Durante su intervención en la apertura del curso de verano de la UPV/EHU, ‘Humanizar la prisión: esperanza y reto para el modelo penitenciario vasco’, celebrado en el Palacio Miramar de Donostia, la consejera San José justificó la organización del evento destacando que el modelo penitenciario estaba en un momento decisivo, tras haber asumido la competencia integral sobre la gestión de las prisiones.
Insistió en que, aunque resultara difícil recordar la tragedia más reciente, Euskadi había logrado poner fin a ETA. No obstante, recordó que las «secuelas del dolor seguían presentes en las víctimas», que no olvidaban, y en los propios asesinos, que continuaban cumpliendo sus condenas impuestas por los tribunales, «con todas las garantías de sus derechos».
Según sus palabras, «el verdadero desafío consistía en que cuando los etarras salgan de prisión», salieran con arrepentimiento, empatía hacia sus víctimas, y con la voluntad de reintegrarse a la sociedad con los mismos derechos y obligaciones que el resto. Sin embargo, advirtió que esto no siempre ocurría.
«Que reconozcan el daño»
San José reiteró su compromiso, asegurando que, aunque los presos de ETA saldrían de prisión cuando correspondiera, «no cesarían en intentar que lo hicieran reconociendo el daño causado». Expresó su deseo de que, al igual que el resto de la población reclusa, también ellos pudieran ser preparados para reintegrarse a una Euskadi plural y cohesionada, que había resistido al proyecto político que intentaron imponer mediante el terror.
Por último, la consejera aclaró que las personas condenadas por terrorismo representaban apenas el 10% del total de la población reclusa en Euskadi. Aseguró que el Departamento de Justicia y Derechos Humanos velaría de manera equitativa por los derechos de todos los presos, en colaboración con otras administraciones.
Afirmó que «la definición del modelo penitenciario estaba íntimamente relacionada con la definición de la sociedad que Euskadi aspiraba a ser», y señaló que, a pesar de la tragedia del terrorismo, Euskadi se había construido como una sociedad integradora, que no abandona a nadie y garantiza los derechos de todas las personas, tanto de quienes viven en libertad como de quienes cumplen condena.
San José subrayó que el nuevo Departamento de Justicia y Derechos Humanos tenía la responsabilidad de hacer valer esos derechos y de tomar decisiones para lograrlos. En este sentido, remarcó que la gestión penitenciaria era un «reto de inteligencia, prudencia, sensibilidad y compromiso», ya que todas las personas presas eventualmente salen de prisión.