Los inmigrantes ilegales hacen sus necesidades junto al mar porque los baños del campamento del puerto de Ceuta no funcionan

Vertidos fecales al mar en Ceuta: sin aseos operativos, el campamento usa las escolleras del puerto

También se puede ver cómo los habitantes del campamento orinan en una de las fachadas del depósito del Banco de Alimentos

El campamento del muelle de Poniente dispone de 36 inodoros sin servicio para 1.700 personas, casi uno por cada 50

Exigen transparencia sobre la evacuación de aguas residuales del campamento para inmigrantes de Ceuta

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Los inmigrantes del campamento levantado en el puerto de Ceuta hacen sus necesidades fisiológicas directamente sobre las escolleras del muelle, los bloques de piedra y hormigón que se adentran en el mar. El motivo, según las informaciones trasladadas a OKGREEN, es simple: los aseos del recinto no funcionan.

La instalación, habilitada por el Gobierno en el muelle de Poniente, ofrece 1.700 plazas y cuenta con apenas 36 inodoros. La falta de servicios operativos empuja a parte de sus ocupantes a orinar y defecar en el borde del puerto, con vertidos de residuos humanos que acaban en el medio marino.

Según las imágenes recabadas y publicadas por el diario local, El Pueblo de Ceuta, también se puede ver cómo los habitantes del campamento orinan en una de las fachadas del depósito del Banco de Alimentos ubicado en el mismo recinto.

Un inodoro por cada 47 personas

La cifra retrata por sí sola el problema: 36 retretes para 1.700 personas equivalen a un aparato por cada 47, casi uno por cada 50. Es una dotación que queda muy por debajo de lo exigible para un dispositivo de estas dimensiones y con estancias prolongadas. Sin embargo, no están en marcha.

La norma UNE-EN 16194, que regula las cabinas sanitarias móviles, y las recomendaciones del Ministerio de Sanidad para instalaciones temporales marcan umbrales mínimos de higiene que el emplazamiento no alcanza. Los estándares internacionales para contextos de alta densidad de población apuntan en la misma dirección.

El manual de referencia humanitaria, el Proyecto Esfera, fija un máximo de 20 personas por aseo, una cifra que sólo se relaja hasta 50 en la fase aguda e inicial de una emergencia. El campamento del puerto, con casi 50 personas por inodoro, se mueve en el peor de esos escenarios pese a llevar semanas en marcha.

Vertidos directos al mar

Las escolleras son las estructuras de defensa costera hechas con grandes bloques de piedra o cemento que protegen los muelles y los canales de navegación. Convertidas en improvisado retrete, canalizan los excrementos hacia el agua, en una zona de dominio público marítimo especialmente sensible.

La Asociación DAUBMA, que ejerce funciones de vigilancia ambiental en la ciudad autónoma, asegura haber verificado incluso la existencia de una canalización provisional que evacuaba aguas residuales hacia esas mismas escolleras. La conducción, según su relato, fue retirada una vez que su existencia se hizo pública.

La retirada, sin embargo, no ha despejado las dudas. A día de hoy no existe información oficial sobre cómo se recogen, transportan y tratan las aguas residuales del recinto, ni constancia de depósitos estancos ni de una empresa autorizada conforme al Real Decreto 1290/2012.

Qué llega al agua

El vertido de excrementos al mar no es sólo una cuestión de imagen. La materia fecal introduce en el agua bacterias como Escherichia coli y enterococos intestinales, los indicadores que se emplean en todo el mundo para medir la contaminación de origen fecal en las zonas de baño.

Esos microorganismos pueden provocar infecciones gastrointestinales, respiratorias y cutáneas en quienes entran en contacto con el agua. La exposición directa a un medio contaminado dispara los casos de enfermedades asociadas, sobre todo en aguas cálidas y poco renovadas como las del interior de un puerto.

El impacto no se limita a los bañistas. La contaminación fecal difusa deteriora la calidad del agua, altera la fauna del litoral y compromete la salubridad de un tramo de costa de uso público, según advierten los especialistas y la propia denuncia ambiental.

Un vertido prohibido por ley

La legislación es tajante. La Ley 22/1988 de Costas considera el vertido no autorizado de aguas residuales al dominio público marítimo-terrestre una conducta sancionable, con multas que en las infracciones leves pueden alcanzar los 60.000 euros y cuantías muy superiores en los casos graves.

El puerto de Ceuta, además, es un puerto de interés general gestionado por su Autoridad Portuaria bajo el paraguas de Puertos del Estado. Sus aguas y sus escolleras son dominio público portuario, un espacio en el que la ley obliga a prevenir y combatir la contaminación.

El texto refundido de la Ley de Puertos del Estado y de la Marina Mercante (Real Decreto Legislativo 2/2011) dedica un título específico al medioambiente y otro al régimen sancionador, con infracciones que van de leves a muy graves para quienes ensucian o dañan el recinto portuario.

Hasta 2.250 euros de multa

A la normativa estatal se suma la municipal. La Ordenanza de Limpieza Pública y Gestión de Residuos de Ceuta prohíbe ensuciar la vía pública y obliga a limpiar de inmediato cualquier zona manchada, también cuando alguien orina o defeca en un espacio de uso común.

No es un supuesto teórico: la Consejería de Medio Ambiente ha impuesto este mismo año sanciones que superan los 2.250 euros por incumplir esa ordenanza. El régimen ceutí sitúa este tipo de conductas entre las más reprochables en materia de higiene urbana.

El marco se completa con la Ley 33/2011 General de Salud Pública y la Ley 26/2007 de Responsabilidad Medioambiental, que obligan a la Administración a garantizar tanto la salubridad como la reparación de los daños causados al entorno.

Preguntas sin respuesta

Amparada en la Ley 27/2006 de acceso a la información ambiental, DAUBMA reclama una evaluación ambiental independiente del campamento y la documentación que acredite la gestión de las aguas residuales. La asociación denuncia que no ha recibido respuesta ni fecha de inspección.

Este medio ha trasladado la cuestión a Puertos del Estado para conocer su posición sobre los vertidos detectados en el recinto portuario y las medidas previstas. La información sigue recabándose y se actualizará en cuanto haya respuesta oficial.

El foco ambiental se cruza con el de fondo: el campamento del puerto ofrece 1.700 plazas para las cerca de 13.000 personas en situación irregular que permanecen en Ceuta. Una capacidad desbordada que, sin aseos suficientes, acaba pagando el propio litoral de la ciudad.