¿En qué consiste la obsolescencia?
La obsolescencia hace referencia a la aparición de una innovación que permite funcionar con una mayor productividad y obtener, así, un mayor margen en el producto.
Cualquier activo, solamente al utilizarse una sola vez, ya pierde valor. Cuando la compañía adquiere un elemento, determina la vida útil estimada de éste. Es decir, calcula durante cuántos años se podrá utilizar en el proceso productivo.
Del mismo modo, a medida que pasa el tiempo, el activo pierde valor. El concepto que explica esta caída de valor es la amortización, que se contabiliza como un gasto en la cuenta de resultados. Existen distintas formas de fijar esta caída en el valor: de acuerdo con las horas de uso, tiempo que ha pasado… Esta pérdida, además, puede ser constante (la misma cada año) o no (cada año será de un valor distinto).
Esta pérdida acumulada se encuentra reflejada en el balance de situación en las distintas cuentas de amortización acumulada. Se colocan en negativo debajo del elemento correspondiente. En caso de que, al acabar la vida útil, aún fuera posible vender el activo a algún precio, se contabilizaría un valor residual.
¿Qué es la obsolescencia?
Otro concepto que hace referencia a la pérdida de valor de un activo es la llamada obsolescencia. En este caso, el descenso no se produce como consecuencia del uso del elemento, sino por la aparición de una innovación que permite funcionar con una mayor productividad y obtener, así, un mayor margen en el producto.
¿Cómo hacer frente a la obsolescencia?
Antes de realizar una inversión en un activo, que implica el uso de una considerable cantidad de recursos propios o endeudarse, la empresa debe de estudiar si habrá un retorno. Si se trata de una innovación que se espera que no tenga una réplica en muchos años en el mercado, sí puede ser preferible la compra. Ahora bien, si la compañía se encuentra en un sector muy dinámico donde constantemente aparecen mejoras que son necesarias de incorporar en el proceso, entonces una mejor opción sería realizar un arrendamiento. En ese sentido, se puede escoger entre dos opciones: leasing y renting.
En el primer caso, al finalizar el tiempo de alquiler, existe la opción de compra. Del precio final, se descuentan las cuotas que se han afrontado. En el renting, en cambio, tal opción no existe: o se renueva el arrendamiento o se deja de utilizar el elemento. En este caso, pero, dentro de la cuota mensual, se incluyen los servicios de reparación, mantenimiento y el seguro. Por ese motivo, el importe mensual es superior al leasing.
Si, una vez adquirido el elemento, aparece una mejora antes de lo previsto, entonces solo quedan dos opciones: intentar añadir alguna mejora al elemento disponible para que llegue al nivel de la novedad o cargar una pérdida respecto a lo previsto y afrontar la inversión.
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