga espiritual, ellos quedaban asociados a los pecados ajenos, convertidos en figuras temidas y despreciadas.

El ritual era sencillo, aunque profundamente inquietante. Cuando alguien fallecía, la familia llamaba al comepecados de la zona. Sobre el pecho del difunto se colocaba un trozo de pan (a veces acompañado de un plato con sal) y el comepecados pronunciaba una breve fórmula antes de comerlo y beber un poco de cerveza o vino. Se creía que el pan había absorbido los pecados que el fallecido no había confesado y que, al ingerirlo, el oficiante asumía esa carga espiritual. Como compensación recibía unas monedas, algo de comida y, en ocasiones, una jarra extra de bebida, según recoge National Geographic.

Uno de los testimonios más conocidos sobre esta práctica fue recogido en 1852 por el anticuario Matthew Moggridge ante la Cambrian Archaeological Association. Su relato describe con detalle la presencia de la sal y el pan sobre el cadáver, las palabras rituales y el pago recibido por el comepecados. Sin embargo, lo más revelador es el trato que recibía después: aunque su intervención era considerada necesaria para asegurar el descanso del difunto, la comunidad lo evitaba y lo marginaba. Era aceptado únicamente cuando hacía falta, pero nunca como un miembro más del pueblo.

El libro de 1926 Funeral Customs («Costumbres funerarias»), de Bertram S. Puckle, menciona a un comepecados: «El profesor Evans, del colegio presbiteriano Carmarthen, vio realmente a un comepecados alrededor del año 1825, el cual vivía entonces cerca de Llanwenog, Cardiganshire. Aborrecido por los supersticiosos aldeanos como algo sucio, el propio comepecados se abstuvo de cualquier intercambio social con sus congéneres debido a la vida que había elegido; vivió solo en un lugar remoto, y aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerlo lo evitaron como harían con un leproso. Se asociaba a este desgraciado con los espíritus malignos, inclinado a la brujería, conjuros y prácticas impías; solo lo buscaban cuando tenía lugar una muerte y, tras cumplir su cometido, quemaban el cuenco de madera y el plato de los cuales había comido los alimentos que le habían acercado o colocado sobre el cadáver para su consumo».

La figura del comepecados estuvo presente principalmente en algunas regiones de Gales, las zonas fronterizas de Inglaterra e incluso en ciertos puntos de Escocia. Aunque las referencias más fiables datan del siglo XVII, algunos historiadores consideran que la tradición nació en la Edad Media. Este oficio, tan peculiar como inquietante, sobrevivió hasta finales del siglo XIX.

Otros oficios medievales

  • Armero. Era el artesano encargado de fabricar y reparar armaduras, cascos, escudos y otras piezas defensivas.
  • Barbero. Además de cortar el cabello y afeitar, realizaba sangrías, extraía dientes, vendaba heridas e incluso practicaba pequeñas intervenciones quirúrgicas cuando no había un médico disponible.
  • Campanero o fundidor de campanas. Especializado en la fundición del bronce, fabricaba las campanas que marcaban el ritmo cotidiano de ciudades y monasteriosPregonero. El pregonero era el encargado de difundir públicamente las órdenes, noticias y disposiciones emitidas por las autoridades locales o por la Corona
  • Escriba. Antes de la imprenta, los escribas copiaban documentos, libros y contratos a mano.
  • Pregonero. El pregonero era el encargado de difundir públicamente las órdenes, noticias y disposiciones emitidas por las autoridades locales o por la Corona.
  • Molinero. Administraba el molino donde los campesinos llevaban el grano para convertirlo en harina.
  • Heraldo. El heraldo era un funcionario al servicio de la nobleza y de la Corona, especializado en heráldica, genealogía y protocolo. Su misión consistía en identificar los escudos de armas de caballeros y linajes, organizar ceremonias, anunciar torneos y actuar como mensajero oficial entre reinos o ejércitos.

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