¿Cómo entrenaban las legiones romanas?
El triunfo de las legiones romanas en el campo de batalla se debía, entre otras cosas, al entrenamiento duro y exigente al que eran sometidos. ¿Cómo entrenaban?
Organización del ejército romano
Mejor general del ejército romano
Campañas militares de Julio César
La victoria de las legiones romanas no solo fue resultado de su estrategia, también del rudo entrenamiento de sus soldados. El adiestramiento de los reclutas romanos era lo más parecido a batallas sin derramamiento de sangre y los combates eran como “sangrientos entrenamientos”. El ejercicio diario era, en efecto, la razón por la que los legionarios romanos soportaban con facilidad el agotamiento de las batallas. Pero, ¿cómo entrenaban las legiones romanas?
Los primeros entrenamientos de las legiones romanas
La principal característica de la legión romana fue sin duda su resistencia física y fortaleza cardiovascular. De hecho, durante los primeros días de su reclutamiento, se les obligaba a trotar 20, 30 hasta 50 kilómetros alrededor del campamento, siempre de forma progresiva. En un principio, sin carga y posteriormente con el equipo de armadura militar completo.
Tanto novatos como veteranos, debían llevar a cabo largas caminatas portando un peso de hasta 30 kilos cada tres meses. Este entrenamiento les permitía prepararse en caso de que tuvieran que recorrer más de 38 kilómetros en un solo día y montar un campamento al caer la noche. Unido a las largas caminatas, debían realizar ejercicios tan rudos como saltar, talar árboles y completar circuitos con obstáculos, llevando sus armas y la armadura puesta. Los oficiales también practicaban natación y equitación, según los historiadores.
Formaciones, paso marcado y manejo de armas
Uno de los entrenamientos claves para el ejército romano era el de a correr en formación, siguiendo el paso de los demás soldados del bloque. De esta forma, serían capaces de avanzar a un mismo ritmo frente al enemigo. También eran adiestrados para aprender todos y cada uno de los movimientos militares que pondrían en práctica en el campo de batalla.
Los soldados debían aprendían a adoptar formaciones específicas para enfrentarse a cada enemigo. La formación tortuga o “testudo” era la más popular, y consistía en colocar los escudos unidos por encima de las cabezas y por los flancos para crear una protección improvisada frente a un lanzamiento de flechas, piedras o lanzas.
El siguiente ejercicio era el dominio de las armas, para el cual ejecutaban entrenamientos de fuerza. Para el manejo de la espada y el escudo, por ejemplo, debían golpear sin cesar una estaca de madera de aproximadamente 1,82 metros, utilizando armas de madera que pesaban más de lo usual. Este fuerte ejercicio les ayudaba a fortalecer los músculos y prepararse para el combate cuerpo a cuerpo.
El pilum, un ejercicio similar al lanzamiento de jabalina, también formaba parte de este tipo de entrenamiento. El mismo se dividía en dos partes. La primera consistía en aprender a lanzarlo y la segunda en recibirlo.
Estos son los ejercicios que llevó a los legendarios a convertirse en auténticas máquinas de matar y al Imperio Romano a dominar todo el mundo conocido en aquella época.
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