Irene Lozano triste tras su nombramiento: dice que no tendrá tiempo para escribir otra novela
Lozano asegura que sufre una "sensación ambivalente de perdida y logro"
"Desde que yo tengo recuerdo, quería escribir una novela", asegura
La secretaria de Estado de España Global, Irene Lozano, dice estar triste tras su nombramiento porque no tendrá tiempo para escribir otra novela. Así se ha sincerado en la presentación de su primera novela, «Si sufrir fuera sencillo», una historia de amor ambientada en la España de principios de los sesenta que reflexiona acerca de la responsabilidad moral, la culpa y el poder de la tecnología.
Lozano asegura que sufre una «sensación ambivalente de perdida y logro», debido a que no tendrá tiempo para dedicarse a otra novela, no obstante, ha afirmado que lo volverá a hacer, ya que ha sido una «experiencia muy especial».
«Desde que yo tengo recuerdo, quería escribir una novela. Cuando tienes 10 años y quieres ser escritora, no quieres ser ensayista, quieres ser novelista. No obstante, la vida me llevó al ensayo, y he tenido esa espina clavada durante mucho tiempo», ha añadido.
Según ha explicado, «Si sufrir fuera sencillo» nació cuando leyó las cartas del filósofo austriaco Günter Anders dirigidas al piloto americano Claude Eatherly, encargado de realizar el reconocimiento meteorológico sobre Hiroshima antes del bombardeo. Eatherly cometió el error de calcular mal el viento y provocó la caída de la bomba al Hospital Shima en lugar del objetivo real, el puerto Aiai.
«Es una novela sobre la culpa, en la que hay un personaje cuyos sentimientos me interesaron muchísimo porque están relacionados con la tecnología. Además de las cuestiones universales que se presentan, es una obra muy de nuestra época, que abarca cómo la tecnología nos permite hacer cosas que no somos capaces de concebir, como una muerte masiva», ha comentado.
Asimismo, cuenta con «juegos semánticos» a lo largo de su desarrollo, como la presencia de «palabras intraducibles» en su propio idioma y que abren cada capítulo, como es la palabra sueca «Mangata» (reflejo, similar a un camino, de la luna en el agua) o, en el propio castellano, querencia.
«Esto tiene una intención política, ya que hay una corriente de gente que está convencida de que las palabras que tenemos en nuestra lengua determinan nuestra manera ver del mundo y que nos diferencian de otro, cosa que no estoy de acuerdo. Por hablar una lengua diferente, no tienes una visión distinta del mundo, quería reivindicar lo que es común a todos los seres humanos», ha declarado.
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