Exteriores dice que es un «shock» que el líder del DAESH en el Sahel sea un saharaui

Sahel Daesh
Vista general de los campamentos saharauis.

El director General de Política Exterior y de Seguridad del Ministerio de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, Fidel Sendagorta, ha afirmado este martes que para él ha sido un «shock» que el líder del «DAESH saheliano» –el grupo terrorista Estado Islámico en el Gran Sahara– «sea un saharaui procedente de los campamentos», Adnan Abu Walid al Saharaui. También lo es, ha dicho, que «hayan reclutado abundantemente en esa cantera».

Sendagorta ha relatado que él conocía a los saharauis de cuando él estuvo destinado en Cuba y éstos «iban allí a formarse». Tenían, ha dicho, una «ideología nacionalista y si acaso socialista» del tercer mundo pero «nunca había habido una derivada ideológica islamista, ni mucho menos yihadista». «Esto es un fenómeno que nos debe inquietar porque ya se acerca mucho a nuestro mundo cultural estratégico», ha dicho.

Así se ha expresado en su intervención en la clausura del 8º Foro Elcano sobre Terrorismo Global, en el que ha señalado que ese ha sido «uno de los shocks principales» que ha tenido al volver a dedicarse a asuntos de seguridad, 10 años después de otra etapa en la que viajaba frecuentemente a la región.

Sendagorta ha pedido a Elcano un esfuerzo en dos ámbitos: para tratar de comprender por qué «ha brotado la ideología yihadista que era ajena a estos países» y para lo que ha dicho «no tener respuesta» y para formar expertos en la región.

Hace 10 años, ha dicho, el terrorismo en el Sahel era «un desbordamiento del fenómeno terrorista en Argelia», los líderes eran argelinos y el fenómeno se extendía por tribus árabes y algunas tuaregs.

La «explosión» del fenómeno, ha opinado, comenzó con la caída del régimen de Muamar Gadafi en Libia. Es más, cree que esa «operación malhadada» fue «uno de los grandes errores estratégicos» que han cometido Europa y también Estados Unidos.

Sendagorta ha relatado que él estaba como embajador en Egipto y que, en su última entrevista de trabajo, el presidente Abdulfatah Al Sisi «echó un rapapolvo» a los embajadores europeos. «Ustedes desmontaron el régimen que había allí (en Libia), bueno o malo, hicieron las maletas y nos dejaron un caos que ahora nos afecta a todos los países de la zona», ha resumido sus palabras.

¿Implicación de la OTAN?

Por otro lado, ha explicado que está estudiando cómo extender al Sahel las «buenas prácticas de lucha contra el Daesh en Irak y Siria», en ámbito como la recogida de pruebas para el proceso penal, la vigilancia de fronteras o la financiación del terrorismo, aunque no hay decisiones aún.

Del mismo modo, ha avanzado que en la reunión ministerial que la OTAN celebrará los días 1 y 2 de diciembre es estudiará cómo puede la Alianza apoyar los esfuerzos en la región, aportando valor añadido y sin duplicar esfuerzos, por ejemplo en ámbitos como la inteligencia, en transporte aéreo o el entrenamiento.

Sendagorta ha reconocido que el terrorismo en el Sahel ha tenido un crecimiento exponencial, con 4.500 personas asesinadas el año pasado, frente a las 1.300 de un año antes.

Y además, es un fenómeno que no afecta solo a los cinco países del Sahel (Chad, Burkina Faso, Malí, Níger y Mauritania) sino a Togo, Benin, Senegal, Costa de Marfil y Nigeria y en el este del continente Mozambique se enfrenta a «un desafío yihadista gravísimo».

«Nos encontramos con un fenómeno de escala continental», ha señalado, si bien ha reconocido que España deberá centrarse en el Sahel. Allí, ha señalado, el principal problema es la «debilidad de los Estados» y por eso ha destacado la importancia de proyectos como el GAR-SI que lidera la Guardia Civil, para contribuir «no ya a fortalecer el Estado sino a que exista».

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