El dramático testimonio de un policía nacional jubilado: «Subsisto con una pensión mísera tras 44 años jugándome la vida»
"Un guardia urbano de Barcelona cobra de pensión 600 euros más al mes que yo"
"Mi pensión no es mucho mayor que la de alguien que prácticamente no haya trabajado y cotizado a lo largo de su vida"

Domingo Miguel Lozano cumplirá 71 años en septiembre. Lleva poco más de cinco jubilado, tras 44 de servicio activo ininterrumpido en la Policía Nacional. Aguantó hasta el último día en primera línea como policía básico, la escala en la que ingresó en el cuerpo en 1977. Fue el número 1 de su promoción. Su brillante ingreso le facilitó elegir destino, su Salamanca natal, y esbozaba una prometedora carrera, pero optó por no promocionar. Su mujer –también de Salamanca– prefirió seguir viviendo en la ciudad natal de ambos, primer y único destino geográfico de Domingo. Él sacrificó su carrera de buen grado, consciente de que ascender le forzaría a encarar una vida de traslados. Hoy cuida de su mujer, que el mismo año que él se jubiló (2021) sufrió un crítico episodio cardiovascular que le ha dejado severas secuelas. Pese a estar también gravemente enfermo, su pensión no le da, ni de lejos, para pagar una cuidadora que les ayude.
«Subsistimos míseramente con la pensión que me quedó tras 44 años de servicio, 44 años de jugarme la vida día a día», relata a OKDIARIO. Ha puesto rostro y voz a la vergonzosa situación de miles y miles de policías nacionales jubilados que sufrieron durante su vida laboral la discriminación salarial con policías autonómicos y municipales, y que ahora padecen las consecuencias de pensiones cortas, alejadísimas de las que cobran agentes jubilados de la Ertzaina o los Mossos, cuerpos a los que el Gobierno nutre con cientos de millones de euros extra al calor de sus pactos con el independentismo.
«¿Cuánto cobra de pensión?», le preguntamos. «Prefiero no decir la cifra», responde. «¿Llega a 2.000 euros?», le repreguntamos. «No llega ni de lejos a 2.000 euros, ¡qué va, ni por asomo! –responde–, el importe no es muy superior al que puede percibir un pensionista que prácticamente no haya trabajado o cotizado a lo largo de su vida». Dicho de otra forma: comparativamente, sale muchísimo más a cuenta una pensión no contributiva que cobrar la jubilación de nuestro interlocutor cotizando durante 44 años como policía nacional.
Domingo Miguel Lozano es el protagonista de un vídeo que se ha hecho viral en redes sociales. En él llama a la participación «masiva» en la concentración convocada para el próximo 18 de abril en la madrileña Puerta del Sol para exigir la equiparación salarial de los policías nacionales a los cuerpos autonómicos, la consiguiente asimilación de las jubilaciones y que el trabajo de policía nacional –como el de guardias civiles– tenga la catalogación oficial de profesión de riesgo que el Ministerio del Interior se empeña en no reconocer. La concentración ha sido convocada por los sindicatos policiales Jusapol, Jucil y Jupol, a los que se han unido el CSIF y la agrupación de militares ATME y las asociaciones Nuestro Corazón por Bandera y Policías Siglo XXI.
«Son reivindicaciones de justicia absoluta, de sentido común, de elemental dignidad profesional», subraya Domingo Miguel Lozano. Es nieto de guardia civil, hijo de un agente de la Policía Armada –el antecedente de la Policía Nacional, a la que su padre también perteneció cuando se reconvirtió el anterior cuerpo–, padre de dos policías nacionales y suegro de una policía nacional. Sabe de qué habla. «Como no quiero que la jubilación de mis hijos y de los demás compañeros en activo sea tan miserable e indecente como la mía, os convoco para que acudáis en masa el próximo 18 de abril a las 12:00 horas a la Puerta del Sol», relata en el vídeo que se ha hecho viral en las redes sociales.
Casi medio siglo de servicio activo
En la conversación que mantiene con OKDIARIO le preguntamos por lo que fue su vida de policía nacional durante 44 años. Nos la relata con orgullo, porque orgulloso se siente de haber cumplido «con honor, con dedicación y con sacrificio». La mayor parte de su carrera policial la desempeñó como agente de investigación y de Policía Judicial, en primera línea y con una dificultad añadida, la de «intervenir de paisano ante los malos, ante delincuentes a menudo muy peligrosos enseñándoles la placa, sin la ventaja de ir uniformado, que siempre impone más y tiene un efecto disuasorio». Desempeñó con agrado funciones de superior categoría, pero retributivamente lo más que logró por ello fue algún complemento salarial que no le ha computado a la hora de calcular su pensión de jubilación.
Padeció décadas del sanguinario terrorismo de ETA, «todos los días mirando debajo del coche, revisando que no tuvieras señales en tu coche, en el buzón o en la puerta de tu casa, mirando al volver las esquinas para cerciorarte de que nadie te seguía o vigilaba…».
Él, que sabe en primera persona lo que es afrontar el riesgo cotidiano, considera «una broma de muy mal gusto que no se reconozca a la Policía Nacional como profesión de riesgo». «Me ha tocado actuar en atracos, desarmando y reduciendo a delincuentes armados, ¿y eso no es profesión de riesgo?». Relata cómo su esposa, durante el casi medio siglo que él ejerció de policía nacional, «era consciente de que cuando me iba a trabajar y me daba un beso no sabía si iba a verme volver, porque sabía de los peligros a los que nos enfrentábamos, los mismos a los que se siguen enfrentando los compañeros que están en activo».
Agravio salarial y de pensiones
Él pudo haberse jubilado con 55 años, pero la pensión que le iba a quedar se lo impidió, «como a tantos y tantos compañeros míos». Así que aguantó hasta cumplir los 65 años. Cuando dejó de estar en activo perdió de un mes para otro «no menos de 700 euros», la diferencia entre el sueldo que cobraba y la pensión que pasó a percibir. Y 700 euros a descontar de una retribución de por sí modesta, son muchos euros. Si se hubiera jubilado anticipadamente, el hachazo hubiera sido todavía mayor, «imposible para hacer frente a los gastos elementales del hogar, hipoteca incluida».
Ahora, nos cuenta, como jubilado cobra 600 euros menos que un guardia urbano de Barcelona también jubilado y de escala profesional equivalente a la suya. «En comparación con un mosso, la diferencia supongo que será todavía mayor», apunta con acierto.
Llamamiento a la ciudadanía
«A menudo, cuando a lo largo de nuestra carrera como policías nacionales nos mejoran los salarios, lo hacen con complementos retributivos en vez de mejorando nuestro salario base, lo que hace que luego no compute en las pensiones de jubilación».
Con todo este panorama, y con su testimonio de viva voz, Domingo Miguel Lozano considera que «luchar por la equiparación salarial de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado respecto a las policías autonómicas es de justicia elemental, tan de justicia y de interés social como para que el día 18, para defender estas reivindicaciones, no sólo se llene la Puerta del Sol de policías nacionales sino de ciudadanos en general». Está convencido de que así será. Él también estará allí.