Historia
Descubrimientos arqueológicos

Estupefacción sin límite entre los arqueólogos: el 19% de los bustos del Imperio romano en España son en realidad esculturas recicladas de otros emperadores

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La maquinaria de propaganda del Imperio romano utilizaba las estatuas para extender la imagen de sus líderes hasta los rincones más alejados. Los ciudadanos de las provincias conocían el rostro de su máximo mandatario gracias a estas obras repartidas por foros y basílicas.

Pero la realidad física de estos majestuosos mármoles oculta un enorme engaño. Investigaciones recientes evidencian que los talleres locales modificaban con frecuencia las cabezas originales para adaptarlas a los nuevos inquilinos del trono sin tener que tallar una pieza completa desde cero. ¿Era vagancia o había algo mucho más profundo detrás?

Inédito: los bustos del Imperio romano en Hispania ocultan caras recicladas

Las investigadoras italianas Francesca Bologna y Raffaella Bucolo han publicado un estudio minucioso y rompedor en la prestigiosa revista Journal of Roman Archaeology. Su exhaustivo trabajo repasa con lupa un catálogo exacto de 2028 retratos imperiales esculpidos entre el año 27 antes de Cristo y el año 285.

Y desde luego, el recuento definitivo de las piezas ha dejado boquiabiertos a todos los académicos europeos. Mientras que en Asia Menor la tasa de manipulación artística apenas llega al 5%, los pujantes talleres de Hispania ganan por goleada con un aplastante 19% de obras totalmente manipuladas.

¡Es más! Incluso en la propia ciudad de Roma, el gran epicentro cultural y político del mundo antiguo, la cifra oficial se queda en un moderado 11%.

La península ibérica lidera así este curioso ranking de reciclaje artístico a gran escala sin apenas competencia a nivel continental.

El estudio fue abordado por las universidades de Verona y Edimburgo y está enmarcado en el proyecto europeo RESP (The Roman Emperor Seen from the Provinces).

No era vagancia: se ahorraban costes y había escasez de materiales nobles

En el contexto del Imperio romano, el motivo principal para modificar drásticamente una cabeza de mármol responde a necesidades puramente logísticas y financieras.

Importar pesados bloques de piedra blanca de altísima calidad desde las lejanas canteras italianas o griegas costaba una verdadera fortuna a las maltrechas administraciones provinciales hispanas.

Tallar un bloque nuevo en blanco exige muchos meses de trabajo meticuloso por parte de un artesano experto. Reutilizar la efigie de un gobernante ya fallecido y limar sus facciones para dibujar el peinado del sucesor reduce drásticamente la abultada factura final del exigente encargo.

Los escultores hispanos alcanzaron una pericia técnica francamente envidiable en estas delicadas labores de camuflaje.

Muchas piezas fuertemente retocadas pasan perfectamente por obras originales a ojos de un espectador inexperto, y solo un análisis milimétrico de las proporciones craneales podría delatar el astuto engaño histórico.

La «damnatio memoriae» o en otras palabras, el borrado absoluto del enemigo en el Imperio romano

Más allá del simple ahorro financiero, el reciclaje escultórico suponía una herramienta política implacable y muy directa. Cuando el Senado declaraba la temida damnatio memoriae sobre un dirigente asesinado o apartado del poder, la estricta ley exigía la destrucción completa de todas sus imágenes públicas.

Personajes funestos como Nerón, Calígula o Domiciano sufrieron esta condena institucional extrema en sus propias carnes. En lugar de romper las valiosas piezas a golpes de martillo, los ágiles artistas provinciales las reconvertían velozmente en el retrato del nuevo soberano para escenificar el ansiado cambio de régimen.

Los afilados cinceles borraban literalmente la existencia visual del predecesor para moldear encima las virtudes estéticas del victorioso vencedor.

Esta elaborada estrategia mandaba a las calles un claro mensaje de máximo poder y de dominación política absoluta para controlar a las agitadas masas.

Así era el traspaso de virtudes y legitimación del poder en la Antigua Roma

El proceso totalmente inverso también resultaba muy frecuente en los atareados talleres de la época. A veces, las altas autoridades elegían modificar la estatua de un emperador muy querido para representar a un candidato nuevo con fuertes problemas de aceptación popular o excesiva debilidad militar.

Esta curiosa transferencia de memoria, conocida en los textos clásicos como translatio memoriae, buscaba un efecto psicológico directo. El objetivo pasaba por heredar de manera visual el aura de éxito y probada rectitud del monarca anterior directamente sobre las inexpertas facciones del actual gobernante.

Como apunte final para comprender esta dinámica, el emperador Augusto ostenta hoy el récord absoluto de supervivencia estética. Su extenso reinado fundacional fijó unos moldes de propaganda política tan perfectos y duraderos que más de 250 retratos suyos han llegado completamente intactos a la actualidad.

Un desafío moderno para los historiadores del arte

¿Por qué no se dieron cuenta antes? Pensarán muchos. Pero hay que señalar que detectar estas manipulaciones no resulta una tarea sencilla para los arqueólogos del siglo actual.

Las herramientas tecnológicas de última generación han permitido escanear los bustos en tres dimensiones para buscar leves asimetrías en las orejas o hundimientos anormales en la zona de las sienes.

El mármol recortado pierde volumen respecto a las proporciones anatómicas correctas de una cabeza humana estándar. Los expertos buscan la falta de profundidad en las cuencas oculares y el cuello excesivamente delgado para confirmar que la pieza ha pasado por un segundo proceso de cincelado.

Es así como el hallazgo de la gran cantidad de obras hispanas manipuladas abre una puerta a futuras investigaciones en otros rincones periféricos. Los directores de diversos museos provinciales revisan de nuevo sus inventarios privados para descubrir si sus preciados tesoros de época esconden caras de antiguos dictadores defenestrados.