El Magreb pasa despercibido en las elecciones del 28-A
Argelia, que atraviesa una profunda crisis política cuyos resultados aún permanecen inciertos, siendo el principal suministrador de gas a España por su ribera sur, ha estado ausente de los debates políticos de la campaña. Sin embargo, tanto el Estado como los poderes económicos siguen con preocupación la evolución de la crisis en Argelia.
La dimisión forzada, y sin ninguna explicación, del presidente de la empresa estatal monopolística de hidrocarburos, Sonatrach, Abdel Mumen Uld Kadur, ha generado inquietud. Uld Kadur, con un perfil de ejecutivo estatal proclive a reforzar las relaciones con Occidente, Estados Unidos en particular, pero igualmente España, ha sido sustituido por el director de producción de Sonatrach, Rachid Hachichi. En contra de Uld Kadur cuenta su lugar de nacimiento. Originario de Tlemcen, en el extremo oeste argelino, era considerado como miembro del ‘clan pro-Buteflika’ de altos funcionarios del Estado nativos de la misma región del expresidente defenestrado.
Aunque no hay ningún indicio de que Sonatrach cambie su política de exportaciones y de asociación con las multinacionales energéticas que operan en Argelia, entre ellas Repsol y Cepsa, las turbulencias en la cúpula de la empresa, verdadero ‘Estado dentro del Estado’ como lo consideran los analistas, pueden afectar sensiblemente al mercado y por lo tanto a las exportaciones.
Incertidumbre
Más inquietante es aún si cabe la incertidumbre de la viabilidad del actual Gobierno, presidido por el exministro del Interior, Nuredin Bedui, y rechazado sin contemplaciones por el movimiento popular de rebeldía Hirak que lleva dos meses manifestándose en todo el país y que exige cambios radicales. Razón por la cual los ministerios que se relacionan mas con las grandes empresas españolas, Energía, Trabajos Públicos, Infraestructuras, Transportes, Hidráulica o Agricultura, se encuentran prácticamente en stand by. Las empresas españolas lo observan con cierta desconfianza.
Por parte argelina, sin embargo, el resultado electoral en España, no parece inquietar a los poderes públicos. Cualquiera sea la coalición destinada a gobernar España en los próximos años, el poder argelino – el civil que simboliza la presidencia interina de Abdelkader Bensalah, o el militar, verdadera osatura del edificio estatal del país magrebí -, cuenta con que el Ejecutivo español mantendrá sus compromisos económicos y comerciales, y su alianza estratégica con Argel para garantizar la seguridad en el Mediterráneo Occidental.
No obstante, determinados temas, como la posición española en relación con el conflicto del Sahara, o las medidas para controlar e impedir la inmigración ilegal incontrolada, pueden varias según la futura coalición de gobierno. Si sale adelante la alianza PSOE-Podemos con el apoyo imprescindible de nacionalistas y soberanistas, Argelia puede sentirse más complacida, que si lo hace el centroderecha, que se muestra más exigente en cuestiones migratorias.
La carta marroquí
A diferencia de su vecino del este, Marruecos ha estado mas presente en los debates electorales, aun sin ocupar un lugar de árbitro. La ‘carta marroquí’ ha sido hábilmente jugada por algunas formaciones, como Vox en el caso de la inmigración ilegal y de los ‘jóvenes inmigrantes indocumentados’, o como Unidas Podemos, la nebulosa nucleada en torno a Pablo Iglesias, con el tema del conflicto del Sáhara. El líder de la formación de la izquierda populista radical llegó a declarar que si él llega al gobierno “reconocerá la República Árabe Saharaui Democrática” proclamada por el Frente Polisario en el desierto de Tinduf en Argelia, lo que iría en contra de la posición de la Unión Europea e incluso de las Naciones Unidas, que no reconocen a la “RASD”, sino simplemente al movimiento Polisario como parte beligerante en el conflicto. Si bien nadie ha otorgado la más mínima seriedad a los propósitos de Iglesias, el hecho de que un candidato a la presidencia del Gobierno emita tales ideas, ha generado algo más que inquietud.
Como para rebajar la tensión en el asunto, el portavoz de la formación de Iglesias para cuestiones internacionales, Dina Busselham, se ha limitado a declarar que en caso de participar en el futuro Gobierno, su formación pondrá “la cuestión de los derechos humanos” en primera línea en las relaciones entre España y Marruecos; lo cual parece como si fuera una amenaza, pero en realidad repite una cuestión de principio para la Unión Europea y por ende para España, en relación a los derechos y libertades en las relaciones internacionales. De cualquier manera, Dina Busselham, que es vista con reserva dentro del mismo del movimiento Podemos, manifiesta ideas que forman parte de movimientos de izquierda marroquíes, incluso del Partido de Autenticidad y Modernidad (PAM), creado por el consejero real Fuad Ali el Himma, y del que formó parte en su estancia en París y Bruselas.
Si la afirmación de Iglesias sobre la “RASD” era una declaración de ruptura, la de Dina Busselham es de continuidad con cierto acento de exigencia, nada más.
Argel y Rabat observan, pues, el 28-A con cautela no exenta de inquietud. Las relaciones estructurales y de alianza estratégica de España con ambos países está asegurada, pero su aplicación práctica y la Hoja de ruta de la política exterior de Madrid podría conocer modificaciones.
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