El euro se convierte en la moneda perdedora por la guerra de Irán
El 'shock' energético derivado de la guerra penaliza a las economías importadoras como el euro
La elevada dependencia de determinadas monedas a las importaciones de petróleo y gas las hace especialmente vulnerables a un shock energético derivado del cierre del Estrecho de Ormuz.
En este sentido, los expertos de Ebury sitúan al euro, el won surcoreano, la rupia india y el baht tailandés entre las monedas más perjudicadas por la prolongación de la guerra en Irán, en un contexto marcado por el encarecimiento de la energía y el aumento de la aversión al riesgo.
En el caso del euro, la exposición es particularmente significativa. La eurozona afronta el conflicto con bajos niveles de reservas de gas y una fuerte dependencia de proveedores externos.
A corto plazo el euro puede seguir siendo la gran perdedora si el mercado interpreta que Europa concentra el daño real del shock: más factura energética, menos crecimiento y más fragilidad externa.
El fin de la guerra de la vuelta al euro
Manuel Pinto, analista de mercados, ve en el euro un futuro más favorable. Si hubiera una desescalada o una paz relativamente rápida, como parece descontarse estos últimos días, el mercado podría empezar a mirar más allá del shock inmediato.
En ese caso, Pinto considera que el euro tendría alivio cíclico, pero también podría reanudarse una tendencia más estructural: un dólar menos fuerte si Estados Unidos entra en una fase de mayor estímulo, más gasto por la guerra, más déficit y más deuda, y además pierde parte del soporte que le daban los ingresos arancelarios.
Pese a los mensajes de un posible alto al fuego, la realidad actual está marcada por la acción militar estadounidense en Irán. Que aumenta el riesgo de un conflicto más prolongado en Ucrania, pues los recursos militares de Estados Unidos podrían desviarse de este conflicto hacia Oriente Medio.
Las monedas asiáticas replican al euro
Por otro lado, la exposición de Europa a la inflación del petróleo importado significa que los mercados han aumentado agresivamente sus apuestas a favor de tipos más altos del BCE y, al menos hasta el momento, están más que presupuestados por completo dos recortes completos antes de que termine el año.
Este patrón se extiende a las divisas de Asia y, en particular, en el won surcoreano, la rupia india y el baht tailandés. Todas ellas destacan por su elevada exposición al crudo que transita por el Estrecho de Ormuz.
El encarecimiento del petróleo actúa como un lastre para sus economías, deteriorando sus cuentas externas y aumentando las tensiones inflacionarias, lo que se traduce en una menor resiliencia de sus divisas.
Ebury también incluye entre las perdedoras a algunas monedas de los países de África Oriental y Austral, cuyas economías que dependen de la región para alrededor del 75% de sus importaciones de combustible. En este grupo se encontrarían el rand sudafricano, el kwacha zambiano y el chelín ugandés.
En América Latina, las monedas más vulnerables serían el peso chileno, dado que importa casi todo su consumo de petróleo y gas y, en menor medida, el sol peruano, que produce cantidades modestas de petróleo, es un exportador neto de gas natural y tiene cierta capacidad de refinado.
Entre las ganadoras latinas destacan el real brasileño y el peso colombiano, que encuentran apoyo en el aumento de los ingresos derivados de las exportaciones energéticas.
Las monedas ganadoras
Siguiendo al otro lado del charco, Ebury también identifica como principales beneficiarios al dólar estadounidense y al dólar canadiense.
El dólar estadounidense lidera este grupo gracias a su papel como activo refugio en episodios de incertidumbre y al hecho de que Estados Unidos es exportador neto de energía, lo que le permite beneficiarse de un entorno de precios elevados.
A su vez, divisas como el dólar canadiense, la corona noruega o el dólar australiano se ven respaldadas por su condición de grandes exportadores de petróleo y gas, lo que mejora sus términos de intercambio y refuerza sus cuentas externas.
En conjunto, se muestra una clara divergencia en el mercado de divisas. Mientras que las monedas de economías importadoras de energía; como el euro o la rupia india, tienden a depreciarse, las de países exportadores o consideradas refugio, como el dólar estadounidense o la corona noruega, se ven reforzadas en un escenario de conflicto prolongado.
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