Historia
Francisco de Goya

El aquelarre de Goya: historia y significado del cuadro más oscuro del pintor

El aquelarre de Goya: historia, significado y contexto del cuadro más oscuro y enigmático del pintor.

¿Qué hay detrás de las pinturas negras de Goya?

La pintura negra, de Goya

Fascinación por el horror en la obra de Goya

  • Francisco María
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Entre las obras del genial pintor español Francisco de Goya, hay un grupo que destaca por su pesimismo y fuerza brutal: las Pinturas negras. El Aquelarre (también conocido como El Gran Cabrón) es quizás la más inquietante de todas.

Esta obra fue una explosión personal de angustia. La pintó directamente en las paredes de su propia casa. Goya estaba viejo, sordo y profundamente desencantado con el mundo.

El contexto

Para 1820 Goya era un hombre de más de 70 años. Estaba completamente sordo desde hacía décadas y esto lo aislaba del mundo. Había vivido la sangrienta Guerra de la Independencia contra Napoleón, de la que dejó testimonio en sus famosos grabados Los Desastres de la Guerra.

Tras la guerra volvió al poder el rey Fernando VII, quien restauró un gobierno absolutista y represivo, persiguiendo a los liberales e intelectuales. Para Goya, que había simpatizado con las ideas de la Ilustración, esto fue una gran decepción.

Enfermo y cansado, compró una casa a las afueras de Madrid, conocida como la “Quinta del sordo”. Fue en las paredes de esta casa donde, sin que nadie se lo pidiera y solo para sí mismo, Goya pintó una serie de 14 escenas tremendamente oscuras y violentas: las Pinturas negras. El Aquelarre decoraba la planta baja.

Descripción de la obra

La escena representa un aquelarre, es decir, una reunión de brujas y brujos para adorar al diablo. En el centro, presidiendo el ritual, aparece una enorme y oscura figura: un macho cabrío con grandes cuernos (el “gran cabrón”).

Alrededor de él hay una multitud de figuras se agolpan. Sus rostros están deformados, grotescos, con expresiones de terror, sumisión o estupor. Son seres que inspiran miedo y repulsión. Algunas de estas figuras parecen monjes o beatas, lo cual es una crítica a la hipocresía religiosa.

A la derecha, un poco apartada, hay una joven vestida de negro con una mantilla. Mientras todos miran al demonio, ella parece mirar hacia fuera del cuadro, hacia nosotros. Su expresión es difícil de descifrar: podría ser miedo, resistencia o una triste aceptación.

El fondo es un paisaje desolado, bajo un cielo nocturno iluminado por una luna pálida. Goya usó una paleta de colores sucios: negros, ocres, grises y tierras. La pincelada es rápida y empastada. Creó una atmósfera opresiva y casi táctil.

El significado

El Aquelarre es una poderosa alegoría del triunfo de la irracionalidad. Suele interpretarse en tres perspectivas.

Crítica a la superstición y el fanatismo

Desde joven, Goya había criticado la superstición y la ignorancia. En esta obra, el “gran cabrón” podría representar todas las fuerzas oscuras que dominan a las masas: la superstición, el fanatismo religioso de la Inquisición (que aún existía) y la manipulación del pueblo a través del miedo.

Un reflejo de la España de su tiempo

Tras la guerra y bajo el gobierno represor de Fernando VII, Goya veía una sociedad aterrorizada, sumisa y envuelta en una oscuridad intelectual. La multitud podría ser un símbolo de esa sociedad española que, en su opinión, había renunciado a la luz de la razón.

Expresión de su estado de ánimo

También es un grito personal. La obra transmite la angustia, la soledad y la pesadilla de un hombre mayor, enfermo y decepcionado. Es como si Goya hubiera pintado sus propios miedos y monstruos interiores directamente en la pared.

El legado de las Pinturas negras

Goya nunca pensó que alguien fuera a ver estas pinturas. Tras su muerte, la casa cambió de dueños y, a finales del siglo XIX, las pinturas fueron arrancadas de las paredes y trasladadas a lienzo para salvarlas. Finalmente, fueron donadas al Museo del Prado de Madrid, donde hoy se pueden ver.

El impacto de estas obras, especialmente de El Aquelarre, ha sido enorme. Goya, con su pincelada libre, sus temas atrevidos y su exploración de la locura y el subconsciente, se adelantó a su tiempo. Es considerado un precursor del arte moderno.

Estas obras en principio no estaban pensadas para mostrarse al público: Goya las pintó directamente sobre las paredes de su propia vivienda, la Quinta del Sordo, lo que acentúa su carácter íntimo, casi secreto, y perturbador.

Un mundo oscuro y desgarrado

Estas pinturas desprenden una sensación constante de inquietud y desasosiego. Goya recurrió a una gama de colores apagados, dominada por negros, ocres, marrones y grises, con contrastes muy marcados entre luces y sombras. Las figuras humanas aparecen distorsionadas, con cuerpos torcidos y rostros que transmiten miedo, violencia o locura. No hay intención de embellecer la realidad: todo resulta áspero, incómodo y brutalmente honesto.

Los temas que aparecen son tan perturbadores como su apariencia visual. Se repiten escenas de brujería, superstición, violencia extrema, muerte y pérdida de la razón. Saturno devorando a su hijo es quizá la imagen más impactante: un dios convertido en una criatura salvaje que devora un cuerpo humano con una expresión desquiciada. En Duelo a garrotazos, dos hombres se golpean con furia, atrapados hasta las rodillas en la tierra, como si la violencia fuera inevitable. Otras escenas, como El aquelarre o La romería de San Isidro, muestran grupos de personajes deformes que parecen participar en rituales absurdos y siniestros.

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