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¿Pueden despedirme por llegar tarde o usar el móvil en el trabajo? El abogado laboralista Daniel Villalba responde

Llegar tarde al trabajo le puede pasar a cualquier trabajador, de la misma manera que usar el móvil en la jornada laboral para por ejemplo, atender una llamada urgente, puede suceder. Por norma general cuando se dan este tipo de situaciones no suele pasar nada, pero cuando se repite, la duda aparece: ¿puede la empresa despedirme por esto?. Se han dado casos en los que sí puede ocurrir, aunque por otro lado, no son los únicos motivos de despido más habituales según lo explicado por un abogado laboralista.

El que te despidan porque llegas tarde a tu puesto de trabajo o porque uses el móvil, no es algo tan directo. Cierto es que en el entorno laboral hay conductas que pueden acabar en despido, pero no todo vale ni se puede hacer de cualquier manera. De hecho, uno de los errores más comunes es pensar que basta con tener un motivo para que el despido sea válido. Para aclararlo todo, el abogado laboralista Daniel Villalba ha puesto el foco en este tema a través de una publicación de Linkedin y lanza un aviso claro: el problema no suele ser la causa, sino cómo se demuestra. Y ahí es donde muchas empresas fallan.

¿Pueden despedirme por llegar tarde o usar el móvil en el trabajo?

El despido por llegar tarde o por usar el móvil en el trabajo es algo que puede ocurrir, aunque habría que matizarlo. No basta con un hecho aislado ni con una situación puntual. En el caso de la impuntualidad, por ejemplo, la empresa tiene que demostrar que los retrasos son reiterados y relevantes. Llegar tarde un día no justifica un despido, pero hacerlo de forma constante durante semanas o meses puede cambiar completamente la situación. Y en el caso del móvil, pasa algo similar ya que mirarlo vez en cuando no suele tener consecuencias, pero un uso excesivo que afecte al trabajo o incumpla normas internas sí puede acabar en sanción, incluso en despido si se acredita correctamente.

No basta con tener un motivo sino que hay que probarlo

Uno de los puntos en los que insiste Villalba es que muchas empresas cometen el mismo error: creen que con señalar el problema es suficiente, pero lo cierto es que no lo es. La empresa tiene que demostrar qué ha pasado, cuándo ha pasado y por qué eso justifica el despido. No vale con explicaciones genéricas. Además, la carta de despido debe ser clara y detallada. El trabajador tiene que poder entender exactamente qué hechos se le atribuyen. Si no es así, el despido puede ser impugnado y acabar siendo improcedente.

Los motivos de despido más habituales y cómo deben justificarse

Más allá de los casos más comentados, como llegar tarde o usar el móvil, existen otros motivos habituales de despido que, según Villalba, deben justificarse siempre de forma rigurosa. Uno de ellos es el bajo rendimiento. En este caso, la empresa tiene que demostrar que es voluntario, continuado y claramente inferior a lo esperado o pactado. No basta con una percepción.

Las faltas de respeto o comportamientos graves también pueden acabar en despido, pero deben acreditarse con detalle, incluyendo qué ocurrió exactamente y cuál fue su impacto en el entorno laboral. Otro caso habitual son las ausencias injustificadas. Aquí la clave está en probar que el trabajador faltó, que no justificó esas ausencias y que existe cierta repetición.

En situaciones más delicadas, como el consumo de alcohol o drogas, no basta con sospechas. Tiene que demostrarse que afecta al desempeño o supone un riesgo. Luego están los despidos por causas económicas. En estos casos, la empresa debe acreditar pérdidas reales o dificultades que justifiquen la medida y explicarlo claramente en la carta.

Algo parecido ocurre con la automatización del puesto. Si una empresa decide prescindir de un trabajador porque sus funciones pasan a ser realizadas por máquinas o sistemas, debe demostrar que ese cambio es real. Y luego hay otros supuestos más específicos, como no superar el periodo de prueba, donde basta con comunicarlo dentro del plazo establecido, o el abandono del puesto de trabajo, que debe acreditarse demostrando la ausencia y la falta de intención de volver.

Cuando el problema es cómo se hace el despido

Hay un punto clave que destaca el abogado y es que muchos despidos terminan siendo improcedentes no porque no haya motivo, sino porque están mal hechos. Puede faltar prueba, puede que la explicación sea insuficiente o que la sanción sea desproporcionada. Y eso es suficiente para que el despido no se sostenga. En esos casos, la empresa puede verse obligada a indemnizar al trabajador o incluso a readmitirlo.

Por eso, la idea es bastante clara: despedir se puede, pero hacerlo mal puede salir caro. No basta con tener una razón, sino que la clave está en demostrarla y explicarla bien. En definitiva, llegar tarde o usar el móvil puede acabar en despido, pero sólo si se dan ciertas condiciones ya que no tiene que ver únicamente con lo que hace el trabajador, sino en si la empresa puede probarlo y justificarlo correctamente.