La higiene en la historia: mitos y realidades
Entre las curiosidades que tenemos en torno a la historia está el tema de la higiene. ¿Cómo era la higiene a lo largo de la historia?
Acto de lavarse y bañarse
En el Renacimiento español se bañaban una vez al año
La higiene en el siglo de oro español
Cuando se habla de higiene en la historia, casi todo el mundo se imagina lo mismo: gente del pasado oliendo fatal, sin ducharse jamás y viviendo rodeado de suciedad. Es una imagen muy típica, muy repetida… y bastante injusta. La realidad es que la higiene no ha sido siempre igual, pero tampoco fue un desastre constante. Más bien fue cambiando según lo que la gente sabía, lo que creía y lo que podía hacer con los medios que tenía. Para empezar, eso de que en la Antigüedad nadie se lavaba es falso.
Las etapas de la higiene en la historia
En lugares como el Antiguo Egipto, la limpieza era algo súper importante. Bañarse a diario era normal, se usaban aceites, perfumes y ungüentos, y la depilación no era solo por estética, sino por higiene y religión. Para ellos, estar limpio era casi una obligación moral. Vamos, que iban bastante más arreglados de lo que solemos pensar.
Los griegos tampoco se quedaron atrás. Su obsesión con el cuerpo y el deporte hacía que cuidaran mucho la higiene. No usaban jabón como el nuestro, pero se limpiaban con aceites y luego se rascaban la piel con una herramienta llamada estrígil para quitar sudor y suciedad. Puede sonar raro hoy, pero en su contexto funcionaba.
Y si hablamos de higiene “a lo grande”, los romanos se llevan el premio. Las termas públicas eran parte de la vida diaria. No solo ibas a lavarte, ibas a socializar, charlar, relajarte… incluso hacer negocios. El agua llegaba gracias a los acueductos y bañarse era algo normal para mucha gente. Eso sí, visto con mentalidad actual, no todo era tan limpio: se compartían utensilios y nadie tenía ni idea de lo que eran las bacterias.
La Edad Media
Luego llega la famosa Edad Media, que siempre se pinta como la época más sucia de la historia. Pero aquí hay mucha exageración. Es verdad que tras la caída del Imperio romano se perdieron infraestructuras y el acceso al agua empeoró en algunas zonas. Aún así, la gente no dejó de lavarse por completo. Existían baños públicos, se hacía jabón con grasas y cenizas, y la higiene seguía estando presente, aunque no como antes.
Otro mito típico es que en la Edad Media la gente tenía miedo al agua. En parte es cierto, pero no del todo. En algunos momentos se pensaba que el agua caliente abría los poros y facilitaba enfermedades. Eso hizo que el baño completo fuera menos frecuente, pero no que desapareciera la higiene.
Lavarse por partes, usar paños húmedos y, sobre todo, cambiarse de ropa interior con frecuencia era lo normal. De hecho, la ropa jugaba un papel clave. Para mucha gente, ponerse ropa limpia equivalía a “estar limpio”. Puede parecernos raro hoy, pero dentro de su lógica tenía sentido. No era dejadez, era adaptación.
Por fin la Edad Moderna
En la Edad Moderna, la cosa se vuelve aún más curiosa. Aparece la idea de que bañarse demasiado podía ser peligroso, sobre todo después de grandes epidemias como la peste. Por eso, en algunas zonas, el baño perdió popularidad. ¿Significa eso que la gente iba completamente sucia? No. Simplemente cambió la forma de cuidarse. Se usaban perfumes, polvos,lavados parciales y se daba mucha importancia a la apariencia exterior, especialmente entre las clases altas.
Aquí nace otro tópico: que la gente solo se echaba perfume para tapar el mal olor. En realidad, el perfume no sustituía totalmente a la higiene, sino que formaba parte de ella, según las creencias de la época. El gran giro llega en el siglo XIX, cuando la ciencia entra en juego de verdad. El descubrimiento de los gérmenes cambia completamente las reglas. Las gentes de la época empezaron a entender, y lo hicieron por vez primera en la historia, que la suciedad puede causar enfermedades. Y entonces comienzan sistemas de alcantarillado, idean cómo llevar el agua corriente a las casas y otras reglas de higiene pública.
Muchas de las cosas que hoy vemos como “normales” nacen en este período. Eso sí, pensar que hoy lo hacemos todo perfecto también es un mito. Tenemos más recursos que nunca, pero abusamos de productos químicos, generamos resistencias bacterianas y todavía hay muchísimas zonas del mundo sin acceso a agua potable. Además, algunas ideas antiguas, como no desperdiciar recursos o no sobre limpiar todo, hoy vuelven a valorarse desde un punto de vista más sostenible.
A modo de conclusión
En definitiva, la historia de la higiene no es una línea recta que va de “asqueroso” a “impoluto”. Es más bien un camino lleno de pruebas, errores, miedos y avances. Muchas épocas del pasado fueron más limpias de lo que creíamos, y muchas decisiones lógicas tenían dentro de su contexto. Al final, cada sociedad hizo lo que pudo con lo que sabía. Y visto así, la historia de la higiene es mucho más interesante (y menos repugnante) de lo que parece.
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