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Economía
peligran los 'midterms'

La guerra acorrala a Trump: los MAGA le acusan de disparar el precio de la gasolina y se juega Senado y Congreso

El petróleo ya no es sólo geopolítica; llega hasta el surtidor, las expectativas de inflación y las próximas elecciones de EEUU

  • Celia Amayuelas
  • Celia Amayuelas Díaz (Madrid, 1999), periodista y economista con más de 6 años de experiencia en medios digitales, se incorporó a OKDIARIO en 2026 procedente de finanzas.com, 'El Español' y Capital Radio. Puedes contactar conmigo en celia.amayuelas@okdiario.com

El conflicto con Irán lleva meses alterando las rutas mundiales de energía, pero los últimos acontecimientos han abierto un nuevo frente que pone a Trump contra las cuerdas.

Esta semana, los hutíes, respaldados por Irán, han tomado el control de toda la costa yemení del mar Rojo y han intensificado sus ataques contra Arabia Saudí. Al mismo tiempo, el estrecho de Ormuz continúa prácticamente cerrado al tráfico normal y el oleoducto East-West saudí permanece fuera de servicio después de un ataque. 

El oleoducto East-West permite transportar petróleo desde los campos del este del país hasta Yanbu, en el mar Rojo, evitando el estrecho de Ormuz. Su interrupción ha obligado a Arabia Saudí a buscar alternativas precisamente cuando las rutas alternativas también están bajo presión.

Si el oleoducto vuelve a funcionar en días o pocas semanas, estaríamos ante un problema logístico grave, pero temporal. Si en cambio la interrupción se prolonga durante un mes, o más, mientras el tráfico por Ormuz permanece en mínimos, el problema cambia de naturaleza. En este sentido, la oferta efectiva disponible para el mercado internacional empezaría a reducirse de forma más persistente.

Vuelta a la tensión en Ormuz

Entre tanto, Ormuz sigue siendo el gran punto de presión. Medios estadounidenses señalan que el miércoles sólo tres buques comerciales atravesaron el estrecho, frente a 12 el día anterior y una media de unos 17 en los diez días anteriores.

Como consecuencia directa, el Brent ha llegado a superar los 108 dólares y el precio minorista medio del diésel en EEUU ha alcanzado un nuevo máximo histórico, cerca de los 6,40 dólares por galón. En Europa también se están registrando máximos en los futuros del gasóleo.

Ante este contexto, Antonio Castelo, analista de iBroker, señala que existe un shock energético relevante, aunque todavía no necesariamente uno capaz por sí solo de provocar una recesión mundial. La diferencia, explica, estará fundamentalmente en cuánto subirán los precios y, sobre todo, cuánto tiempo permanecerán elevados.

Su escenario marca varios umbrales; con un Brent entre 100 y 110 dólares durante unas semanas, el impacto sería principalmente inflacionista y todavía manejable. Si el petróleo se mantiene entre 110 y 130 dólares durante tres a seis meses, el efecto empezaría a trasladarse claramente a la economía con una menor renta real, menor consumo, presión sobre los márgenes empresariales y tipos de interés más altos durante más tiempo.

En este sentido, el escenario que más preocupa a Castelo aparece si el Brent se consolida por encima de 130 dólares durante varios meses, especialmente si al mismo tiempo el diésel continúa en niveles récord. En ese caso, el problema dejaría de ser exclusivamente inflacionista y podría convertirse en una combinación de inflación, endurecimiento monetario y pérdida de crecimiento.

Precisamente en el diésel es donde se puede acelerar esa transmisión. No se trata únicamente de cuánto cuesta llenar el depósito sino que su encarecimiento termina incorporándose a los costes de empresas y productos.

Y ahí, en el precio de la energía, es donde Trump ya no encuentra protección. Además, el encarecimiento de los precios del petróleo afecta directamente a sus ciudadanos, que no están muy contentos. Algo que no le pilla en buen momento al presidente estadounidense, teniendo en cuenta que las elecciones legislativas de noviembre están cada vez más cerca.

Los MAGA se rebelan

Por si fuera poco, el entorno de Trump también se ha rebelado. Comentaristas e influencers vinculados al entorno MAGA están cuestionando si esta política exterior encaja con el principio de «America First».

Mientras tanto, la Casa Blanca no le teme ni a la FED ni a su grupo de fans ricos y sostiene que la intervención está justificada por la necesidad de impedir que Irán desarrolle un arma nuclear y ha argumentado que la Administración busca proteger los activos estadounidenses y mantener el suministro energético mundial.

Así, la discusión dentro de la propia coalición política de Trump no gira únicamente alrededor de la guerra: gira también alrededor de cuánto cuesta la guerra y quién termina pagando ese coste.

Aquí es donde la energía deja de ser una cuestión exterior y entra directamente en la economía estadounidense. Castelo destaca que Estados Unidos está recibiendo el shock por dos vías simultáneas: energía más cara y política monetaria más restrictiva.

El consumidor paga más por gasolina, diésel, transporte y bienes. Y al mismo tiempo, unos tipos más elevados encarecen las hipotecas, los automóviles, las tarjetas de crédito y la financiación empresarial.

El problema para la Reserva Federal es que un shock petrolero no se parece a una recesión convencional. Si la economía se enfría, normalmente existe margen para reducir los tipos. Pero si ese enfriamiento viene acompañado de una subida de la energía, la inflación puede seguir aumentando.

Castelo resume el dilema de forma clara: los bancos centrales no pueden responder al deterioro de la actividad bajando rápidamente los tipos si el mismo shock está elevando simultáneamente la inflación.

El consumidor carga contra Trump

De cara al futuro, el analista considera importante seguir con especial atención al Brent y a cómo evolucionen la gasolina y el diésel. Un Brent por encima de 120 dólares junto a un diésel persistentemente por encima de 6 dólares por galón tendría, según Castelo, un impacto mucho más visible sobre las expectativas de inflación, el consumo y el sentimiento económico. Y eso conecta directamente con noviembre.

No significa que pueda anticiparse un resultado electoral a partir del precio del petróleo. Pero sí significa que la energía se convierte en una variable económica con una visibilidad política extraordinaria.

En definitiva, si el petróleo vuelve hacia los 100 dólares gracias a rutas alternativas, el mercado todavía tiene mecanismos para absorber el golpe. Pero si las rutas alternativas fallan, Ormuz permanece bloqueado, el diésel sigue en máximos y el crudo se mantiene por encima de 120-130 dólares durante meses; el shock dejaría de ser sólo una historia de petróleo y empezaría a convertirse en una historia de crecimiento mundial que al primero que le va a trastocar va a ser al que lo ha provocado.