Una víctima de la ‘okupación’: «Isabel Díaz Ayuso es la única que habla de este drama»
Montse Pérez Llamas se fue de vacaciones a Cádiz y, al regresar, se encontró con su vivienda 'okupada'. Ella es de Barcelona pero, advierte, existen miles de casos en toda España. "Son mafias", explica.
La polémica generada por las declaraciones de la candidata del PP a la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en las que advertía a los propietarios del riesgo de que su vivienda acabe ‘okupada’, encuentra su reflejo en la realidad que día a día viven miles de familias en toda España.
«Un día de estos os vais de vacaciones y cuando volváis, porque consideran que la casa está vacía, se la dan a sus amigos okupas», afirmó este lunes la candidata ‘popular’ en un mitin en el municipio madrileño de Las Rozas. La frase ha sido ridiculizada desde la izquierda política, calificándola de exagerada.
La historia de Montse Pérez Llamas es una de las tantas que pueden encontrarse en todo el país. Personas que conviven con el drama de ver cómo, de la noche a la mañana, su propiedad privada es ocupada por desconocidos. Ni políticos, ni Fuerzas de Seguridad ni Justicia les protegen. Una lucha incansable que, en muchos casos, termina en enfermedades psiquiátricas y desenlaces trágicos.
Montse trabaja en una agencia de publicidad y comunicación en Barcelona, dedicada al sector de la peluquería y la estética. Un trabajo estable, que, hace diez años, le permitió dar el paso de cumplir uno de sus sueños: comprarse una casa con piscina, cerca del mar. Una vivienda de lujo, valorada en casi medio millón de euros, que se podía permitir y cuya hipoteca afrontó en solitario.
Hace un año, y tras regresar de unas vacaciones en Cádiz, se encuentra con lo inesperado. Su casa ha sido ‘okupada’. Los nuevos inquilinos, además, no son desconocidos. Montse recuerda perfectamente sus caras de coincidir con ellos en una cafetería cercana a su domicilio, la misma que solía frecuentar antes de ir a trabajar. «Habíamos coincidido tomando café. Son mafias», explica.
«Cuando volví, me encontré con que mi cerradura estaba cambiada. No podía acceder a mi casa. Y mi vida está dentro. Mi intimidad y mi dignidad», sigue.
«La Ley del Menor lo tira todo para atrás»
Montse vive ahora en casa de sus padres, pero sigue pagando su hipoteca, el IBI, el seguro, los gastos de comunidad… En total, la factura mensual asciende a 1.300 euros. Ella gana 1.500. «Estoy arruinada, pido ayuda a mi familia y tengo la suerte de que me pueden respaldar en esto. Pero no puedo hacer nada más. Soy una ciudadana que paga mis impuestos, trabajo, no tengo delitos ni antecedentes. ¿Dónde está la Justicia?», se pregunta.
En varias ocasiones ha recurrido a los juzgados. Pero siempre se encuentra con el mismo panorama desolador.
«La Ley del Menor lo tira todo para atrás, porque ellos tienen dos hijos pequeños y yo no. Pero ellos son los que se han ido a vivir a una zona de lujo, y, encima, me amenazan a mí. Me han denunciado asegurando que yo voy en contra de sus hijos», exclama. «Y eso es lo peor, las amenazas constantes», insiste Montse, quien, antes de acudir a los jueces, lo intentó con grupos contra la ‘okupación’. También sin éxito. «Llevo gastados unos 15.0000 euros. Suerte que tengo a mi madre. Tengo un trabajo, me levanto a las cinco y media de la mañana todos los días, tengo un puesto… y vivo en un cubículo mientras sigo pagando mi casa. Ellos han conseguido cambiar la cerradura, ¿cómo es posible? Les corté la luz y el agua y se han hecho con un contrato, ¿dónde está la Justicia aquí?», cuenta.
Una situación que, lamentablemente, no es aislada. «Soy una víctima más de lo que está pasando en toda España… Me consta que hay gente con depresiones. Algunos incluso han dejado que se lleven su casa. Pero a mí no me da la gana, seguiré peleando por ella», avisa Montse.
Por ello, respalda plenamente las declaraciones de Díaz Ayuso, la única candidata a las elecciones locales del próximo 26 de mayo, opina, que «está poniendo este drama encima de la mesa». «Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, va a favor de los ‘okupas’», critica, «Los mossos sólo te contestan «Somos gente de paz», y se niegan a derribar una puerta. Estoy de acuerdo en que todo el mundo tiene derecho a una vivienda digna, ¿Pero tiene que ser mi casa?».
Y para ilustrar mejor el drama de su caso añade: «Sufrí un carcinoma y tras la operación debo llevar un aparato que para funcionar necesita de una pieza que está dentro de mi casa y que tengo que tener. No ha habido forma de entrar, y, si lo hago, estoy cometiendo un delito: allanamiento de morada. Sólo quiero lo mío».
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