¿Cómo ser más competitivos sin reducir personal?
Ante una situación de dificultades en la actividad empresarial, una de las opciones que emprenden las compañías es reducir personal. De esta forma, creen, conseguirán bajar los costes y aumentar su margen. Ahora bien, disminuir la plantilla entraña riesgos que pueden afectar a los ingresos y, por lo tanto, al mismo margen que se quiere mejorar. Son los siguientes:
- Descenso de la calidad: si la empresa mantiene su tamaño pero hay que realizar la misma producción con menos personal, la calidad puede verse afectada.
- Mala imagen a nivel externo: en un contexto como el actual, el público valora positivamente aquellas empresas que mantienen un compromiso con sus trabajadores. Por lo tanto, pueden llegar a penalizar a aquéllas que no lo hagan.
- Infrautilización de recursos: se corre el riesgo de no utilizar a su máximo rendimiento aquellos elementos sobre los cuales se ha realizado una inversión. Por ejemplo, si la compañía ha adquirido una innovación pero no dispone del personal necesario para desarrollarla a su máximo rendimiento, habrá malgastado esta inversión.
- Mal ambiente laboral: en un momento en el cual se habla o se percibe que empezará a haber despidos, es habitual que el ambiente se enrarezca. Entre la plantilla existe el miedo a ser el siguiente. Pueden ocurrir distintos hechos, todos ellos negativos. Para empezar, que se desarrolle una competitividad mal entendida. Es decir, que no se comparta o coopere con otros compañeros para destacar por encima de ellos. Por otro lado, el propio nerviosismo hace más probable cometer algún error.
¿Cómo mejorar la productividad sin reducir personal?
Para evitar estos problemas, existen otras vías para ser más productivos sin necesidad de realizar grandes recortes en personal. Son las siguientes:
- Reducir el tamaño de la empresa: la empresa se centra solamente en aquellas actividades en las que destaca y ofrece un verdadero valor añadido respecto a la competencia. En este caso, la reducción de personal es proporcional a la reducción del tamaño, por lo que no se sobrecarga a los que se quedan.
- Renegociar las condiciones con los proveedores: tanto en términos de coste como condiciones de entrega o plazos de pago.
- Renegociar las condiciones con las entidades financieras: intentar convertir deuda a corto plazo a largo plazo, de forma que se disponga de más efectivo para poder funcionar en el día a día y encarar aquellas mejoras necesarias para mantener la posición en el mercado.
- Reducir el plazo de cobro: renegociar las condiciones con los clientes para conseguir que el plazo de cobro sea inferior al de pago.
- Invertir solamente en lo que aporte valor añadido: hay quien considera un riesgo realizar una inversión en tiempos complejos. Ahora bien, puede ser la única forma para ganar competitividad. Por lo tanto, cualquier inversión que aporte valor tendrá un retorno a medio plazo que ayuda a ser más competitivo.
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