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La opinión de una Argentina: «Pensaba que sería igual, pero al llegar a España descubrí que los hombres visten de una forma muy distinta»

Argentina España hombres visten
Blanca Espada

Mudarse a otro país siempre trae sorpresas, pero no todas tienen que ver con el idioma o la comida. A veces las encontramos en los detalles más cotidianos como el hecho vestirse. Es lo que le ocurrió a la periodista argentina Francisca Bieule cuando llegó a Madrid hace tres años. No fue la siesta ni los horarios lo que más le llamó la atención, sino algo mucho más inesperado: la forma en la que visten los hombres.

Tal y como cuenta en Esquire España, empezó a notarlo nada más caminar por la ciudad. «Me di cuenta de algo que no pensé que iba a ser una diferencia tan drástica», explica en su reportaje sobre el choque que tuvo entre el estilo argentino y el español, o en concreto, el madrileño. Desde su punto de vista, la estética masculina en nuestro país es muy distinta a la de Argentina, tanto por el tipo de ropa como por la manera de combinarla. Sin embargo, lejos de verlo como algo negativo, lo describe como algo curioso aunque reconoce que hay detalles que le sorprendieron especialmente, sobre todo por lo presentes que están en el día a día.

Las diferencias estilísticas entre Argentina y España

Uno de los primeros contrastes que señala tiene que ver con los pantalones. En España, dice, es habitual ver chinos beis o blancos en prácticamente cualquier situación. «Se utilizan para todo», comenta, desde planes informales hasta ocasiones más arregladas. Eso es precisamente lo que le chocó ya que en su experiencia en Buenos Aires, ese tipo de pantalón se asocia a un estilo más formal. Allí, según explica, lo habitual son cortes más amplios: «El baggy, oversized o los pantalones rectos sueltos triunfan».

Por eso, encontrarse con prendas más ajustadas en gente de todas las edades le llamó la atención. «No sólo siguen vivos, sino prosperando» señala, destacando que no es algo puntual, sino bastante generalizado.

Las camisas: lo que más le sorprendió al llegar a Madrid

Entre todas las diferencias que fue detectando, hay una que le llamó especialmente la atención: el uso de las camisas. No porque no existan en Argentina, sino por la frecuencia con la que las ve en España y, sobre todo, en qué contextos. «A mí lo que me asombra es la frecuencia con la que las usan y cómo las llevan», explica. Según cuenta, en Madrid es habitual ver a hombres combinando camisa con pantalón chino, cinturón y zapatos incluso en planes completamente informales. «Todo esto para un sábado tomando cerveza con amigos», apunta, dejando claro que es justo ese contraste lo que le resulta curioso.

 

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De hecho, insiste en la diferencia cultural: «En Argentina las camisas son algo formal». No es que no se utilicen, pero sí aparecen más tarde y en situaciones específicas. «Mis primos no empezaron a usar camisas hasta los veinte o veinticinco años», añade.

Marcas que se repiten más de lo esperado

Otro detalle que le llamó la atención es la presencia constante de ciertas marcas. «Creo que no hay chico en Madrid que no haya tenido una de estas camisetas», comenta en referencia a algunas firmas muy concretas. Según explica, en muchos casos se repiten los mismos logos en camisetas, sudaderas o jerséis, algo que no veía con tanta frecuencia en Argentina. Allí, asegura, el estilo suele ser más variado y menos uniforme. Este aspecto le resulta curioso porque, en teoría, la intención de estas prendas es destacar. Sin embargo, cuando se repiten tanto, ocurre justo lo contrario: «Es difícil cumplir con esa intención», apunta.

 

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Tonos neutros frente a más color

El color es otro de los puntos donde más nota la diferencia. En Madrid, según su percepción, predominan claramente los tonos neutros: beis, blanco, azul o marrón. En cambio, en Buenos Aires el uso del color es mucho más habitual. «Nos encanta incluir color en nuestro día a día», explica, en parte por la influencia de la ropa vintage o incluso de las camisetas de fútbol, muy presentes en Argentina. Por eso, ver a grupos de personas con estilos y colores muy similares le resulta llamativo. No lo critica, pero sí reconoce que le sorprende esa homogeneidad frente a lo que está acostumbrada.

Una diferencia que va más allá de la ropa

Más allá de cada prenda concreta, lo que subraya es que la forma de vestir refleja también una manera de vivir. No es solo estética, sino costumbre. En su caso, lo resume de forma sencilla: pensaba que sería algo parecido, pero no lo fue. Y precisamente ahí está lo interesante. En descubrir que incluso en algo tan cotidiano como la ropa hay diferencias culturales que no se ven hasta que se viven en primera persona.

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